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viernes, 23 de agosto de 2013

El mapa del cielo, de Félix J. Palma

No siempre es verdad el dicho «segundas partes nunca fueron buenas» (ahí está El Padrino II para demostrarlo), pero me temo que esta novela no es una de las excepciones. Y me ha supuesto una decepción, porque la primera parte de esta “trilogía victoriana”, El mapa del tiempo, me gustó mucho, y este autor, como ya he mencionado en múltiples ocasiones en este mismo blog, me parece en general muy bueno.

sábado, 2 de junio de 2012

La encuadernadora de libros prohibidos, de Belinda Starling

Dora Damage es la mujer de un encuadernador al borde de la ruina por causa de un reúma crónico que le impide trabajar. En el Londres victoriano, tiene que luchar contra los prejuicios sociales para hacer lo que la sensatez le pide: hacerse cargo de la encuadernadora. Ocultamente al principio, pero a las claras más tarde, Dora pasa consigue remontar la empresa, a la vez que cuida tanto del marido, cada vez más inútil y del que no recibe ningún apoyo, ni físico (obviamente) ni moral (más bien al contrario), como de su hija epiléptica. Pero la decisión, que los salva de la miseria, tiene consecuencias para ella: tiene que hacerse cargo de la encuadernación de todo tipo de material pornográfico que le envían una panda de aristócratas dilentantes, obsesionados por el sexo y la crueldad, y que responden al nombre de los Nobles Salvajes. Dora se hace cómplice de esta tarea, ilegal en aquella época, a la vez que debe vencer sus prejuicios, los de su entorno y el acoso al que la someten sus peculiares clientes.

jueves, 4 de agosto de 2011

Por no mencionar al perro, de Connie Willis

Conocí a Connie Willis por El libro del día del juicio final. Una gran novela de ciencia ficción, si bien la ciencia ficción sólo sirve de excusa para sostener un conflicto humano. Como a mí me gusta. En ese libro una historiadora de la Edad Media viaja a la Inglaterra del siglo XIV, pero por un error en la máquina del tiempo va a caer justo en los años de la Peste Negra. El libro ganó en su año los tres grandes premios de la ciencia ficción: el Hugo, el Nébula y el Locus.

Si aquella novela estaba escrita en clave trágica, esta lo está en clave cómica, y también está basada en viajes en el tiempo. En realidad esta novela es muchas cosas. Para empezar, el título (raro de cojones) hace alusión a una novela decimonónica de Jerome K. Jerome titulada Tres hombres en una barca (por no mencionar al perro). La novela es difícil de conseguir en castellano; la tengo en inglés, pero me da cierta pereza leerla. No obstante, he hojeado el primer capítulo y parece que se trata de la historia de tres jóvenes victorianos, diletantes, a quienes el aburrimiento se les está volviendo psicosomático y que, para paliarlo, deciden hacer un viajecito en barca por el Támesis acompañados del perro. El relato parece divertido, y aunque al parecer no fue un bombazo de ventas cuando se publicó, sí que resultó ser un buen "corredor de fondo", porque a lo largo de los años el libro se convirtió en un superventas, para regocijo de sus editores. Connie Willis agradece a Heinlein en la cabecera del libro que le recomendara esta lectura que le dio pie a construir su novela.

Por no mencionar al perro es, por encima de todo, un gran homenaje a las historias victorianas en todos sus aspectos. Hay referencias constantes a las novelas de detectives, sobre todo a La piedra lunar, pero también a las novelas de Conan Doyle y Agatha Christie, a historias como Arriba y abajo, a las novelas de Woodehouse y su famoso criado Jeeves y, como no, a Tres hombres en una barca. Pero no sólo es eso, también es una historia de viajes en el tiempo y la trama va de eso, de la intervención en el pasado y las paradojas que eso crea, de cómo arreglarlas y, en definitiva, de cómo funciona el continuo espacio-tiempo para encajarlas. De hecho, no está nada mal la resolución del problema; es de lo mejor que he leído al respecto.

Y además la novela es muy divertida. Está llena de situaciones cómicas que, sin llegar a hacerme reír a carcajadas, sí que me han hecho mantener una sonrisa durante el tiempo (demasiado corto) que ha durado la lectura (por cierto que Lurdes, que se la ha leído porque se la recomendé, sí que daba carcajadas en determinados pasajes; supongo que es como te pille el cuerpo).

sábado, 31 de julio de 2010

El mapa del tiempo, de Félix J. Palma


Compré este libro en la última feria del libro, buscando alguna novela sin mayores pretensiones, para pasar el rato, sobre viajes en el tiempo. Me llamó la atención que fuera un autor español (la ciencia ficción es, esencialmente, anglosajona) y que fuera una novela premiada. La contraportada no era muy explícita, más allá de situar la novela en el Londres victoriano.

Si la pongo aquí es porque la novela me sorprendió muy gratamente. Su lectura es amena; su prosa es más elaborada de lo que uno suele encontrar en la literatura de ciencia ficción, y su argumento engancha. Pero lo que más me gustó del planteamiento de la novela es el objetivo que parece que se propuso el autor de escribir un relato sobre viajes en el tiempo que no involucrase ciencia ficción. La novela está formada por tres relatos relacionados entre sí, y he de decir que en los dos primeros, en especial en el segundo, el autor consigue su objetivo con nota. El tercero es algo más tramposo (lo que no implica que no sea interesante). 

No puedo decir más sin revelar demasiado del argumento. Lo que sí puedo añadir es que, al menos para mí, este es un autor que voy a investigar un poco más.