
¿Debe un escritor publicar todo lo que escribe? Nunca he escrito literatura, pero sí muchos artículos científicos. Si se parecen en algo los dos procesos, entonces la respuesta es NO. La imagen transmitida por el cine hasta la saciedad del escritor que se sienta ante una máquina de escribir con una pila de papel blanco a su izquierda, que introduce una hoja en la máquina y teclea el título, y que introduce la siguiente y empieza a teclear diciendo en voz alta «Capítulo 1. Mike se despertó en el suelo aún dolorido del golpe...», y que tras un fundido a negro se le vuelve a ver tecleando «F I N», sacando la hoja y apilándola en un grueso montón, bien cuadrado, a su derecha, para a continuación estirarse con cara de satisfacción, esa imagen, digo, es una soberbia gilipollez. El proceso de escritura (desde luego de un artículo científico, pero también, estoy seguro, de una novela o un relato... de esta entrada de blog incluso) es mucho más tortuoso. Ni siquiera se empieza por el principio necesariamente, y por supuesto las correcciones, reescrituras y reorganizaciones completas del texto son constantes. Y algo más: mucho de lo que se escribe no sirve para enviarse a publicar. Desde luego yo he escrito mucho más de lo que he publicado. Casi continuamente me hago notas de las ideas que voy teniendo, notas muy elaboradas, muchas de ellas muy interesantes —que podrían publicarse incluso—, pero cuyo único fin es ayudarme a pensar y organizar mis ideas. Con mucha frecuencia poco o nada de ellas va a parar a un artículo y acaba en prensa.