viernes, 5 de agosto de 2011

Africanus: el hijo del cónsul y Las legiones malditas, de Santiago Posteguillo



Soy un aficionado a la novela histórica. Admito que hay mucha morralla, pero ¿en qué género no la hay? La novela histórica tiene, por un lado, el encanto de la épica, y por otro suele proporcionar personajes psicológicamente complejos que dan mucho juego para la narración. Tiene, por otro lado, la restricción de respetar los hechos, pero eso me parece más un aliciente que una limitación. Hay verdaderas joyas en este género (Yo Claudio sin duda lo es). Pero yo no pondría ninguna de estas dos en esa categoría.

Aclaro antes de seguir: no están nada mal; pese a ser dos tochacos, se leen del tirón. Y es que están construidas como un genuino best-seller, y en ese aspecto no les falta de nada: acción, sexo, buenos, malos... Ahora, como en todo best-seller, el estilo resulta un tanto impersonal, como si la forma de escribir estuviese basante estandarizada, y los recursos narrativos son muy "de libro": la constante enumeración, la reiteración de pensamientos en distintas formas, la descripción prolija de espectativas que a todas luces se ve que van a ser truncadas... Los personajes buenos son buenos sin tacha: siempre honrados, justos, leales, altruistas... Ellos y toda su familia. Los malos tampoco tienen tacha: son taimados, ruines, hijos de puta, canallas, traidores... Y se rodean de gente como ellos. No te confundes nunca, vaya.

Bueno, y entonces, ¿qué tienen las novelas que merezca la pena leerlas? Pues sobre todo la historia. La epopeya combinada de Aníbal y Escipión el Africano es una de esas historias con mayúscula. La cuentes como la cuentes, funciona. Pocas hay comparables. La de Aníbal es archiconocida; la de Escipión no tanto, y ése es el filón que explota este par de libros. Africanus: el hijo del cónsul es fundamentalmente la historia de Aníbal y su enfrentamiento con Roma en la segunda guerra púnica, mientras Escipión es un niño que crece en medio de la guerra y que sufre en sus carnes sus consecuencias. La novela acaba con un Escipión en la veintena al mando de unas legiones que consiguen conquistar Cartago Nova (Cartagena, vaya). En Las legiones malditas (título que no voy a explicar para no destripar el argumento) Aníbal pasa a ser un personaje secundario y el foco de la historia se centra en Escipión, en sus avatares para llegar a África con dos legiones y enfrentarse al ejército cartaginés al mando de Aníbal en la famosa batalla de Zama.

Las novelas, pese a su sesgo comercial, tienen buenos puntos. Hay varios personajes secundarios que tienen una relevancia importante en la trama. El malo de la historia es uno de esos malos carismáticos que llega a resultarte hasta simpático. Es muy inteligente y un muy hábil estratega, digno del senado romano que en la práctica lidera. En ocasiones llega a recordar al tío Scar, de El rey león, cuando decía aquéllo de "estoy rodeado de idiotas". Y por último, las batallas resultan muy emocionantes. A veces se pasa un poco con los guiños hollywoodianos (como por ejemplo, hacer que Aníbal y Escipión luchen cuerpo a cuerpo, algo que es sumamente improbable que ocurriera), pero haciendo un poco la vista gorda el resultado es muy bueno. De hecho, leyendo estos libros me he percatado de lo muy poco que ha evolucionado la épica desde la Iliada. Y en esto no estoy emulando a Borges, cuando decía que todos los argumentos ya estaban en la Odisea: no, lo que digo es literal. Cuando leí la Iliada recuerdo que (obviando el estilo recargado que tienen las traducciones tratando de reflejar con fidelidad que se trata de un poema) me pareció extraordinariamente moderna. De hecho, la película Troya, pese a las libertades del guión, resulta muy fiel al espíritu de la narración (por eso a mí no me disgusta la película, pese a las críticas que recibió de muchos puristas). Ahora me doy cuenta de que entendí todo al revés: no es que la Iliada sea moderna, es que definió de una vez por todas la forma de narrar epopeyas. Así al menos lo entendió Hollywood y así lo entiende Posteguillo. Y funciona, ¡vaya si funciona!

En resumen: no las pondría entre las mejores novelas históricas que he leído, pero son lecturas recomendables, en especial para el verano porque hay tiempo de sobra (entre ambas suman casi dos mil páginas). Una última aclaración: si alguien ha visto las novelas por los estantes de la FNAC o La Casa del Libro (o del Carrefour, porque están en todas partes), sabrá que hay una tercera novela: La traición de Roma. Parece que es una recreación de las (lamentablemente) perdidas memorias de Escipión el Africano, o sea que la historia continúa. Pero yo ya necesitaba un cambio de tercio: estaba un poco "ahíto de tanto parchear y tanto pito".