lunes, 29 de junio de 2015

El alienista, Joaquim Maria Machado de Assis

Ya conté que Machado de Assis es autor de una de las novelas más originales que he leído en los últimos tiempos. Expliqué allí que se le puede considerar el «Cervantes brasileño», no sólo porque es probablemente el mayor novelista de ese país, sino porque, de hecho, es el continuador de la tradición cervantina frente al realismo que imperaba en el XIX, una tradición que, paradójicamente, se mantuvo viva gracias a los ingleses y franceses y que pasó a Latinoamérica precisamente a través del único país de habla no hispana. Así que, animado por lo mucho que me gustaron las Memorias póstumas de Blas Cubas, he buscado otras obras de Machado de Assis. No hay mucho publicado en castellano, pero entre lo poco que he entrado estaba este cuento.

El alienista, escrito por la misma época que el Blas Cubas, cuenta la historia de un hombre de ciencia intachable, íntegro como él solo e incorruptible, que pretende averiguar qué es la locura, y para ello consigue que el ayuntamiento de la ciudad en la que vive le habilite una casa para usar de manicomio, en la que va encerrando gente a la que cataloga de loca de acuerdo con la hipótesis que en ese momento esté barajando. La consecuencia es que poco a poco todo el mundo acaba en ella, lo que crea una psicosis que llega a desencadenar una revolución en el pueblo.

El tema de El alienista no es más que una excusa para satirizar la sociedad brasileña de la época. No sólo se ridiculiza la manera de proceder de los que se tienen por hombres de ciencia, sino que el relato acaba dando cera a todo el mundo, mostrando cómo lo que en un principio es un frente común para acabar con las arbitrariedades del loquero, acaba siendo aprovechado por unos y otros en beneficio propio para satisfacer ambiciones privadas o saldar viejas cuentas.

En la mezcla de humor ácido, sátira y visión pesimista del ser humano, El alienista se alinea muy bien con el universo desarrollado en las Memorias póstumas de Blas Cubas. Sin embargo, y no dejando de ser una lectura entretenida, el cuento no está a la altura de la novela. Es verdad que un cuento es un terreno que tiene unas limitaciones especiales, pero tenemos muchos ejemplos brillantes del género que no sólo no desmerecen en la comparación con grandes novelas, sino que, corroborando la opinión de Borges, muchas veces las superan. No es el caso de El alienista, que propone un relato muy clásico con un final previsible.

Resumiendo, una lectura fácil, interesante, pero nada por lo que su autor hubiera pasado a la posteridad.