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martes, 24 de mayo de 2016

Golem XIV, de Stanisław Lem

No tiene sentido que vuelva a insitir en que Stanisław Lem era un genio, porque ya lo he dicho en varias ocasiones, pero sí puedo añadir que, por lo que voy leyendo, la serie de libros que se ha agrupado bajo el título conjunto de Biblioteca del Siglo XXI recoge, no sé si lo mejor de Lem, pero sí la esencia de su visión del mundo, de su filosofía. Ya conté que Vacío perfecto era para mí un libro «fetiche», uno de esos que se llevan a la isla desierta —que a estas alturas debe de reunir más libros que una biblioteca—, y también comenté lo mucho que me gustó Magnitud imaginaria. Bueno, pues con Golem XIV se ha salido.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Evolución, de Stephen Baxter

Inesperadamente, una de las mejores novelas de ciencia ficción que he leído en los últimos tiempos. Digo inesperadamente porque la propuesta no es fácil y parece abocada al fracaso: novelar la evolución de la estirpe humana desde el primer primate de finales del Cretácico (−65 millones de años, contemporáneo del T-Rex) hasta el último descendiente en el futuro profundo (+500 millones de años, un habitante de Nueva Pangea). ¡Con un par y sin despeinarse! Normalmente este tipo de novelas, con una perspectiva histórica, de gran escala temporal, no suelen funcionar. Y la razón es muy simple: no se puede mantener una trama centrada en personajes, a menos que éstos sean inmortales, y aun así, el riesgo de resultar inverosímil es muy alto. Entonces, os preguntaréis, ¿por qué leer ésta? Y sobre todo, ¿por qué ésta es tan buena?

domingo, 30 de noviembre de 2014

Proving Darwin, de Gregory Chaitin

A ver... Por dónde empiezo a dar... En breve: si el título fuera una pregunta, la respuesta sería NO.

Mejor empiezo por un disclaimer. Gregory Chaitin no es un «pringao»: es un matemático famoso que ha hecho contribuciones muy relevantes a la teoría algorítmica de la información relacionadas con el teorema de incompletitud de Gödel y con el problema de la parada de Turing. Inventó un número real que lleva su nombre: la constante de Chaitin, o la probabilidad de que un programa elegido al azar detenga correctamente una máquina de Turing determinada, un número real con propiedades fascinantes, como la de ser no computable y máximamente aleatorio (no puede comprimirse de ningún modo). Para cualquiera que esté interesado, es muy fácil encontrar artículo suyos explicando estos temas en la web. Por todas estas contribuciones ha sido nombrado doctor honoris causa por varias universidades y es mundialmente conocido.

viernes, 25 de julio de 2014

Genes y genealogías, de Susanna Manrubia y Damián H. Zanette

Hoy retorna Susanna a este blog, pero esta vez no como comentarista (tarea que, a lo que parece, dejó tras su reseña de 2666), sino como autora; como coautora más bien, junto a Damián Zanette (también conocido de algunos seguidores del blog), de este ensayo de divulgación subtitulado Sobre nuestra herencia cultural y biológica. Un libro que fue galardonado con el Premio Europeo de Divulgación Científica Estudi General, en su XVIII edición de 2012. Ahí es ná...

lunes, 30 de diciembre de 2013

Deconstruyendo a Darwin, de Javier Sampedro

Si un ensayo, aunque sea divulgativo, como éste, te da ideas nuevas, te hace pensar, te da una nueva visión de cosas que creías saber, entonces hay que admitir que es bueno. No importa que lo empezaras, como me pasó a mí, con prejuicio, ya que había leído un libro anterior de Sampedro y no me había gustado (una recopilación de artículos de su blog, en mi opinión muy poco trabajados para editarlos en forma de libro). No ayudó tampoco el título: recelo de todos los que quieren enmendarle la plana a Darwin desde tan pronto, no porque crea que Darwin dijo la última palabra en evolución (nada más lejos, su inmenso desconocimiento de los menanismos de la genética se lo impedía), sino porque tras el amarillista título se suelen esconder auténticas basuras —cuando no directamente mierda creacionista made in USA. Éste, sin embargo, es un libro honesto, y el título es justo, dada la reflexión que ofrece sobre la teoría evolutiva. Y que finalmente lo haya leído se debe a la insistencia de colegas cuyo criterio en esta materia respeto.

martes, 26 de febrero de 2013

The logic of chance: the nature and origin of biological evolution, de Eugene Koonin


La teoría moderna de la evolución está en crisis. Todo el entramado teórico que se organizó a mediados del siglo pasado para aglomerar los avances en genética, paleontología y genética de poblaciones, entre otras disciplinas, se está cayendo a pedazos. En estos 70 años, nuestro conocimiento de los procesos evolutivos ha aumentado de forma increíble, y quizás aún más radicalmente con la información que hemos podido extraer del estudio de genomas completos, en los últimos veinte años. La imagen que ahora tenemos de la evolución ha cambiado, y mucho, respecto a la que propusieron Dobzhanski, Mayr y Simpson, entre otros.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Hacia los confines del mundo, de Harry Thompson

Hacia los confines del mundo es el insulso título con que algún preclaro editor ha decidido rebautizar en castellano esta única novela de Harry Thompson titulada This thing of darkness. Es un retítulo en la línea de Aterriza como puedas (Airplane!), La semilla del diablo (Rosemary's baby) o Dos tontos muy tontos (Dumb & Dumber), que manifiestan la sensibilidad artística de un coleccionista de discos de gasolinera. Más adelante explicaré lo que a mí me sugiere el verdadero título, una metáfora desafortunadamente lost in translation.

Todo el mundo conoce el Beagle, ese barco planero que partió de Barnet Pool, Devenport, el 27 de diciembre de 1831, en una misión de dos años cuyo cometido era cartografiar las costas de las Malvinas, Tierra de Fuego y Chile, y que regresó a Inglaterra cinco años más tarde tras haber dado la vuelta al mundo. Y la razón por la que todo el mundo lo conoce no es por los magníficos mapas que proporcionó al Almirantazgo inglés (mapas que se han estado usando hasta la llegada de la fotografía por satélite), sino porque a bordo de ese barco viajaba como naturalista un joven aspirante a clérigo llamado Charles Darwin, que a su regreso, y como consecuencia de ese viaje, se había transformado en el artífice intelectual de la teoría más revolucionaria que ha producido la ciencia.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Evolución y complejidad, de Jordi Bascompte y Bartolo Luque

Por segunda vez viene a este blog un libro de divulgación escrito por amigos, y por segunda vez su tema es la evolución. Es otro ensayo de la colección Sin fronteras que edita la Cátedra de Divulgació de la Ciencia de la Universitat de València. ¡Bien por esta editorial! En un país que vota políticos que creen que recortar en inversión científica es un ahorro, toda divulgación es poca, así que cualquier iniciativa en esa dirección debe ser aplaudida.

martes, 31 de julio de 2012

The Origins of Evolutionary Innovations, de Andreas Wagner

Este es el nuevo paradigma de la biología evolutiva. El magnífico libro de Wagner compendia con lucidez y una impresionante visión global todo el conocimiento actual sobre cómo se produce la innovación en evolución. No necesita invocar sucesos improbables o tiempos larguísimos, ni siquiera presiones de selección violentas o poblaciones que son diezmadas para dar paso a la siguiente invención. Solo se necesita partir de cambios en su mayor parte menores en las macromoléculas (RNA y proteínas) o en las redes de interacción moleculares (metabolismos y redes de regulación genómica) que están en la base del funcionamiento celular. Esta obra socava alguans bases conceptuales y buena parte del imaginario que nos legó el tan aclamado Neodarwinismo. Hemos cambiado de siglo y es hora de dar un paso más.

martes, 24 de julio de 2012

El collar del neandertal, de Juan Luis Arsuaga

Atapuerca es un auténtico filón. De huesos e historia del hombre, por supuesto. De literatura, también. Nos encontramos ante uno de los muchos libros que han salido de la pluma de los directores científicos de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, uno en el que se intenta explicar cuáles fueron las circunstancias en las que se produjo la evolución desde los primeros homínidos africanos hasta lo que somos en la actualidad. El punto fijo de la historia es el trabajo del paleoantropólogo, centrado naturalmente en las actividades desarrolladas por el autor y en sus hallazgos en la Sima de los Huesos.

domingo, 1 de julio de 2012

Contra natura, de Arcadi Navarro

La naturaleza es buena. La naturaleza es sabia. Lo natural es saludable. Los animales son sinceros. Los ecosistemas son sostenibles y equilibrados (eso sí, en su estado natural, que excluye al hombre). La naturaleza es nuestra madre.

sábado, 19 de mayo de 2012

Imperialismo ecológico, de Alfred W. Crosby

Antes de que llenéis esta entrada de comentarios dejadme que os aclaro algo: este libro se escribió antes que el de Jared Diamond. El libro, a caballo entre la investigación histórica, ecológica y paleontológica, y con una buena dosis de darwinismo, trata de responder a una pregunta: ¿por qué el mundo está plagado de lo que el autor llama "Nuevas Europas"? Es decir, lugares alejados geográficamente de Europa pero, por latitud y clima similares al Viejo Continente, y cuya población y biota es mayoritariamente de origen europeo. El autor se refiere a Norteamérica casi hasta el Trópico de Cáncer, al Cono Sur dede prácticamente el Trópico de Capricornio, a Australia, Nueva Zelanda y algunas islas o archipiélagos dispersos, como Islandia, Madeira o las Canarias.

martes, 20 de marzo de 2012

Evolution in four dimensions, de Eva Jablonka y Marion J. Lamb

Por mucho que intenten venderlo como tal, decir que este libro es de divulgación sería como decir que El Origen de las Especies también lo es. Evolution in four dimensions es una completa revisión de la teoría evolutiva, de un calado tal que obliga a replantearse el "simple" esquema de replicador, mutación y selección. El argumento principal del libro es que en los mecanismos que generan la variabilidad hay mucho, muchísimo más que un puñado de cambios fortuitos en los genes. Por eso sus autoras califican su teoría de neolamarckista, pese a que se declaran darwinistas convencidas (ya expliqué en otra entrada que no hay contradicción en eso) y a que admiten que, hasta donde se sabe (o se sabía hace siete años), no hay mecanismo conocido de trasvase de mutaciones del soma a la línea germinal en seres de reproducción sexual. La idea es mucho más profunda. Lo que defienden las autoras de este libro es que la transmisión de caracteres adquiridos actúa mediante mecanismos mucho más sutiles, variados y poderosos que ese. De hecho, incluso si ese trasvase a la línea germinal se descubriera, no sería sino una anécdota dentro del esquema general de mecanismos que dotan de plasticidad a los seres vivos.

La primera parte del libro describe con todo detalle esas cuatro dimensiones de la evolución: la genética, la epigenética, la etológica y la simbólica. Y en todas ellas las autoras nos hablan de los mecanismos que originan la variabilidad. Hay muchas sorpresas (al menos para mí) en esta parte, donde uno aprende cómo el genoma focaliza y "tunea" la mutación, concentrándola en ciertas regiones y ajustando su tasa, aprovechando para ello los defectos de los mecanismos reparadores de ADN (siempre a base de selección darwiniana, por supuesto). También descubre uno las variadas formas (metilación, marcas en la cromatina o un sistema de cadenas de ARN especiales) en que el genoma se modifica a sí mismo (en su mayor parte actuando sobre su regulación), lo que causa, entre otras cosas, la diferenciación celular. Algunas de estas marcas se transmiten, de hecho, a la siguiente generación, transmitiendo de este modo algunas de las adaptaciones adquiridas en la vida del individuo (es, tal vez, el mecanismo más claramente lamarckiano). Aprendemos que no sólo heredamos el ADN: la membrana celular, por ejemplo, se replica a sí misma, no la produce el ADN, y con ella hay muchos otros elementos no genéticos que se transmiten (por ejemplo la mitocondria).  Y sorprende no menos saber que la alimentación materna influye en las marcas genéticas que se transmiten a la progenie, con las cuales se influye, entre otras cosas, en la inclinación o el rechazo hacia ciertos alimentos. Pero no solo: las adaptaciones "culturales" (a una nueva forma de vida en un nuevo nicho, por ejemplo) o simbólicas (a través del lenguaje y todo el entorno "virtual" que éste conlleva) hacen que surjan adaptaciones totalmente  nuevas con el paso de las generaciones.

Ahora bien, aunque ya se apunte algo en esta primera parte, el meollo de la teoría aparece claramente expuesto en la segunda parte del libro, donde se describen las interacciones entre estas cuatro dimensiones de la evolución; donde se nos cuenta cómo no solo los cambios genéticos inducen cambios fenotípicos o culturales, sino que también los cambios culturales y los epigenéticos acaban modificando los genes de manera que se asimilen, cumpliendo así con el principio lamarckiano de adquisición de caracteres a través de su uso. Y aquí es donde llegamos al punto filipino. La clave de todo el asunto es la capa de regulación que se interpone entre el genotipo y el fenotipo. Me explico. A un genotipo no le corresponde un fenotipo como si del número de referencia de un catálogo se tratara, sino que aquél se expresa en este porque hay un complejísimo entramado de interacciones entre proteínas que son producidas por los genes y que a su vez activan o inhiben genes, y de resultas de todo aparece un individuo con todos sus caracteres resultantes. La existencia de esta capa de regulación conlleva varias cosas. Por un lado, el fenotipo resulta muy robusto a cambios en el genotipo; o dicho de otro modo, hay una enorme redundancia en el genoma. Hay montones de genes que no se expresan, y montes de ellos que da igual que se expresen o no (esto explica por qué el knock out de genes a veces da como resultado que el 80% de los genes parecen no hacer absolutamente nada). Como siempre, esta redundancia hace que haya muchos individuos fenotípicamente iguales que, sin embargo, tienen genotipos muy diferentes. Y por otro lado, el ambiente ejerce una influencia decisiva en el sistema regulatorio y, por tanto, condiciona de forma clave el fenotipo, de manera que individuos con idéntico genotipo pero sometidos a distintos ambientes expresan fenotipos diferentes. Y la etología, el entorno cutural y el simbólico son parte fundamental de ese ambiente que condiciona el fenotipo. Esta es, para mí, la idea clave. Debido al estress inducido por un cambio (voluntario o no) en el ambiente el sistema regulatorio se altera, caracteres dormidos se activan, y descendientes de individuos que eran fenotípicamente iguales empiezan a mostrar diferencias en multitud de caracteres. En ese momento entra en juego la selección rescatando las variedades más aptas, de manera que, tras unas cuantas generaciones, los individuos han experimentado cambios adaptativos irreversibles que los hacen más adecuados para el nuevo entorno en que se desarrollan. La rapidez a la que esto ocurre no es ni siquiera comparable a la lentitud con la que actúa el clásico mecanismo de mutación aleatoria.

El libro es un ensayo magnífico, bien argumentado, bien sustanciado con experimentos, ejemplos y datos, y el resultado es un enfoque radicalmente nuevo de la teoría evolutiva. Un nuevo planteamiento que pide a gritos la elaboración de modelos que hagan encajar las piezas y permitan aportar una descripción cuantitativa del mismo. Porque ante este esquema de cosas, la genética de poblaciones se queda muy corta. Varios mensajes me han quedado claros de este libro. Entre ellos, que tengo que leer los trabajos de Waddington y que ya no puedo posponer más leer The origins of order, de Kauffman (para lo que tendré que armarme de valor porque es un ladrillo). En definitiva, Evolution in four dimensions es una lectura obligada para todo aquél que quiera tener una opinión solvente sobre la evolución.

P.D.: Para saber más del libro y de la teoría que defiende, nada mejor que oír a Eva Jablonka defenderlo.

martes, 21 de febrero de 2012

Wheat Belly, de William Davis

Al igual que decimos aquello de "tripa cervecera", este libro se podría traducir como "tripa harinera".

La tesis del libro es doble:
Por una parte argumenta que, desde la introducción de la agricultura en la civilización (hace unos 10.000 años), el genoma no ha tenido tiempo de adaptarse y problemas de salud inéditos empezaron a aparecer (como la diabetes o el tiroidismo, de acuerdo con los restos fósiles). La estatura media del Homo sapiens sapiens es ahora aproximadamente la misma que en la última glaciación y llegó a su mínimo en el siglo 17 después de caer sistemáticamente desde la caída del imperio romano (al menos en Europa). Los "granos" (no sólo trigo) proporcionan pocos nutrientes y tiene ciertas proteínas (como el gluten en el caso de la harina de trigo) que son inflamatorios para el intestino.

La segunda tesis es que, desde principios del siglo XX, los agricultores han ido haciendo una selección artificial de las semillas de trigo para mejorar su "fitness" contra las plagas o los cambios bruscos de temperatura y, en consecuencia, el trigo que usamos ahora es distinto al de nuestros antepasados (ahora tiene cuarentaytantos cromosomas y el de hace 3000 años, sólo 18 cromosomas). Al ser más resistentes a las amenazas, son también más dañinos para el organismo.

Después de esta primera parte (que está bien documentada) empieza un poco el delirio del libro. Esencialmente, el trigo es el culpable de todos los males de nuestra civilización. Y no mató a Kennedy porque se lo cargaron antes :-)

En definitiva, una buena primera parte seguida de una más populista demonizando el trigo. Coincido bastante en lo poco beneficioso del trigo (incluso el integral, otra etiqueta de nuestra era que no mejora la función del trigo en el intestino), pero creo que la epidemia de obesidad se debe más al jarabe de fructosa combinado con las grasas parcialmente hidrogenadas y la harina, que sólo a la harina...

lunes, 20 de febrero de 2012

Adam's Tongue, de Derek Bickerton

Derek Bickerton es lingüista, en la actualidad profesor emérito en la Universidad de Hawai. Este es el segundo libro suyo que leo. El primero, Bastard Tongues, contaba cómo aparecen las lenguas pidgin y su versión adulta, las criollas. Disfruté tanto con la lingüística como con los relatos de viajes, hombres e historias en ese libro, así que no tuve ninguna duda cuando vi este. A por él.

El tema principal del que hoy nos ocupa es el origen del lenguaje humano. Bickerton quiere transmitir dos mensajes en este libro. El primero es que es el lenguaje lo que nos hace humanos (parece fácil, pero no lo es). El segundo es la ausencia de continuidad entre nuestro lenguaje y cualquier otra cosa que puedan usar los demás primates. Ambos mensajes están enlazados, ya que el primero se explica, según el autor, por las particulares exigencias (o presiones de selección) a las que el ambiente ha ido sometiendo a nuestro linaje desde que nos separamos de los chimpancés. Hablar y hacernos Homo sapiens ha sido todo uno.

Para Bickerton, es incuestionable la discontinuidad entre cualquier forma simbólica de comunicación entre los individuos de especies distintas a la nuestra y el lenguaje conceptual, desplazado del aquí y ahora, proyectivo, inventivo y de ilimitada capacidad combinatoria que nosotros practicamos. Aunque podía estar casi de acuerdo con esta tesis antes de leer el libro, ahora no me queda duda de que es cierta. Pero el núcleo del libro, como su subtítulo indica, es la coevolución del lenguaje y la propia naturaleza de los humanos. En cierto sentido, el empeño de Bickerton es el desarrollo de una teoría gradualista que, a su modo de ver, haga creíble la aparición del lenguaje. Los pasos deben ser siempre pequeños y sujetos a selección, así que lo que busca continuamente es en qué forma el ambiente (tanto ecológico como social) obligó paulatinamente a nuestros ancestros a desarrollar capacidades cognitivas que corrieron paralelas a la construcción del lenguaje humano. Los saltos evolutivos no tienen cabida en su teoría, se habla como mucho de "cascadas", nunca de transiciones. Bickerton usa la teoría de construcción del nicho ecológico como escenario, donde se deben distinguir tres componentes: el habitat, la nutrición y los medios (para obtenerla). En la línea evolutiva que finaliza en el hombre actual enumera hasta siete nichos distintos a los que hemos tenido que adaptarnos sucesivamente. Sin embargo, el primer paso, el más difícil aparentemente, fue la aparición de un lenguaje "desplazado" que fue imprescindible para sobrevivir en ambientes donde era necesario localizar los cadáveres recientes de grandes animales o, en otros casos, organizar partidas de caza sin tener el objetivo a la vista.

Bickerton reconoce que hay pocas ideas originales en su teoría, aunque defiende el conjunto y el engarce de los elementos como propio. Lo peor del texto es la minucia de detalles no siempre necesarios y la repetición de las ideas principales. Como es habitual en este tipo de libros, hay que repasar las ideas y sutilezas esgrimidas por un buen número de lingüistas, antropólogos y humanistas que han bregado con el tema. Ahí aparece lo peor-peor, un capítulo "dedicado" a Chomsky en el que exagera las limitaciones de la teoría de su colega y compara hasta el hastío sus aproximaciones. A pesar de esta crítica final, el libro me ha resultado interesante y bastante ameno, aunque no lo recomendaría a nadie que no tuviera un interés específico en el tema de la evolución del lenguaje.

lunes, 6 de febrero de 2012

Food and Western Disease, de Staffan Lindeberg

Este libro es una extensión de la tesis doctoral del autor, el médico Staffan Lindeberg, y contiene gran parte de su propio trabajo de investigación (sobre la tribu de los Kitava, en Paupa Nueva Guinea)

La tesis del libro es que la ciencia clínica actual tiene serias dificultades para proporcionar una respuesta unívoca a la cuestión de cuál es la causa de la singularidad de la enfermedad en la sociedad occidental (y los no occidentales que han adoptado nuestro estilo de vida). En los primeros capítulos explora qué dice la ciencia sobre la enfermedad y su relación con la dieta.

El texto es muy crítico (muy serio) con la literatura médica y expone las dificultades de los estudios clínicos en lo relativo a la dieta.

Como conclusión, el autor se plantea la siguiente pregunta, si no tenemos estudios concluyentes sobre la dieta (por su dificultad práctica para evaluar las relaciones causa/efecto), ¿qué podemos inferir de la teoría de la evolución?

En ese momento, el libro trata de identificar los elementos esenciales de la dieta en la era pre-agricultura (discutiendo cómo los restos fósiles apuntan a que el mito de que el hombre paleolítico era bajo y vivía poco es poco preciso, salvo por la alta tasa de mortalidad infantil). Dicho de otra manera, el hombre pre-hace-10000 años moría de causas accidentales (era un mundo brutal sin antibióticos) pero aquellos que llegaban a los 50, solían llegar a edades similares a las nuestras. Como ejemplo, discute el caso de los Kitava donde muestra cómo la esperanza de vida es muy larga y la calidad de vida de estos indígenas es muy saludable. Esta parte es muy interesante porque discute el tipo de dieta que pudieron tener aquellos "cavernícolas" discutiendo cuestiones como, por qué la saliva tiene la composición actual, o por qué los dientes tienen su distribución.

El libro concluye con una discusión sobre qué alimentos podrían ser considerados como más saludables y cuáles menos.

El libro es un auténtico texto científico (está argumentado con unas 2000 referencias a artículos científicos) y es una de las referencias de las llamadas "dietas paleolíticas" (aunque no es un libro dietético, ha sido muy influyente en ese movimiento).

Moraleja: Si la ciencia clínica es ambigua, "go paleo!" y recupera la salud de los fornidos cavernícolas :-)

Un libro muy interesante.

A raíz de este he leído otros más "dietéticos" como The paleo solution que caen el rollo "testimonio" de gente que era gorda y enferma y ahora son poco menos que George Clooney (aunque ese otro en particular, tiene una buena discusión del lado "hormonal" de la dieta que me parece bastante cercano a lo que yo he aprendido leyendo artículos y libros de endocrinología).

domingo, 22 de enero de 2012

Lamarck's signature, de Edward J. Steele, Robyn A. Lindley y Robert V. Blanden

La controversia entre el lamarckismo y el darwinismo es tan antigua como ficticia; una reliquia histórica, vaya. El darwinismo afirma que, en un entorno de recursos limitados, si las entidades que se mantienen de ellos se reproducen con variaciones, aquellas variedades que lo hacen más eficazmente, con el tiempo acaban dominando la población y llevando a las demás a la extinción. Formulado así, el darwinismo es un teorema matemático que no es difícil demostrar. Como se puede ver, el darwinismo no habla de los mecanismos de la herencia, la gran ausente de El origen de las especies, más allá de decir que los hijos se parecen a los padres.

Por su parte el lamarckismo es la hipótesis de que los caracteres adquiridos se heredan. Y aunque Lamarck lo propuso como el mecanismo básico de la evolución de los seres vivos, en realidad es una hipótesis sobre un mecanismo hereditario. Por lo tanto, lamarckismo y darwinismo no son incompatibles (como nos hacen creer los libros de texto); tanto es así, que el propio Darwin, diez años después de la publicación de El origen, propuso un mecanismo lamarckiano como fuente de las variaciones en la herencia: la teoría de la pangénesis. Su idea básica es que la interacción con el entorno genera en los órganos unos corpúsculos que llevan información de esta interacción a los órganos reproductores y la trasmiten a la progenie. Siempre se ha presentado la pangénesis como una capitulación del gran científico, y los neodarwinistas omiten hablar de ella como de algo embarazoso.  La realidad es que no hubo tal capitulación: Darwin desconocía la genética y buscaba justificar su teoría, consciente de que la herencia de caracteres adquiridos en absoluto se contradice con ella.

La antítesis del lamarckismo es la genética, tal como se formuló a mediados del pasado siglo, tras el descubrimiento de la estructura del ADN, y concretamente la "barrera de Weissmann", lo que conocemos hoy como el "dogma central de la biología molecular", a saber, que la información genética pasa del ADN al ARN y de éste a las proteínas, pero nunca a la inversa. La barrera de Weissmann (que éste "demostró" en unos famosos experimentos con ratones; véase la figura) impide que la interacción con el entorno pueda ser codificada y transferida a la progenie.

Pero hoy sabemos que el dogma es falso. El descubrimiento de los retrovirus (cuyo ejemplo más famoso es el VIH), la retrotranscriptasa (que traspasa información del ARN al ADN y que los vertebrados llevamos codificada en nuestro propio ADN) y la desconcertante existencia de mutitud de retrovirus muy antiguos en nuestro código genético, han dejado una trampilla (¡más bien una puerta de doble hoja!) abierta a la vieja hipótesis de Lamarck. De eso trata este libro.

En la búsqueda de evidencias de lamarckismo, dos de los autores del libro (Edward Steele y Robert Bladen, la tercera es una periodista) han dedicado su vida a estudiar el sistema inmunológico de los vertebrados. Y en este estudio, los hechos experimentales apuntan a un trasvase de información del soma a la línea germinal. El libro es una maravilla. Hace poco Mario se quejaba de esa divulgación que omite las ecuaciones para vender al gran público. Si este libro fuera de física, estaría repleto de ecuciones. Es divulgación como a mí me gusta: sin arredrarse en meterse en harina, para evitar dejar al lector con la miel en los labios (algo que muy frecuentemente ocurre en la divulgación "blanda"). Así que cuando terminas has aprendido muchas cosas. De hecho, el siguiente paso es estudiar el sistema inmune en un libro de texto. La contrapartida es que resulta duro de leer: a menudo he tenido que releer párrafos enteros para enterarme de todos los intríngulis moleculares. Sin embargo no es tan duro como leer un artículo; pese a lo que pueda parecer, los autores han hecho un enorme esfuerzo para simplificar los detalles farragosos y no emborronar las ideas, y a mi juicio lo han logrado. El libro se puede leer.

Aunque solo tratara del sistema inmunológico, el libro merecería la pena. De hecho, seis de los siete capítulos más un epílogo están dedicados a explicar todo lo que en 1998 se sabía del mismo. Y os aseguro que más de una vez el relato te deja con la boca abierta. Es, en dos palabras, im-presionante. Pero va más allá, porque la idea que defienden los autores es que la barrera de Weissmann se "salta", al menos en lo que se refiere a la inmunización; es decir, una parte de los resultados de nuestra lucha contra los patógenos se la pasamos a nuestros hijos. He de decir que las pruebas de esto aún no son (o no eran) concluyentes, pero la evidencia es abrumadora. De hecho, empecinarse en sostener un punto de vista neodarwiniano en la evolución del sistema inmunológico empieza a parecer fundamentalista. En el último capítulo y en el epílogo los autores especulan con otras posibles pruebas de herencia de caracteres adquiridos, y aquí he de decir que las pruebas resultan mucho menos convincentes. Pero hay un argumento fortísimo (a mi juicio) en favor del lamarckismo, y es este: es posible. La existencia (demostrada) de retrotranscripción en nuestro ADN y la presencia de retrovirus hacen posible la transferencia de genes, no ya entre especies, sino entre distintas células dentro del propio cuerpo. Ante eso, empeñarse en que no existe tal transferencia a la línea germinal me parece a mí que es más bien la hipótesis que hay que probar.

La lectura del libro resulta fascinante por otro motivo: os aseguro que, como físico, ser testigo de los encendidos debates en la biología resulta, cuanto menos, una experiencia sociológica incomparable. No hay nada que se le parezca en la física. Por supuesto, a los autores los han tachado de todo, como os podéis imaginar, y ellos arrementen contra los neodarwinistas con el mismo furor. Fijaos hasta dónde llega la cosa, que Dawkins, el "bulldog del neodarwinismo", ante la abrumadora evidencia de la presunta transferencia del soma a la línea germinal, llega a decir que, de demostrarse definitivamente, eso querría decir que, contra lo que creíamos, ¡los leucocitos forman parte del sistema reproductivo! Con un par. Mi opinión es que la lamentable falta de ecuaciones que soporten las teorías en biología hace que estas discusiones lleguen hasta el terreno personal. Fascinante, como os digo.

En fin, que el libro es muy, muy recomendable. La única pega es que es información un tanto obsoleta, ya que la edición es de 1998, y de entonces a acá la evidencia en favor de "gorileos" en el ADN es tan abrumadora que seguro que el debate está ya más decantado. En todo caso, el libro merece leerse aunque solo sea por su descripción del sistema inmunológico.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Evolution: The extended synthesis, de Massimo Pigliucci y Gerd B. Müller

Uno de los editores de este libro, Massimo Pigliucci, es un tipo que se ha dedicado toda su vida a la biología evolutiva (campo en el que tiene del orden de 100 artículos científicos). Hace unos años decidió hacerse filósofo de la ciencia y mantiene activas sus dos facetas.

En este libro, ha juntado a algunos expertos en los dos lados de su vida para hacer una síntesis del estado actual de la disciplina. En general los capítulos se quedan en un plano algo "divulgativo" pero el libro me ha gustado bastante. Especialmente por los distintos puntos de vista que he mencionado.

Curioso e interesante. Es uno de esos libros que uno tiene que coger con ganas porque al principio cuesta "motivarse" para leerlo. Pero me ha gustado, vamos.

sábado, 19 de noviembre de 2011

La radio de Darwin y Los niños de Darwin, de Greg Bear


Como ya he dicho muchas veces me gusta la ciencia ficción, aunque obviamente la buena ciencia ficción. Buscando aquí y allí, encontré varios comentarios sobre estos dos libros de Greg Bear. La idea era interesante, especular con un cambio evolutivo en el ser humano como consecuencia de una mutación genética en respuesta al stress de nuestra vida actual. Su autor afirma en sus notas finales que para preparar el libro se entrevistó con muchos científicos (sobre todos biólogos moleculares) para que su idea no fuese un mero disparate. Parte del objetivo del libro es introducir al lector con la terminología de la biología molecular moderna (se explaya con palabrejas técnicas que nos explica, e incluso nos pone un glosario de las mismas al final de los libros.

La historia de La radio de Darwin comienza en los Alpes con una “excursión” de tres ladrones de tumbas que pretenden encontrar evidencias de que existió el Jeti (hombre de las nieves), descubriendo en realidad una familia de neardentales en una situación muy desconcertante según ve Mitch Rafelson, uno de los personajes principales de la novela. Luego saltamos a Georgia donde las Naciones Unidas investiga matanzas de la reciente guerra civil, aunque encuentra algo un poco perturbador: familias muertas con bebes recién nacidos en las manos … madres embarazadas con disparos en en abdomen. Nuestra protagonista principal, una experta en biología molecular, es expulsada de la zona, etc. Así poco a poco Berg nos va introduciendo en la trama: Una nueva especie está surgiendo … pero resulta que ya lleva años entre nosotros pero el homo sapiens sapiens los ha exterminado por alguna misteriosa razón. La trama está bien, te cuenta muchas cosas que no sabía, como que tenemos incrustado en nuestro ADN secuencias enteras de ADN vírico, en apariencia antiquísimo y que “no sirve para nada”. Lo que ocurre a continuación es que e Mitch Rafelson mpiezan a nacer niños muertos y sus madres quedan embarazadas de nuevo sin mediación de nadie ¿?. Esto se convierte en una epidemia (hay madres infectadas de ciertos virus que son los causantes de dichos abortos, pero en realidad los portadores son sus “maridos” (los hombres) que no se creen una palabra. Bueno para abreviar, nuestra protagonista queda embarazada y tiene una de los nuevos niños (después de perder el intermedio) con el experto antropólogo Mitch Rafelson.

Los “nuevos” niños son muy “especiales”, nacen hablando, se comunican con feromonas, cambiando de color la piel, etc. Es obvio que el gobierno de EEUU (donde transcurre la historia) empieza a perseguir a estos nuevos niños y a confinarlos en escuelas especiales así que comienza una batalla legal sobre derechos civiles, etc. Hasta aquí el primer libro (el final no os lo destripo, pero se intuye). El libro no está mal dentro del panorama de la ciencia ficción (le dieron el premio Nebula de 2000 y fue finalista del premio Hugo de ese mismo año). Una buena descripción es la que hace en su presentación Miquel Barceló:
“LA RADIO DE DARWIN es, pues, una intrigante especulación a partir de los actuales conocimientos biológicos y antropológicos, un ingenioso y bien tramado thriller que cuestiona casi todas nuestras creencias sobre los orígenes del ser humano y su posible destino. 
Tres hechos, que al principio parecen inconexos, acabarán convergiendo para sugerir una novedad devastadora y sacudir los cimientos de la ciencia: la conspiración para ocultar los cadáveres de dos mujeres y sus hijos en Rusia, el descubrimiento inesperado en los Alpes de los cuerpos congelados de una familia prehistórica, y una misteriosa enfermedad que sólo afecta a mujeres gestantes e interrumpe sus embarazos. 
Kaye Lang, una bióloga molecular especialista en retrovirus, y Christopher Dicken, epidemiólogo del Servicio de Inteligencia de Epidemias, temen que algo que ha permanecido dormido en nuestros genes durante millones de años pueda haber empezado a despertar. Ellos dos, junto al antropólogo Mitch Rafelson, parecen ser los únicos capaces de resolver un rompecabezas evolutivo que puede determinar el futuro de la especie humana... si ese futuro sigue existiendo. 
Y todo ello en el seno de una peripecia humana general pero que remite a la misma aventura de la ciencia, al enfrentamiento de viejos y nuevos paradigmas del conocimiento.”
La segunda novela, es como casi se puede adivinar por su nombre, la secuela, la segunda parte. Aquí tengo que decir que si la primera me gustó, la segunda me decepcionó bastante. Se cumplió esa máxima (que como sabemos tiene sus honrosas excepciones) de que nunca segundas partes fueron buenas. Esta vez en su presentación Miquel Barceló escribe:
“La idea de una mutación por el efecto de un retrovirus presente en el ADN humano se analizaba allí [La radio de Darwin] en la forma de un sugerente y estimulante thriller tecnobiológico. Pero, y algunos lo sabíamos o intuíamos, quedaba lo más importante: ¿cómo reaccionarían las estructuras sociales y políticas actuales ante un fenómeno de tal magnitud?, ¿cuáles serían las consecuencias de la convivencia de dos especies humanas distintas? […] LOS NIÑOS DE DARWIN especula brillantemente sobre la difícil convivencia entre dos especies humanas. Cuando los niños mutados por el retrovirus SHEVA alcanzan la adolescencia, se enfrentan a un mundo que se siente ultrajado por su sola presencia. El miedo a que puedan entrar en acción nuevos retrovirus que podrían incluso determinar el fin de la especie humana tal y como ha sido conocida en los últimos milenios, lleva a confinar a los «niños de Darwin» en «escuelas» especiales, verdaderos campos de concentración, mientras grandes sectores de la población los demonizan de manera histérica y casi instintiva. El conflicto entre especies parece inevitable.”
Pues eso, se describen las paranoias del personal, mezcladas con las historias de los padres de Stella: Lang y Rafelson (los principales actores de la primera novela) que se han separado y han continuado por caminos muy distintos, uno luchando por los derechos de los nuevos niños, y la otra intentando probar científicamente que no son una amenaza.

Lo que pone la guinda al pastel es que el autor, en esta segunda parte, se pone a especular sobre la existencia metafísica de un ser invisible que obviamente es Dios y que empieza a hacer tambalear los principios racionales de la bióloga Kaye Lang. El propio autor escribe al final:
“Gran parte de la ciencia de esta novela sigue siendo controvertida. La ciencia normalmente nace con elucubraciones, pero con el tiempo debe recibir confirmación por medio de la investigación, las pruebas empíricas y el consenso científico. Sin embargo, todas las elucubraciones presentadas aquí están apoyadas, en mayor o menor medida, por textos de investigación publicados en respetables revistas científicas. Me he preocupado de solicitar algunas críticas científicas y he corregido allí donde los expertos me sugerían que me estaba pasando de la raya. 
No dudo que siga habiendo errores, pero son responsabilidad mía, no responsabilidad de los científicos u otros lectores amables que detallo en los agradecimientos. 
Las elucubraciones teológicas que presento también están basadas en pruebas empíricas, personales y recogidas de gran cantidad de textos clave. Pero esas pruebas son muy difíciles, hasta lo asombroso y lo extraordinario, de presentar científicamente, ya que necesariamente son anecdóticas. 
Eso no hace que la verdad sea menos evidente para los testigos; simplemente sitúa ese tipo de experiencia vital en la misma categoría que otros sucesos humanos, como el amor, el pensamiento abstracto y creativo, y la inspiración artística. 
Todas esas experiencias son personales y anecdóticas, y sin embargo casi universales; la ciencia actual no comprende ni cuantifica con facilidad ninguna de ellas.”
En comparación con el primer libro, Los niños de Darwin es bastante mas floja y aburrida (en especial sus elucubraciones teológicas). Muchas veces se pasa desvariando sobre la ética de los campos de concentración, el “comunicador” (Dios) etc. Vamos, que si sólo os leéis la primera, no os perderéis nada, más aún con el final previsible y hasta cierto punto lamentable de la misma.

domingo, 12 de junio de 2011

A Planet of Viruses, de Carl Zimmer

Aquellos de vosotros que, como yo, vayáis con frecuencia al pediatra estaréis hartos de oír la frase "es un virus" referida a un conjunto de síntomas catarrales, estomacales, de otitis o similares. Oír virus y pensar en enfermedad es todo uno. Y sin embargo, el conjunto de virus que causan enfermedades es una ínfima fracción de los virus existentes en el planeta. Estamos rodeados de virus. Entre los descubrimientos más sorprendentes que se han hecho sobre estos seres (no diré vivos), su superabundancia y su importantísimo papel como vectores de la evolución de los seres vivos destacan de forma especial. Se han encontrado virus en los lugares más insospechados del planeta, como cuevas kársticas cerradas herméticamente desde hace millones de años o el mar (donde hasta no hace mucho se pensaba que apenas había virus). En muestras tomadas en el Océano Ártico, el Golfo de México y el Pacífico Norte, los biólogos han detectado 1.800.000 genes virales, de los cuales tan solo el 10% presentan alguna similitud con los de algún microorganismo, animal, planta u hongo conocido. No cabe duda de que son un inmenso archivo genético. Pero es que, en efecto, nuestro genoma, como el de prácticamente todos los seres vivos, está repleto de "fósiles" de retrovirus que lo infectaron hace mucho tiempo introduciendo en él nuevos genes o alterando la regulación genética de los existentes, a veces de forma drástica. Para muestra un dato: la placenta humana se adhiere al útero gracias a una proteína procedente de un antiguo retrovirus. ¿Cómo os habéis quedado? Solo ahora se está empezando a vislumbrar que la transferencia horizontal de genes mediada por virus ha desempeñado un papel fundamental en la evolución de los organismos superiores (como nos gusta llamarnos a nosotros mismos).

Pero como dijo Susanna en una charla que le oí hace poco, nuestra visión de la biología está fuertemente sesgada por la inversión que se hace en ella, y la inversión en la investigación viral va encaminada a combatir enferemedades. Así que de lo que más sabemos es de virus que producen enfermedades. Este libro destaca, sobre todo, esa faceta de los virus. De un modo que recuerda a un documental de la BBC, Zimmer nos habla del descubrimiento de los virus, de la gripe, del virus del papiloma, del virus del SIDA... Y cómo no, de la viruela y del Mimivirus, un virus gigante, con un ADN comparable al de una célula, que es, a su vez, infectado por otros virus y que pone en tela de juicio nuestra definición de ser vivo. Sobre la viruela no me resisto a destacar un episodio para la reflexión. Como seguramente sabréis, es el único virus cuya extinción estuvo en manos del hombre. En la época de la guerra fría la OMS se enfrentó al dilema de extinguirlo definitivamente y erradicar esa enfermedad de la faz de la tierra o preservarlo para su estudio. Optó por esto último, en una decisión tan bienintencionada como equivocada, y mandó muestras a dos únicos laboratorios, uno en Estados Unidos y otro en la Unión Soviética. Cuando ésta cayó se comprobó que esas muestras estaban en paradero desconocido. No es esta, sin embargo, la causa de que la decisión fuera errónea (aunque era previsible que eso podía ocurrir); con el advenimiento de las técnicas de secuenciación de ADN, el del virus de la viruela se ha secuenciado y ahora su secuencia se encuentra en muchas bases de datos. Es más, como los virus codifican sólo algunos genes, es incluso plausible que su secuencia se encuentre en la memoria de muchos biólogos moleculares. Y así el virus de la viruela se ha hecho inmortal. Ya no hay manera de extinguirlo porque incluso eliminando las muestras que se guardaron el virus se puede reconstruir sin dificultad por unos cuantos dólares. De este modo, el deseo de conservarlo para avanzar el conocimiento a través de su estudio ha tenido como consecuencia que se ha hecho invencible. Hasta no hace mucho se podía matar un virus definitivamente. Ahora ya es imposible.

Es un libro corto, muy ameno y lleno de curiosidades e historias interesantes como las que acabo de mencionar. Aunque en mi opinión, es un libro muy sesgado del lado de la patología. Tal vez no se sabe aún lo suficiente de los virus como para escribir un ensayo elaborando más los otros aspectos, para mí más interesantes. En todo caso, es una lectura recomendable.