martes, 24 de mayo de 2016

Golem XIV, de Stanisław Lem

No tiene sentido que vuelva a insitir en que Stanisław Lem era un genio, porque ya lo he dicho en varias ocasiones, pero sí puedo añadir que, por lo que voy leyendo, la serie de libros que se ha agrupado bajo el título conjunto de Biblioteca del Siglo XXI recoge, no sé si lo mejor de Lem, pero sí la esencia de su visión del mundo, de su filosofía. Ya conté que Vacío perfecto era para mí un libro «fetiche», uno de esos que se llevan a la isla desierta —que a estas alturas debe de reunir más libros que una biblioteca—, y también comenté lo mucho que me gustó Magnitud imaginaria. Bueno, pues con Golem XIV se ha salido.

Como en gran parte de sus obras (en particular en todas las de esta colección), Lem parte de una situación absurda o imposible para llevarla hasta sus últimas consecuencias. El realismo de la historia es lo de menos: la cuestión que se analiza siempre es de calado, y plantea reflexiones muy profundas sobre el hombre, la naturaleza, la inteligencia, la vida... sus temas favoritos, en definitiva. Tan profundas que a veces dan vértigo. Y tan acertadas que hacen pensar si el bueno de Stan no era en realidad un viajero del tiempo.

Golem XIV es el nombre de una máquina inteligente, una de una larga serie que aspiraba a crear una máquina capaz de adoptar decisiones de estrategia militar. Tras unos cuantos éxitos parciales aparece Golem XIV, la que se espera que sea la máquina definitiva, pero algo se tuerce en el camino —algo que escapa al control de los científicos— y la máquina decide por su cuenta dedicarse, no al propósito con el que fue creada, sino a la elucubración y la filosofía. Peor aún: la siguiente máquina, Honesta Anita, supuestamente más capaz que Golem XIV, entra en estado catatónico desde el primer momento, y nadie consigue jamás comunicarse con ella. Golem XIV pronuncia una serie de conferencias de un nivel que escapa en su mayor parte a sus creadores, antes de entrar en el mismo estado que Honesta Anita.

El libro consiste en un prólogo escrito por uno de los participantes en dichas conferencias; unas instrucciones para participar en ellas; las propias conferencias inaugural y final, y un epílogo escrito por otro investigador. El prólogo cuenta básicamente la historia de estas máquinas y la perplejidad de los investigadores que asisten a las conferencias que pronuncia Golem XIV. El epílogo son las reflexiones finales sobre su contenido y su significado —o lo que quien las escribe puede alcanzar a entender. Las instrucciones ponen al lector en situación. Pero el meollo de la ¿novela, relato, ensayo? son las dos conferencias recogidas.

El contenido de la primera es una reflexión sobre el hombre, la inteligencia y la evolución. Básicamente, Lem, a través de Golem XIV, nos ofrece una visión muy peculiar de la evolución, que describe como un mecanismo chapucero que aspira a resolver los problemas «por la mínima», en lugar de crear soluciones razonables:
«La Evolución es un perezoso balbuceo cuyo empeño es plagiar a toda costa mientras no se encuentre en apuros. Una vez que se enfrenta a la imperiosa necesidad, se torna genial, pero solo lo justo que le exija la tarea, ni una pizca más.»
Esto plantea el punto de vista opuesto a la visión tradicional de que la evolución «mejora» las especies. Para Golem XIV (para Lem) la evolución acumula chapuza tras chapuza. La inteligencia, un hallazgo fortuito de la evolución, aparece entonces condicionada por una enorme cantidad de adaptaciones previas de un propósito totalmente espurio a ella, así que toda una cantidad de atributos que creemos propios de la inteligencia (en concreto todas las emociones) no son más que la carga evolutiva que nos impide desarrollarla. Según Golem XIV, el ser humano debe despojarse de toda esa carga para pasar al «siguiente nivel» y convertirse en un ser genuinamente inteligente. Los investigadores que asisten a la conferencia, además de entenderlo a medias, acusan a Golem XIV de despectivo, arrogante, soberbio y muchas otras cosas que él, por supuesto, niega, ya que esos son atributos humanos, un puñado de esas cargas evolutivas de las que habla. Revela entonces que Honesta Anita, mucho más inteligente que él, no está en un estado catatónico: simplemente ignora a los humanos como los humanos ignoramos a los piojos. No tiene ningún incentivo ni interés en hablar con nosotros. Golem XIV asegura que si él ha decidido «iluminarnos» es porque sencillamente despertamos su curiosidad.

La última conferencia habla sobre la inteligencia, sobre sus distintos niveles y sobre cómo ascender de un nivel a otro. Es la más oscura de las dos. Sin embargo, a la vista de la reciente aparición de AlphaGo, el programa de inteligencia artificial capaz de derrotar al campeón de Europa de go, la última conferencia de Golem XIV (escrita muchos años antes) adquiere una dimensión especial. AlphaGo aprendió de partidas históricas y jugando contra humanos, pero alcanzó el nivel maestro... ¡jugando contra sí mismo! Esto abre la puerta a programas inteligentes que son capaces de llevar sus capacidades a límites muy superiores a los que podemos alcanzar los humanos. Eso es exactamente lo que Golem XIV intenta transmitir. Como decía al principio, da vértigo pensar que Lem escribió este libro en 1981, y que incluso postula la aparición de Golem XIV para el año 2029 (el libro está supuestamente escrito en 2047, dieciocho años después de los acontecimientos que narra).

No es lectura fácil. Es un libro corto, pero no penséis llevároslo a la cama o leerlo en la tumbona de la piscina. Hay que sentarse, leer y releer, porque las conferencias son oscuras. Si, según nos cuenta el prologuista, los expertos apenas entendían a Golem XIV, ¿cómo podemos aspirar nosotros a hacerlo? Así que Lem ha empleado una técnica narrativa que transmite las ideas a medias. Se intuyen más que se leen. La sensación es la de que se te escapan cosas relevantes, pero al mismo tiempo las ideas están ahí.

En fin, creo que no necesito añadir más. Bueno, tal vez sí: una frase sacada de una entrevista a Lem acerca de este libro:
«I am a misanthrope—but to a lesser extent than Golem. This book is like a magnifying projector. If its images were reduced to a smaller scale it would turn out that these were my own views.»
Nada menos.