sábado, 4 de septiembre de 2010

Mentiras contagiosas, de Jorge Volpi

Andaba un día en la FNAC con Juanma Parrondo buscando algún libro que comprarme. "¿Has leído En busca de Klingsor?" me preguntó. "No". "Pues es una lectura obligada para un físico". Le eché un vistazo y parecía una novela policiaca. Como me pareció lectura ligera, apropiada para la época en que estás enfrascado haciendo papers, me lo pillé. Así descubrí a Jorge Volpi. No voy a hablar de En busca de Klingsor, así que no contaré que trata de la investigación de un detective americano a quien encomiendan la misión de descubrir a "Klingsor", nombre en clave del físico que estaba a cargo del la versión nazi del proyecto Manhattan. Lo que sí diré de ese libro es que me sorprendió descubrir en él a un autor con una calidad literaria muy por encima de lo que uno espera en una novela de género (aunque ésta trate de la vida de los padres de la física cuántica), impresión que confirmé tras leer El fin de la locura, segunda parte de la trilogía que ha escrito sobre la historia del siglo XX (la tercera está en mi estantería y espero hablar de ella en este blog).

Un día, curioseando por el blog de Volpi me topé con este título y con un extracto titulado DE PARÁSITOS, MUTACIONES Y PLAGAS. Destaco este fragmento del mismo:
La novela es una de las mutaciones de la ficción. En términos evolutivos, es un conjunto de ideas –de memes– que se transmiten de una mente a otra por medio de la lectura. Una novela no es un libro, ni los caracteres escritos sobre el papel, ni tampoco el significado de esos signos: una novela sólo se completa cuando sus ideas infectan a un lector. En otro sentido, las novelas son algoritmos, procesos que llevan ciegamente de un origen a un resultado, máquinas ciegas que, gracias a la lectura, se tornan capaces de hacer cosas por sí mismas. Las novelas se asemejan a los parásitos: igual que estos, se introducen en el mayor número de mentes posible, con el fin de multiplicarse gracias a los pensamientos, las palabras, las opiniones o los escritos de sus víctimas. La relación entre un lector y una novela se parece a la que surge entre dos simbiontes, esos organismos que extraen beneficios al explotarse mutuamente. No sería difícil medir la eficacia evolutiva de una novela: mientras algunas invaden las mentes de incontables lectores, otras se comportan como parásitos inocuos que mueren a las pocas horas de haber infectado a sus anfitriones, como esas novelas que sólo entretienen y se olvidan.
Ya podéis imaginar por qué, acabada la lectura de este capítulo, me lancé a la busca y captura de este libro, que no fue fácil, porque se trata de una colección de ensayos sobre literatura (sobre ficción en general, pero principalmente sobre novelística) y no es este un género que suela encontrarse con frecuencia en las estanterías de best-sellers. El libro me ha gustado mucho, pero no todos los capítulos son como este. Como en toda colección de ensayos, relatos, cuentos, etc., la calidad de los capítulos es desigual. Por ejemplo, la última parte del libro está dedicada a varios novelistas latinoamericanos. Las opiniones de Volpi (como las de cualquiera) son muy personales, como lo es el gusto literario, así que hay en esos capítulos apreciaciones que no comparto y otras que, simplemente, me parecen aburridas. Pero también tienen pasajes interesantes. Por citar alguno, me hizo gracia el dedicado a García Márquez, titulado El profeta de América Latina. O el de Juan Rulfo, escrito a imitación de Pedro Páramo. Y luego hay en el libro auténticas perlas, como un capítulo titulado Conjetura sobre Cide Hamete, que recoge una charla que le pidieron acerca de las andanzas de El Quijote en América Latina. ¡Es ingeniosamente autorreferente!

La verdad es que el libro es muy original. Se nota que Volpi es físico ;-).