domingo, 13 de octubre de 2013

La pianista, de Elfriede Jelinek

Pese a mi recelo ante el premio Nobel de literatura (un premio sólo algo menos desatinado que el de la paz), ha sido esa la razón que me ha llevado a probar con Elfriede Jelinek, de la que no sabía absolutamente nada hasta ahora, y el azar el que ha puesto esta novela y no otra en mis manos.

La novela se ha llevado al cine, de manera que la historia a algunos os sonará. La protagonista es una pianista fracasada que se gana la vida dando clases de piano. Es una cuarentona que vive con su madre, una mujer perturbada que ejerce sobre su hija un dominio absoluto. La relación está desquiciada desde antes de nacer. Hija única, fruto de una improbabilísima noche de debilidad, se ve sometida desde niña a la autoridad materna, que decide sacrificar su infancia al estudio del piano con el fin de convertirla en una gran artista. Aleja de ella toda relación de amistad y, por su puesto, de amor. Incluso se deshace del padre internándolo en una residencia. La obliga años y años a dedicarse en cuerpo y alma a la música, y para colmo de males la chica fracasa en una prueba decisiva. Perdida infancia, vida sentimental y carrera, se ve abocada a llevar una vida amargada, dando clases de piano y viviendo con una madre que insiste maniáticamente en tenerla acaparada para sí. Su relación es, por supuesto, enferma, mezcla de amor y odio, y no parece tener salida. Pero la aparición de un alumno que se siente atraído por su profesora presagia una grieta en la fortaleza.

Una buena parte de la novela está dedicada a tallar con precisión de orfebre el carácter de las dos mujeres protagonistas y de su desquiciada relación. La pianista es, como cabría esperar, una mujer llena de complejos y taras psicológicas, incapaz de llevar una relación normal y de liberarse de las garras maternas. La madre parecería una caricatura si no fuera porque he conocido mujeres como ella: déspotas aparentemente incapaces de ver el daño que hacen a la gente que las rodea —o peor, haciéndolo con perfecta conciencia de su crueldad. El resto de la novela relata la crisis que genera el alumno en esta pareja anormal y en la vida de la protagonista; una crisis que, sin embargo no la va a liberar de su miserable existencia.

La novela no tiene un mal comienzo. Los perfiles psicológicos de las dos mujeres son muy buenos, y la narración, que usa una técnica “impresionista”, de frases breves, deslavazadas, repetitivas, que crean, por acumulación y contraste, poderosas escenas e imágenes, es brillante. Hasta que te hartas de ella. Hacia la mitad de la novela esta forma de contar se vuelve tan exhaustiva que acaba hastiando. Intuyo que el efecto que persigue es transmitir obsesión y angustia, pero se acaba volviendo cansina. Para colmo, es más o menos por entonces cuando aparece el único personaje masculino de la novela, y por contraste no resulta más que una burda caricatura, un elemento introducido para canalizar la antipatía del lector, a quien, por supuesto, se supone cómplice de la que, desde luego, no puede sino ser la “víctima” de una relación que acaba siendo tan perversa como la otra. Así que para mí la novela pierde interés hacia la mitad.

¿Recomendable? Yo no la recomendaría, y eso a pesar de que creo que la técnica narrativa tiene posibilidades. ¿Es Elfriede Jelinek una buena escritora? Sin duda. Creo que tiene talento. Tal vez con otra novela... Aunque hay escritores con mucho talento narrativo que sin embargo no lo tienen al elegir los temas de sus novelas. ¿Premio Nobel merecido? Para mí, desde el momento en que no se lo dieron a Borges, el premio perdió toda su credibilidad, así que ¿por qué no?

Espero sinceramente que la película fuera mejor (aunque sabiendo que es francesa y que la historia es de esas que maximizan el daño, tan del gusto del cine francés, lo dudo mucho).

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