Mostrando entradas con la etiqueta metaliteratura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta metaliteratura. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de abril de 2016

La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne (trad. de Javier Marías)

De la compleja relación de amor-odio que a lo largo de la historia han mantenido España e Inglaterra —y uno de cuyos más recientes episodios ha sido el «troleo» de ForoCoches— una de las cosas que tenemos que agradecerles es haber salvado para la posteridad la que unánimemente se considera nuestra mejor novela. Porque por mucho que ahora se la venere como la obra maestra de nuestra literatura, la génesis de la novela moderna, la más grande historia jamás escrita, resulta que el Quijote no tuvo en nuestras letras ninguna repercusión. Por sorprendente que nos resulte, el Quijote NO creó escuela. No en España, al menos. La novela de Cervantes empezó a ser leída con curiosidad e interés a raíz de que los románticos la rescataran, intrigados por los elogios que de ella hacían los ingleses. Pero para entonces la novela ya era otra cosa, y la tradición que recogieron nuestros novelistas venía de Francia en la forma del «realismo». Así pues, la anécdota de Borges sobre el Quijote —del que decía que era «una mala traducción» del inglés, la lengua en que lo leyó en su infancia— no carece de cierta justicia.

viernes, 29 de enero de 2016

El imperio de Yegorov, de Manuel Moyano

Una novela de intriga. Unos antropólogos japoneses se aventuran a unas montañas del interior de Papúa-Nueva Guinea para estudiar una tribu muy primitiva que vive allí. Al cabo de unos días, y tras comer un pescado mal cocinado, la única antropóloga del grupo enferma. La cosa se pone muy chunga, hasta que una mujer de la tribu la ve, se alarma y le prepara rápidamente una infusión de una planta local. Milagrosamente la antropóloga se cura. La misteriosa enfermedad y su sorprendente curación van a cambiar el mundo.

Con esta reseña, el dato de que la novela quedó finalista del Premio Herralde (el que ganó Bolaño en su día con Los detectives salvajes) y la promesa de estar narrada a través de documentos de distinta naturaleza (fragmentos de diarios, noticias, cartas, entrevistas grabadas...) me pareció que podría estar bien. Cómo engañan las apariencias...

jueves, 14 de enero de 2016

Fragmentos de Apocalipsis, de Gonzalo Torrente Ballester

Torrente Ballester es uno de los escritores más originales que ha dado este país. En su extensa obra ha experimentado con todo tipo de narrativa, desde el realismo al relato fantástico, pasando por la metaliteratura, la novela histórica, el humor... Varias de sus novelas figuran en mi lista corta. Su trilogía Los gozos y las sombras, concebida como novelón decimonónico pero moderna en su factura —buena parte de la trama se desarrolla en diálogos, al estilo de Niebla, de Unamuno—, está al nivel de La Regenta. Filomeno a mi pesar, la novela con la que ganó el premio Planeta, la novela autobiográfica de un personaje peculiar, me gustó muchísimo. Y me encantó la corta, pero magnífica, Crónica del rey pasmado —incomparablemente mejor que la película, que no es mala. Pero por encima de todo lo que ha escrito y en un lugar muy alto de la novelística en lengua castellana está La saga/fuga de JB, obra desmesurada en todos los sentidos donde incorpora —yo creo que por vez primera en la narrativa española— el género fantástico. Algún verano me animaré a releerla y haré una reseña de ella que hará palidecer cualquier cosa que haya escrito en este blog, porque es muchísimo lo que se puede decir de esa novela singular.

domingo, 7 de junio de 2015

Santa Evita, de Tomás Eloy Martínez

Ya es un tópico decir aquello de que la realidad supera la ficción, pero el tópico adquiere una dimensión especial cuando la realidad se localiza en un país que ha creado una religión en torno a un futbolista... vivo. Santa Evita es una gran novela que explora, de manera metafórica pero no por ello menos profunda, las consecuencias de la irrupción en la historia argentina del personaje que le da título. Porque en Argentina hubo, y sigue habiendo, un antes y un después de Evita y, si me apuráis, me atrevería a sugerir que una buena parte de sus males (males políticos) se deben al «efecto Evita». A veces, en la historia de un país, o incluso del mundo, aparece un personaje que, como el Mulo de Fundación e Imperio, tiene la capacidad de distosionar su discurrir natural. Evita es «el Mulo» de Argentina.

lunes, 10 de noviembre de 2014

El vano ayer, de Isaac Rosa

¿Cómo se puede escribir hoy una novela sobre el franquismo sin caer en tópicos trillados? ¿Cómo puede un autor, especialmente un autor joven, un «hijo de la Transición», indagar en una de las etapas más oscuras de nuestra historia reciente, una etapa de la que se ha escrito hasta la saciedad y en la que, sin embargo, no se ha profundizado lo suficiente, anegada, como está, de historias que recurren al patetismo, de narraciones nostálgicas, incluso de comedias épicas de lucha antifascista? ¿Cómo narrar las atrocidades del tardofranquismo sin que la novela quede arrumbada en la enorme pila de «novelas del franquismo»?

jueves, 10 de abril de 2014

Memorias póstumas de Blas Cubas, de Joaquim Maria Machado de Assis

Machado de Assis nació en Brasil, en 1839, hijo de un pintor (de paredes) mulato descendiente de libertos y de una lavandera de Azores, que tabajaban a jornal en la casa de la viuda de un senador del imperio. De salud frágil, epiléptico y tartamudo, apenas se sabe de su infancia más que no fue a la escuela. A pesar de ello, aprendió francés con el dueño de la pastelería donde empezó a trabajar, y, de manera autodidacta, adquirió rápidamente una sólida formación intelectual que le permitió ascender socialmente, siendo primero cronista de un periódico, después tipógrafo y por último funcionario del Ministerio de Obra Públicas. Quien lo conoció dice de él que era elegante en el vestir, de gesto lento y pocas palabras, y que «[t]odo en él concordaba con la gravedad del hombre distinguido y del alto funcionario, [...] nada en él ofrecía el vigor de los que se hacen a sí mismos, el ímpetu de los victoriosos». En suma «su aspecto era el de un hombre perfectamente bien hallado» (las citas están sacadas de la Introducción de Lucia Miguel Pereira). Nada, pues, en su aspecto o su biografía lo delata como autor de una novela tan rompedora como las Memorias póstumas de Blas Cubas.

sábado, 7 de septiembre de 2013

El loro de Flaubert, de Julian Barnes

Leí este libro por primera vez hace muchos años. Recuerdo (recordaba) nítidamente dos cosas de él: que me encantó, y que cuando terminé no sabía decir de qué iba el libro, más allá de que hablaba de Flaubert. Bueno, de Flaubert... y de todo en realidad. Porque eso era lo genial del libro. Bajo la máscara de un ensayo sobre la figura del famoso novelista francés se escondía algo que era y no era eso.

Este verano, buscando algo interesante que leer, volvió a pasar por mis manos y me dije que era momento de releerlo y de hacerse una idea más concreta de lo que trata el libro, porque cada vez que lo mencionaba en una conversación o se lo recomendaba a alguien, lo único que podía decir era «es muy bueno, léetelo», pero no sabía explicar por qué.