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viernes, 25 de marzo de 2016

La legión perdida, de Santiago Posteguillo

Posteguillo termina (en alto) con Trajano y su trilogía en esta novela que narra simultáneamente la campaña contra Partia y la historia (mezclada de leyenda) de la legión perdida de Craso.

Tras la exitosa campaña contra la Dacia, Trajano vuelve la vista a oriente persiguiendo un plan que procede directamente del Divino Julio César y que pretende convertir Roma en el mayor imperio jamás soñado; un imperio que se hable de tú a tú con el de Xeres (que es como los romanos llamaba a China). Y el primer paso de este plan es conquistar Partia. Aparte de la ambición, hay poderosas razones económicas que justifican el proyecto: Partia se interpone en la Ruta de la Seda encareciendo las mercancías procedentes de China. Pero hay un problema: el desastre del intento previo de Craso de conquistar Partia en el 53 a. de C. Aparte de la tremenda derrota que sufrió Roma, se perdió el rastro de una legión entera que fue hecha prisionera por los partos. Y la leyenda de esa legión planea como un fantasma durante toda la campaña de Trajano.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Circo Máximo, de Santiago Posteguillo

Qué decepción. Tenía puestas muchas expectativas en esta segunda entrega de la Trilogía de Trajano, después del alto nivel de la primera, y decidí aprovechar el verano para afrontar sus más de mil páginas. Y ha resultado una lectura mala y aburrida.

Esta novela tiene un problema: los únicos hechos históricos relevantes que tienen lugar en el periodo que abarca y que se narran en ella tienen que ver con la conquista de la Dacia (Rumanía). Un enfrentamiento continuo en la frontera del Danubio con el rey Decébalo lleva a Trajano a cortar por lo sano y organizar, no una expedición de castigo, sino una conquista en toda regla y la anexión de una nueva provincia al imperio. Y todo lo relativo a la conquista (a destacar la construcción de un puente sobre el Danubio en Drobeta) está muy bien. Como en las novelas anteriores, Posteguillo confirma en ésta que la épica y la narrativa bélica la tiene muy, pero que muy bien pillada.

sábado, 11 de abril de 2015

Los asesinos del emperador, de Santiago Posteguillo

Después de haber leído su trilogía de Escipión el Africano y ahora este primer volumen de su nueva trilogía sobre el emperador Trajano, me declaro fan de este hombre. Es muy posible que nunca se le estudie entre los autores de la Literatura Española; es también cierto que a menudo echa mano de muchos recursos del best-seller, y que detrás de sus novelas hay una clara vocación cinematográfica; pero lo que nadie me va a poder negar es que Posteguillo se ha ganado un puesto entre los mejores autores de novela histórica a nivel mundial. Su maestría para desarrollar tramas y su rigor histórico son sus mejores armas. Tal vez no sea un genio literario, y su estilo, probablemente forjado en talleres de escritura, sea un poco «de libro», pero como los buenos artesanos, Posteguillo mejora con cada novela que escribe. Cada vez se atreve con personajes más complejos, con tramas más difíciles y con recursos narrativos más arriesgados. Así que, alejándose del tópico de que segundas partes nunca fueron buenas, el comienzo de esta segunda trilogía supera, desde el punto de vista narrativo, la de Escipión.

jueves, 2 de enero de 2014

La traición de Roma, de Santiago Posteguillo

Hace más de dos años reseñé en este blog las dos primeras novelas de la Trilogía de Escipión el Africano, de Santiago Posteguillo. Contaba allí que, pese a no estar entre lo mejor del género, narraban una historia que merecía ser leída, y lo hacían muy bien, de manera que el disfrute estaba garantizado. Pero más de 1.600 páginas más tarde me enfrentaba a la lectura de la tercera parte, la que hoy traigo al blog, y entre que ya estaba cansado de peplum y que la segunda terminaba con la batalla de Zama, donde Escipión derrota a Aníbal y acaba la Segunda Guerra Púnica, me pareció que ya no merecía la pena engullir otras 900 páginas sobre «el resto de la vida de Escipión», que además prometían «bajona» dado el título. Así que lo dejé allí, satisfecho de haber leído una de las mejores narraciones de una de las más grandes epopeyas históricas. No sabía entonces lo equivocado que estaba.

jueves, 14 de marzo de 2013

Baile de bestias, de George R. R. Martin

«¿¿Cómorrr?? ¿¿Una novela del Martin que no conozco?? ¡¡Quietorrr!! ¿¿Cuándo ha salido, que no me he enterado...?? Voy corriendo a la librería. ¡¡Al ataquerrr!!» Un momento, un momento... Que no cunda el pánico. No corráis ni empecéis a bucear por internet hasta que os explique.

No se trata de una nueva entrega de La canción de hielo y fuego. La nueva entrega se va a titular algo así como Vientos de invierno (cuidado, el enlace contiene spoilers) y ni está ni se la espera al menos hasta 2014, según su autor (je, je, je...).

«¿Y entonces... para qué esta entrada? ¿No comentó ya Sara lo que va de saga hasta el momento?» Y en una magnífica entrada, por cierto, en la que fue capaz de contar sin contar. Así es. Pero no me he podido resistir a comentar esta masterpiece del friquismo.

domingo, 5 de febrero de 2012

Juego de Tronos (II-V), de George R. R. Martin

Hace ya unos meses terminé de leer la colección de Juego de Tronos, de George R. R. Martin, y finalmente me he decidido (o me han decidido) a poner manos a la obra para comentarla en el blog. 

Es un problema intentar comentar un libro en el que la menor información de la trama es un spoiler, ya que hablar de cualquier personaje en cualquier volumen indica si el personaje sigue vivo o no. Y es que esa es una de las sorpresas que más engancha de esta saga y que el autor te enseña desde el primer libro: no te encariñes con los personajes, porque te puedes llevar un disgusto. 

Sin embargo, es complicado no tener cierto "feeling" con algunos de ellos por la forma en la que la historia está escrita. Como ya dijo Jose hace tiempo al comentar la primera novela, "la narración (...) es en tercera persona, pero no hay un narrador omnisciente, sino que en cada capítulo el punto de vista cambia con el personaje". Además, salvo casos muy especiales, no hay personajes planos, sino que el autor siempre se empeña en ponernos en la piel de los personajes principales a la hora de justificar sus acciones. El resultado es casi siempre muy complejo, muy real, muy creíble. Y digo casi siempre porque hay unos pocos personajes en los que el autor, no sé si por decisión propia o por incapacidad de empatizar con ellos, los convierte en una caricatura, en un esteriotipo de simplicidad en algún sentido (perdonad la ambigüedad en la descripción, pero es que no quiero decir nada que se relacione con el argumento). Otras veces, sin embargo, personajes que aparecían planos a los ojos de personajes "narradores" los encontramos más ricos cuando nos metemos dentro de ellos.

La técnica de narrar la situación de varios personajes, aparte de enriquecer a los mismos, permite dar una idea del estado de las cosas en un mismo momento (aunque a veces el autor se salta a la torera la simultaneidad de las historias). Esto permite entender las situaciones estratégicas de los personajes en el "juego de tronos" (la expresión la repiten varias veces algunos de los personajes del libro) en el que se encuentran. En este sentido, el autor dio en el primer libro tanta información sobre casas, territorios y relaciones entre los mismos que luego tuvo que utilizar la información que unos friquis habían recopilado en su web para no cometer errores en el resto de libros de la saga (los "demonios", los llama).

Un problema de tener una trama tan complicada es que cada vez pasan más cosas en sitios donde no hay personajes narradores. ¿Cómo soluciona el señor Martin este problema? Mete personajes narradores secundarios que permiten describir cómo están las cosas en algunas regiones. De hecho, a veces hace eso en sitios donde hay personajes principales para enriquecer un poco la trama (y para otras cosas que no diré).

Otro problema de tener tantas historias paralelas es que es imposible que el ritmo en todas sea el mismo. Así que te puedes encontrar con momentos clave en las historias de algunos personajes y, a la vez, con historias que parece que no avanzan en otros. Y también, dependiendo del personaje, nos encontramos historias más sencillas y otras más complicadas. En algunos casos nos podemos encontrar con cientos de páginas donde varios personajes están en una fase de transición, y aparentemente no pasa nada... pero de repente el autor nos puede dar una sorpresa a la mitad, para que no nos relajemos. No voy a decir qué libros son más movidos y cuáles son más relajados (porque eso ya es dar información de qué pasa), pero diré que en todos pasa algo que no te esperas.

De todas formas, no quiero que penséis que todo esto se queda en un gorileo de personajes. Los personajes son muy ricos y se agradecen en la trama de estrategia, pero debajo también está la misteriosa historia de fantasía que Martin nos introduce en el prólogo del primer libro. Y debo decir que en el último libro aparecen elementos nuevos y detalles que conectan unas historias con otras en este sentido y les añaden cierta luz (y también expectativas) y las enriquecen. Hay muchas cosas que Martin tiene que explicar antes del final, pero por la forma en la que ha desarrollado hasta ahora la historia espero que no me decepcione demasiado (sí, yo también fui una víctima de Lost). 

Yo estoy enganchada por un lado y cabreada por otro. Enganchada por los personajes, por las historias y por el misterio. Cabreada por la forma en la que trata a veces Martin a los lectores... y hasta aquí puedo leer, por el bien de los futuros lectores. Pero, aún con lo mal que ha veces me trata Martin, no puedo dejarlo... me tiene enganchada. Es un genio. Y lo peor es que voy a tener que esperar muchos años para empezar a leer el próximo libro, cuando los cinco primeros me los he leído de un tirón.

viernes, 5 de agosto de 2011

Africanus: el hijo del cónsul y Las legiones malditas, de Santiago Posteguillo



Soy un aficionado a la novela histórica. Admito que hay mucha morralla, pero ¿en qué género no la hay? La novela histórica tiene, por un lado, el encanto de la épica, y por otro suele proporcionar personajes psicológicamente complejos que dan mucho juego para la narración. Tiene, por otro lado, la restricción de respetar los hechos, pero eso me parece más un aliciente que una limitación. Hay verdaderas joyas en este género (Yo Claudio sin duda lo es). Pero yo no pondría ninguna de estas dos en esa categoría.

Aclaro antes de seguir: no están nada mal; pese a ser dos tochacos, se leen del tirón. Y es que están construidas como un genuino best-seller, y en ese aspecto no les falta de nada: acción, sexo, buenos, malos... Ahora, como en todo best-seller, el estilo resulta un tanto impersonal, como si la forma de escribir estuviese basante estandarizada, y los recursos narrativos son muy "de libro": la constante enumeración, la reiteración de pensamientos en distintas formas, la descripción prolija de espectativas que a todas luces se ve que van a ser truncadas... Los personajes buenos son buenos sin tacha: siempre honrados, justos, leales, altruistas... Ellos y toda su familia. Los malos tampoco tienen tacha: son taimados, ruines, hijos de puta, canallas, traidores... Y se rodean de gente como ellos. No te confundes nunca, vaya.

Bueno, y entonces, ¿qué tienen las novelas que merezca la pena leerlas? Pues sobre todo la historia. La epopeya combinada de Aníbal y Escipión el Africano es una de esas historias con mayúscula. La cuentes como la cuentes, funciona. Pocas hay comparables. La de Aníbal es archiconocida; la de Escipión no tanto, y ése es el filón que explota este par de libros. Africanus: el hijo del cónsul es fundamentalmente la historia de Aníbal y su enfrentamiento con Roma en la segunda guerra púnica, mientras Escipión es un niño que crece en medio de la guerra y que sufre en sus carnes sus consecuencias. La novela acaba con un Escipión en la veintena al mando de unas legiones que consiguen conquistar Cartago Nova (Cartagena, vaya). En Las legiones malditas (título que no voy a explicar para no destripar el argumento) Aníbal pasa a ser un personaje secundario y el foco de la historia se centra en Escipión, en sus avatares para llegar a África con dos legiones y enfrentarse al ejército cartaginés al mando de Aníbal en la famosa batalla de Zama.

Las novelas, pese a su sesgo comercial, tienen buenos puntos. Hay varios personajes secundarios que tienen una relevancia importante en la trama. El malo de la historia es uno de esos malos carismáticos que llega a resultarte hasta simpático. Es muy inteligente y un muy hábil estratega, digno del senado romano que en la práctica lidera. En ocasiones llega a recordar al tío Scar, de El rey león, cuando decía aquéllo de "estoy rodeado de idiotas". Y por último, las batallas resultan muy emocionantes. A veces se pasa un poco con los guiños hollywoodianos (como por ejemplo, hacer que Aníbal y Escipión luchen cuerpo a cuerpo, algo que es sumamente improbable que ocurriera), pero haciendo un poco la vista gorda el resultado es muy bueno. De hecho, leyendo estos libros me he percatado de lo muy poco que ha evolucionado la épica desde la Iliada. Y en esto no estoy emulando a Borges, cuando decía que todos los argumentos ya estaban en la Odisea: no, lo que digo es literal. Cuando leí la Iliada recuerdo que (obviando el estilo recargado que tienen las traducciones tratando de reflejar con fidelidad que se trata de un poema) me pareció extraordinariamente moderna. De hecho, la película Troya, pese a las libertades del guión, resulta muy fiel al espíritu de la narración (por eso a mí no me disgusta la película, pese a las críticas que recibió de muchos puristas). Ahora me doy cuenta de que entendí todo al revés: no es que la Iliada sea moderna, es que definió de una vez por todas la forma de narrar epopeyas. Así al menos lo entendió Hollywood y así lo entiende Posteguillo. Y funciona, ¡vaya si funciona!

En resumen: no las pondría entre las mejores novelas históricas que he leído, pero son lecturas recomendables, en especial para el verano porque hay tiempo de sobra (entre ambas suman casi dos mil páginas). Una última aclaración: si alguien ha visto las novelas por los estantes de la FNAC o La Casa del Libro (o del Carrefour, porque están en todas partes), sabrá que hay una tercera novela: La traición de Roma. Parece que es una recreación de las (lamentablemente) perdidas memorias de Escipión el Africano, o sea que la historia continúa. Pero yo ya necesitaba un cambio de tercio: estaba un poco "ahíto de tanto parchear y tanto pito".

sábado, 14 de mayo de 2011

Juego de Tronos, de George R. R. Martin

Han sido años de ir a la Fnac y pasar al lado de este libro ignorándolo olímpicamente, y no porque no hubiera oído hablar de él, sino quizá por lo contrario, porque es libro de culto entre friquis seguidores de El Señor de los Anillos, obra que, aunque a mí me gustó en su día, creo que hay que leer con no más de veintipocos años o si no se te ha pasado el arroz (de hecho, en una segunda lectura antes de que estrenaran la trilogía en el cine, comprobé que muchas cosas del libro ahora me chirriaban o simplemente me aburrían). Y esta opinión es extensible a todo el género de fantasía.

Pero ocurre con la fantasía, como con la ciencia ficción u otros géneros novelísiticos, que hay novelas buenas y novelas malas (más de las últimas que de las primeras, pero vamos, eso ocurre con las novelas en general). En el fondo, el género no es más que un marco conceptual para presentar un conflicto, casi siempre humano, que es el que sostiene la novela. Uno acepta las premisas y adelante. De hecho, situar la acción y los personajes en un entorno fantástico o imaginario permite cierto juego que el realismo prohíbe. Así que puede ser hasta bueno. Esta que traigo aquí, es una excelente novela.

Lo que en realidad me decidió a leerla fueron ciertos comentarios en Buzz pero, sobre todo, ver el trailer de la reciente serie de HBO basada en ella (y que va por su quinto episodio, según creo). Decidí que la serie tenía una pinta del carajo, pero que si iba a verla prefería leer el libro antes, porque texto e imagen no son la misma cosa. Y no me arrepiento. De hecho, he disfrutado como un enano con ella. Es un novelón en toda regla: presenta una historia larga y compleja, con intrigas, pactos, traiciones, amores, odios, ambiciones, honor... En fin, como diría Borges, nada que no esté ya en La Odisea, pero digamos que ergódico en ella. Lo mejor, a mi juicio, los personajes y el ritmo. Este último es crucial. Los personajes son complejos y, sobre todo, creíbles; muy creíbles. Hay buenos y malos (como en toda aventura épica), pero ni simpatizas con todos los buenos, ni odias a todos los malos. Entre los buenos hay personajes que te acaban pareciendo idiotas (y a veces el serlo les sale caro), y entre los malos hay algunos con los que te identificas enseguida (acordaos de Darth Vader). Algunos son muy malos o muy buenos, pero tienen sus condicionantes y sus motivaciones. Y si alguno te parece pasado de psicópata, recordando al Calígula de Yo, Claudio no puedes menos que aceptar que el poder absoluto propicia su existencia. La comparación con Yo, Claudio no es ociosa: yo veo muchos elementos comunes con ella.

Pero lo mejor es el ritmo. Desde el principio te das cuenta de que estás leyendo una obra planificada con un cuidado exquisito; tiene un sentido de la narración que te atrapa; cada escena está trabajada con el detalle que necesita, y no hay acelerones a medida que la historia progresa, uno de los grandes defectos de algunas de estas novelas (que dan la impresión de que el autor tiene prisa por terminarlas). La narración es curiosa: es en tercera persona, pero no tiene un narrador omnisciente, sino que en cada capítulo el punto de vista cambia de personaje. El cambio no conlleva repeticiones en la hitoria, al contrario, la historia progresa de forma casi lineal, pero lo que tiene de especial este salto de punto de vista es que no hay una narración global, algunos hechos, incluso hechos importantes, los vemos sólo desde el punto de vista del personaje que toque en ese momento. No cabe duda de que se trata de una técnica interesante.

La historia no termina con la novela, pero en contra de lo que yo me estaba temiendo, la novela tiene una conclusión parcial, así que está bien rematada. Deja los suficientes elementos preparados para que te apetezca leerte la continuación, pero no resulta un coitus interruptus. Hay una pausa argumental al terminar la novela. Lo malo a lo que me refería antes es que no se trata de una continuación, ni siquiera de una trilogía sino que, por lo que yo sé, la obra entera es una pentalogía (y el tercer tomo en realidad son dos). Como cada libro tiene unas ochocientas páginas, estamos hablando de alrededor de cinco mil páginas de historia. Da vértigo solo pensarlo (mi mayor proeza hasta ahora es Guerra y Paz, y me llevó unas vacaciones de verano).

En resumen: la recomiendo vivamente. Y si no te apetece leerla (o no tienes el tiempo para hacerlo, que podría ser), al menos échale un vistazo a la serie porque promete.