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jueves, 14 de enero de 2016

Fragmentos de Apocalipsis, de Gonzalo Torrente Ballester

Torrente Ballester es uno de los escritores más originales que ha dado este país. En su extensa obra ha experimentado con todo tipo de narrativa, desde el realismo al relato fantástico, pasando por la metaliteratura, la novela histórica, el humor... Varias de sus novelas figuran en mi lista corta. Su trilogía Los gozos y las sombras, concebida como novelón decimonónico pero moderna en su factura —buena parte de la trama se desarrolla en diálogos, al estilo de Niebla, de Unamuno—, está al nivel de La Regenta. Filomeno a mi pesar, la novela con la que ganó el premio Planeta, la novela autobiográfica de un personaje peculiar, me gustó muchísimo. Y me encantó la corta, pero magnífica, Crónica del rey pasmado —incomparablemente mejor que la película, que no es mala. Pero por encima de todo lo que ha escrito y en un lugar muy alto de la novelística en lengua castellana está La saga/fuga de JB, obra desmesurada en todos los sentidos donde incorpora —yo creo que por vez primera en la narrativa española— el género fantástico. Algún verano me animaré a releerla y haré una reseña de ella que hará palidecer cualquier cosa que haya escrito en este blog, porque es muchísimo lo que se puede decir de esa novela singular.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Proyecto XI, de Francesc Blanco

Thriller con aspiraciones de best-seller. Jon Vivaldi, un periodista que elabora un reportaje sobre fraudes paranormales, desaparece investigando uno de los casos. Anna, una amiga suya, decide buscarlo y acaba atrapada en un piso de un edificio que no existe y del que no puede salir, aunque sí puede comunicarse con el exterior. El piso pertenece a Bastian, un individuo capaz de conocer el futuro de la gente hablando con los personajes de los libros. A partir de estos elementos se monta una intriga en la que Anna debe encontrar a Jon usando pistas relacionadas con libros y en la que se mezclan el espacio y el tiempo, la ficción y la realidad y lo divino y lo humano.

jueves, 29 de octubre de 2015

Cuentos breves y extraordinarios, de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares

Ando últimamente un tanto obsesionado con los relatos breves. He leído unas cuantas recopilaciones de ellos y, buscando, buscando, acabé encontrando esta de... ¡nada menos que Borges y Bioy Casares! Soy fan extremo de Borges (como ya he mencionado alguna vez). Quiero decir que me dan ganas de darle una patada en la boca a quien se atreve a proferir cosas como «Borges está sobrevalorado» o alguna otra gilipollez por el estilo. Pero dicho esto, y como lo cortés no quita lo valiente, admito que Borges era muy proclive a la pedantería, rasgo de su carácter que se exacervaba cuando se juntaba con su coleguita Bioy Casares (de quien no tengo demasiado buena opinión: me da la sensación de que Borges manifestaba una profunda admiración por escritores mediocres; quizá otra manifestación más de su pedantería...).

lunes, 11 de mayo de 2015

Hic sunt dracones: Cuentos imposibles, de Tim Pratt

Algunos recordaréis la serie que se emitió en España a mediados de los 90 bajo el título Más allá del límite (Rumbo a lo desconocido en Latinoamérica). Se trataba de un remake de la serie The Outer Limits, que triunfó en los 60 en los Estados Unidos y de la que en los 90 hicieron siete nuevas temporadas. Eran historias de ciencia ficción, pero de una ciencia ficción «al límite de la realidad». Seguían siempre un esquema más o menos similar: en nuestro mundo se producía algún fenómeno que transgredía la realidad, y la historia se construía a partir del modo en que los personajes lidiaban con esa anomalía. Los episodios normalmente terminaba sin que se explicara la anomalía; las historias no tenían personajes profundos, y los finales solían ser sorprendentes, inquietantes o impactantes. Eran entretenimiento en lata, un chicle mental, la versión modernade los cuentos de la abuela... Y estaban bien.

martes, 16 de diciembre de 2014

Los perros del Paraíso, de Abel Posse

Dice Carlos Fuentes que Europa no descubrió América sino que la inventó. Nunca he leído un comentario que revele con más claidad el espíritu de aquella época. A la fascinación de un mundo nuevo, tan diferente del conocido, tan extremo en clima, flora, fauna, tan marciano en la cultura de sus indígenas (extrema a su vez), se le unió el ansia de encontrar un Paraíso en la Tierra. Así lo reflejan tanto las crónicas de las conquistas como los espejismos que las impulsaron (Eldorado, las fuentes de la juventud...). A poco que uno se descuide, las hazañas de los conquistadores se ajustan más al canon del mito que al relato de hechos verídicos.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Los arácnidos, de Félix J. Palma

Por fin he conseguido leer este volumen de relatos de Félix J. Palma, el cuarto en orden cronológico, y el que precede a su última entrega, El menor espectáculo del mundo, con la que yo descubrí la faceta cuentística de este autor. Se publicó en 2003 y fue premiado en el Certamen Iberoamericano de relatos Cortes de Cádiz de ese año. Pese a ello, está decatalogado y es imposible encontrarlo en ninguna librería —de ahí el «por fin»—, aunque  algunos de los relatos contenidos en este libro se pueden encontrar por la web (el caso de Los desprendidos, Morir en tu bañera y otras lamentables casualidades o del que da título al libro), otro par de ellos han aparecido por separado en formato electrónico y otros forman parte de recopilaciones temáticas de relatos de varios autores. Pero el poder de internet es grande y ahora el libro ha salido para siempre del ostracismo al que había quedado condenado.

lunes, 25 de agosto de 2014

El libro de las cosas perdidas, de John Connolly

Decididamente tengo que mejorar mi criterio para elegir libros. En contra de todos los indicios, me dejé convencer por la contraportada de este libro que insiste en que, pese a las apariencias, es una novela para adultos. Y una mierda. Para que os hagáis una idea, la cosa va de un niño inglés, antes de la Segunda Guerra Mundial, a quien se le muere la madre. Aún con el trauma de la reciente orfandad, el padre decide casarse de nuevo. Así que, contra su voluntad, se mudan a una nueva casa, aprovechando, además, que al estar en las afueras, corren menos peligro de ser bombardeados (la guerra ya ha empezado). Para colmo la madrastra le pare un hermanastro. De modo que el niño, fascinado por los cuentos que le contaba su madre, se refugia en sus libros para interaccionar lo menos posible con la nueva familia postiza, a la que odia. Y un buen día decide entrar por una sospechosa grieta en el jardín, que resulta ser... ¡un portal a otro mundo! La entrada se cierra y para poder regresar tiene que localizar al Rey de ese mundo, que al parecer sabe cómo volver gracias a un libro que sólo él puede leer y que se llama (ya lo habéis adivinado) «El libro de las cosas perdidas». Pero resulta que ese mundo es muy chungo, y en su recorrido por él se va topando con historias y personajes parecidos a los de los cuentos infantiles que conoce, sólo que en versión Matanza de Texas.

domingo, 7 de abril de 2013

El vigilante de la salamandra, de Félix J. Palma

Este es un autor del que he hablado en varias ocasiones en este blog. De hecho, con una novela suya (El mapa del tiempo) echó a andar hace casi tres años. De cómo escribe ya he dicho cuanto había que decir en todas esas entradas. De que me gusta no cabe duda a estas alturas, dado que este es el quinto libro suyo que comento en este blog. Sólo recordaré aquí que es, fundamentalmente, un autor de cuentos. Tiene mucha imaginación y una gran habilidad para mezclar realidad y fantasía, elementos ambos que van de coña para escribirlos. Es más: sus novelas, o bien parecen cuentos largos, o bien (como El mapa del tiempo) son varios relatos entrelazados, pero en realidad independientes. A mi juicio, uno de sus libros más logrados (aparte de la mencionada novela, que lo lanzó como autor de éxito) es, precisamente, un libro de relatos: El menor espectáculo del mundo. Tiene en él cuentos memorables. El libro que traigo hoy es, también, un libro de cuentos.

sábado, 3 de noviembre de 2012

A la caza del carnero salvaje, por Haruki Murakami

Este es el tercer libro que me leo de Murakami. Como ya dije en mis dos reseñas anteriores, me gusta Murakami. Tiene una forma de escribir peculiar y las historias son raras donde las haya. Buscando por internet, a esta novela la ponían muy bien y decidí leerla. Su argumento ya es algo rarillo:
Su contraportada: Un desencantado treintañero, superviviente de su propia juventud, tiene con un socio más o menos alcohólico una pequeña agencia de publicidad y traducciones. En una de sus campañas publicitarias ha publicado una fotografía que lo pondrá en el punto de mira de un poderosísimo grupo industrial, verdadero imperio económico y también político. Y a partir de aquí, se verá lanzado a una ardua investigación, digna de las mejores novelas policíacas americanas: antes de un mes debe encontrar el lugar donde fue hecha la fotografía y el animal que aparece en ella. Si no lo hace le convertirán en un paria en su propia sociedad. El lector, junto con el protagonista, se internará en esta búsqueda del carnero mítico que, cuando es mirado por alguien a quien él elige, posee al espectador. Un carnero que –dice la leyenda– se apoderó de Gengis Khan y que tal vez no sea más que la encarnación del poder absoluto.