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lunes, 5 de septiembre de 2016

Esto no es una historia de amor, de José Antonio Pérez

«Esto no es una historia de amor. 
»Es mejor que lo sepas desde el principio porque no quiero ser el responsable de tu frustración. Bastantes motivos da la vida para frustrarse, sería absurdo buscarte uno más (particularmente uno tan estúpido). Te lo digo porque, si eres una de esas personas que andan buscando miradas intensas bajo el cielo estrellado, gente prometiéndose fidelidad eterna y ese tipo de cosas, debes saber que te has equivocado por completo. ¿Qué puedo decir? Lo siento.»
Con esta autonegación, que amplía el título de la novela, comienza José Antonio Pérez, el autor de Mi mesa cojea, una de las más divertidas comedias románticas que se han escrito/filmado desde Cuando Harry encontró a Sally.

lunes, 11 de abril de 2016

La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy, de Laurence Sterne (trad. de Javier Marías)

De la compleja relación de amor-odio que a lo largo de la historia han mantenido España e Inglaterra —y uno de cuyos más recientes episodios ha sido el «troleo» de ForoCoches— una de las cosas que tenemos que agradecerles es haber salvado para la posteridad la que unánimemente se considera nuestra mejor novela. Porque por mucho que ahora se la venere como la obra maestra de nuestra literatura, la génesis de la novela moderna, la más grande historia jamás escrita, resulta que el Quijote no tuvo en nuestras letras ninguna repercusión. Por sorprendente que nos resulte, el Quijote NO creó escuela. No en España, al menos. La novela de Cervantes empezó a ser leída con curiosidad e interés a raíz de que los románticos la rescataran, intrigados por los elogios que de ella hacían los ingleses. Pero para entonces la novela ya era otra cosa, y la tradición que recogieron nuestros novelistas venía de Francia en la forma del «realismo». Así pues, la anécdota de Borges sobre el Quijote —del que decía que era «una mala traducción» del inglés, la lengua en que lo leyó en su infancia— no carece de cierta justicia.

martes, 9 de febrero de 2016

El secreto de la modelo extraviada, de Eduardo Mendoza

Nueva (ya quinta) entrega del detective loco de Mendoza, y en mi opinión la mejor con diferencia de la que podríamos llamar la «segunda época» de la saga. Las dos primeras entregas, El misterio de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas, aparecieron a finales de los 70, comienzos de los 80. Con ellas Mendoza se salió, escribiendo dos de las novelas más cómicas que nunca he leído. Los misterios que definen sus argumentos son en realidad sendos macguffins con los que justificar un retrato social en clave de humor de la Barcelona de la época. Las siguientes novelas, La aventura del tocador de señoras y El enredo de la bolsa y la vida, se demoraron veinte y treinta años respectivamente. Otra época, otra ciudad, otra gente, y las novelas habían perdido el fuelle inicial.

domingo, 3 de enero de 2016

Buenos presagios, de Terry Pratchett y Neil Gaiman

Decir que esta novela es una versión delirante del Apocalipsis sería una estupidez, porque la famosa comedia negra de San Juan (quien al parecer seguía una dieta de hongos en su prisión de Patmos) ya es bastante delirante de por sí. Lo que sí se puede decir de Buenos presagios es que es una versión mucho más divertida que la original. Terry Pratchett, famoso por su saga sobre Mundodisco, y Neil Gaiman, conocido novelista gráfico (en terminología hipster) por estos lares, son dos de los muchos autores que se han percatado de las posibilidades narrativas de la iconografía católica, cuyo libro fundacional parece escrito aposta como una colección de propuestas para guión de cómic. Y la mezcla que han hecho de humor british y fantasía sobrenatural desbocada les ha salido redonda.

lunes, 8 de junio de 2015

El asesino de la regañá, de Julio Muñoz Gijón

Parece que la moda de abundar en los tópicos está en alza. Empezó con aquello de por qué las chicas no saben leer mapas y los chicos no escuchan (que ha dado para muchos monólogos de El club de la comedia) y últimamente andamos por los 8 apellidos vascos y contando (por cierto, mentiría si dijera que no me reí con la película). Recrearse en los tópicos para hacer unas risas es un clásico. Hay en ello la doble moral de, por un lado, reírte de la tontería, y por otro concederle cierta credibilidad (si no no tendría gracia...). Recuerdo que cuando estuve viviendo en Amsterdan a finales de los 80 circulaba por allí un libro titulado The undutchables, en el que un inglés que había vivido años en Holanda se burlaba, con la saña del extranjero que los tiene que padecer, de todos los tics, manías y costumbres absurdas (para los de fuera) de los holandeses. Era un best-seller allí y ellos se partían el ojete comentándolo.

lunes, 26 de enero de 2015

Mi tío Oswald, de Roald Dahl

El tío Oswald es un personaje que aparece en dos cuentos de la recopilación El gran cambiazo, de Roald Dahl. Es un donjuán millonario que recorre el mundo sin más propósito que el muy loable de follar todo lo que pueda, y no más de una vez (dos, si la ocasión lo merece) con cada mujer. Como es de imaginar, sus aventuras dan para llenar varios volúmenes, y eso es lo que ha hecho, escribiendo unos diarios con sus hazañas, que ahora obran en posesión de su sobrino. Es éste quien nos habla del personaje y quien extrae los mencionados relatos de dichas memorias. En el momento en que escribe, su tío ha desaparecido sin dejar rastro, y es uno de los relatos el que da la pista de su paradero.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Memorias de un merodeador estelar, de Carlos Saiz Cidoncha

Allá para primeros de año dio por caer en mis manos la novela de Mendoza El último trayecto de Horacio Dos. Comoquiera que lo ignorara todo de la susodicha dediquéme, como tengo por costumbre hacer ante la tesitura de leer (o no) otras ignotas novelas o escritos de cualquier naturaleza, a navegar por el proceloso ciberoceáno a la búsqueda de alguna referencia o comentario que me animaran a o previnieran de leer esta novelita del maestro. Entre muchas opiniones a favor y en contra (más de las últimas que de las primeras, me temo) topéme con un blogero en cuya crónica la comparaba con otra llamada Memorias de un merodeador estelar, de un tal Carlos Saiz Cidoncha, a quien llamaba «el buen doctor», y aseguraba que la comparación en nada favorecía a la de Mendoza, siendo la de Cidoncha —afirmaba— mucho mejor novela y mucho más divertida. Quedéme pues con la copla, aunque decidíme, pese a todo, a leer el Horacio Dos, pues me dije a mí mismo que qué sabrá un bloguero para poner a Mendoza a la altura de un desconocido, ¡y que era Mendoza, qué carajo! El resto ya lo sabéis por este blog, y me alegra decir que discrepé de tanta opinión adversa.

sábado, 30 de agosto de 2014

El perfeccionista en la cocina, de Julian Barnes

Julian Barnes llegó tarde a la cocina. Como cuenta en el prólogo, es de una generación en la que la cocina era un dominio exclusivo de las mujeres y los hombres no tenían ni idea de lo que allí (literalmente) se cocía. Para cuando se interesó ya era tarde para ser lo que el llama un cocinero intuitivo, así que su destreza depende fundamentalmente de los libros de cocina. Que sea, además, un perfeccionista es un rasgo de carácter (una inseguridad más bien), y ambas cosas juntas son terreno abonado para la anécdota.

jueves, 10 de abril de 2014

Memorias póstumas de Blas Cubas, de Joaquim Maria Machado de Assis

Machado de Assis nació en Brasil, en 1839, hijo de un pintor (de paredes) mulato descendiente de libertos y de una lavandera de Azores, que tabajaban a jornal en la casa de la viuda de un senador del imperio. De salud frágil, epiléptico y tartamudo, apenas se sabe de su infancia más que no fue a la escuela. A pesar de ello, aprendió francés con el dueño de la pastelería donde empezó a trabajar, y, de manera autodidacta, adquirió rápidamente una sólida formación intelectual que le permitió ascender socialmente, siendo primero cronista de un periódico, después tipógrafo y por último funcionario del Ministerio de Obra Públicas. Quien lo conoció dice de él que era elegante en el vestir, de gesto lento y pocas palabras, y que «[t]odo en él concordaba con la gravedad del hombre distinguido y del alto funcionario, [...] nada en él ofrecía el vigor de los que se hacen a sí mismos, el ímpetu de los victoriosos». En suma «su aspecto era el de un hombre perfectamente bien hallado» (las citas están sacadas de la Introducción de Lucia Miguel Pereira). Nada, pues, en su aspecto o su biografía lo delata como autor de una novela tan rompedora como las Memorias póstumas de Blas Cubas.

lunes, 13 de enero de 2014

El último trayecto de Horacio Dos, de Eduardo Mendoza

Eduardo Mendoza tiene dos facetas: una seria y otra cómica. En aquélla ha demostrado ser un novelista genial, uno de los mejores en nuestra lengua, pero curiosamente, según avanza su edad, parece irse decantando más por está. Incluso los libros que, como Riña de gatos, no deberían, por su temática, ser humorísticos, lo son (y mucho). ¿Será que ha decidido que la realidad es tan absurda y ridícula que sólo tiene sentido acercarse a ella a través del esperpento? No lo sé; ahí lo dejo para los críticos sesudos. En todo caso, esta novela se alinea con las del detective innombrado (el de la cripta embrujada y demás), con Sin noticias de Gurb o con El asombroso viaje de Pomponio Flato. Y quizá sea la más absurda de todas, porque ni pretende ser una crítica (el Gurb lo es, y con muy mala leche) ni hace ninguna concesión al realismo (real o imaginado). Se podría decir que es de «ciencia ficción» si La guía del autoestopista galáctico (a la que recuerda mucho) se considera ciencia ficción; pero puestos a buscar referencias, su planteamiento me recuerda a Los viajes de Gulliver y también le encuentro conexiones con Ciberíada.

sábado, 26 de octubre de 2013

Hablando del asunto, de Julian Barnes

Creo haber dicho ya que una vez oí a Borges decir que todos los argumentos estaban en la Odisea. Bueno, yo no recuerdo ningún triángulo en la Odisea. Tal vez será porque la dejé a medias (me aburrió tanto recitativo), aunque, ¿quién no conoce el argumento de cabo a rabo? Y no hay triángulos, ¿verdad? A lo mejor no dijo la Odisea; a lo mejor dijo Homero. ¡Ah! ¡Ahí ya sí! ¡Menelao, Helena y Paris! La Ilíada. Sí, seguro que dijo Homero... ¡Pues va a ser que tampoco! La Ilíada (ese monumento a la épica, que sí he leído entero y que merecería una reseña en este blog, pero una de las buenas) NO trata del famoso triángulo, sino del cabreo de Aquiles con Agamenón por un quítame allá una esclava (¿esto se podría considerar un triángulo?) Y a propósito de triángulos: ¿os habéis percatado que de los dos posibles, el XYX y el YXY (se entiende, ¿no?), sólo es este último el que inunda la literatura universal? Habría mucho que decir de la naturaleza humana partiendo solamente de esta observación.

sábado, 13 de abril de 2013

Marciano, vete a casa, de Fredric Brown

Luke Deveraux es un exitoso escritor de ciencia ficción que en las primeras horas de la noche del jueves 26 de marzo de 1964 se encuentra bebiendo solo en mitad de la nada, en una cabaña que le ha prestado un amigo con el fin de que tenga la tranquilidad mental como para romper el bloqueo que le impide encontrar un argumento para su nueva novela, de la cual ya prácticamente se ha comido el anticipo que le había dado su editor. Bebe de forma rutinaria, tanto para olvidarse de su agustiosa situación, como para liberar la mente y dejarla que encuentre el ansiado argumento. Se ha obligado a leer y está comenzando su segunda copa.

sábado, 19 de mayo de 2012

El enredo de la bolsa y la vida, de Eduardo Mendoza

Cuarta entrega de la saga del detective loco (cuyo nombre sigue siendo un enigma) que protagonizó El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas y La aventura del tocador de señoras. Quienes hayáis leído esas novelas ya sabréis de qué va esta: un misterio más o menos absurdo es resuelto por nuestro protagonista de una manera rocambolesca creando infinidad de situaciones grotescas y ridículas e interaccionando con personajes pintorescos, extraídos normalmente de entre lo más tirado de la sociedad. Esa descripción se ajusta a cualquiera de las cuatro entregas. Lo que diferencia a las dos primeras de las dos últimas es el paso del tiempo.

domingo, 15 de abril de 2012

España, perdiste, de Hernán Casciari

De todos es conocida la tendencia de los mediterráneos a la hipérbole. Andaluces, italianos, griegos... todos hacen de la exageración un arte. Una parte de esos exagerados italianos emigraron tiempo ha a la Argentina, y los espacios abiertos de la Pampa fueron un acicate a la innata tendencia, que allí alcanzó límites insospechados. Por eso hay una porción de argentinos —aquellos que, como este autor, lucen un apellido italiano— para quienes la exageración es el tono neutro. Son estos individuos que lloran de alegría ante un bote de dulce de leche, que se arañan la cara y se rasgan la camisa cuando su equipo pierde un partido, que subliman el insulto espetando un "la puta madre que los recontramil parió", o que juran que jamás en su vida vivirán en otra parte del mundo, y eso a pesar de que su país —y ellos mismos lo admiten— no para de porculizarlos.

Hernán Casciari era (y es) uno de estos argentinos. Y llevado por una de las muchas contradicciones que, por fuerza, abundan en la vida de estos seres, siendo ya un argentino de pro se enamoró en un chat de una catalana, se casó y tuvo una hija con ella, y, rompiendo su juramento de juventud, se fue a vivir a Barcelona donde, según tengo entendido, sigue viviendo actualmente. Cuando uno de estos superargentinos se desarraiga de tal modo de su patria —y voluntariamente además—, se rompe el equilibrio que mantiene controlada su hiperbolicidad, y ésta se infla hasta el punto de que puede hacerlos explotar. Para evitar tal desastre nuestro protagonista decidió abrir un blog que le hiciera de válvula de escape. Un blog en el que expresar toda su frustración y su nostalgia. Un blog donde promenorizar todo su odio contra las múltiples pequeñeces que hacen de España un lugar tan distinto de Argentina. Un blog donde hacer el parte de guerra de una contienda contra un enemigo que ni siquiera es consciente de serlo. Y así nació España, perdiste, justo en el momento en que, cautivo y desarmado el ejército argentino y a punto de claudicar y volver a su patria por la carencia de dulce de leche, La lechera decide que hay mercado suficiente en España y lanza este producto, para regocijo de argentinos desarraigados, a quienes proporciona el balón de oxígeno que necesitaban para poder sobrellevar su precaria subsistencia de argentinos desarraigados en un país hostil. Así comienza su blog, en las propias palabras de Casciari.

Lo que yo he leído no es el blog, sino el libro. Yo tuve noticia de él muy tarde, por algún comentario que leí en Menéame. Leí algunas entradas, me reí a placer, y supe que el blog se había convertido en libro y que circulaba descargable por la red. Él mismo cuenta la historia en una magnífica charla TED donde critica abiertamente el papel de sanguijuelas que ejercen las editoriales y su nefasto efecto sobre la creatividad, a la vez que explica su experimento para sobrevivir como autor al margen de ellas.

Casciari escribe muy bien. Y, dotado de ese innato arte para la hipérbole, es muy gracioso. Sabe manejar la exageración como recurso expresivo: con ella es capaz de hacer divertida una historia dramática, o dejar traslucir amor en un relato de odio, o mostrar simpatía expresando desprecio. En sucesivos capítulos nos cuenta cómo echa de menos los bidés argentinos; cómo conspira para que su hija, destinada a aprender catalán, aprenda a decir ché; cómo odia a los que se atreven a glosar a Borges; cómo le desconciertan las navidades heladas, o cómo su imagen idílica de la Argentina se le cae cada vez que va allí de visita. También, como observador externo, señala algunos de los vicios patrios que más le avergüenzan como ciudadano español obligado. Y por último, de vez en cuando se descuelga con alguna ocurrencia disparatada. En particular, recuerdo un capítulo sobre inventos destacados de la humanidad con el que he llorado de risa.

Personalmente creo que hay pocas cosas más graciosas que un argentino exagerado, en especial uno que, como éste, está dotado de un gran sentido del relato. Debe de ser un gran conversador. Y definitivamente es un tipo que me cae bien. Si queréis reíros, os recomiendo leeros el libro. Tiene pasajes memorables. Por mi parte, creo que no va a ser la última vez que aparezca una entrada de Casciari en el blog.

domingo, 10 de julio de 2011

La tienda de los suicidas, de Jean Teulé

No recuerdo cómo llegó a mi kindle esta novela (vamos, la puse yo, claro, pero no recuerdo por qué). No recuerdo si hace referencia a ella Pennac en Como una novela o si leí alguna reseña en algún blog. El caso es que andaba buscando algo corto para leer y este libro cumplía el requisito.

Parece que la narrativa francesa moderna está dominada por una iconografía común, algo que podríamos denominar el universo Delicatessen, por la película de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro. Las novelas de Fred Vargas (algunas de las cuales he comentado en este blog), La felicidad de los ogros, de Pennac, esta novela... Todas comparten algunas características comunes. Aunque no todas son de género fantástico, como la película o esta novela, en todas encontramos personajes raros, comportamientos friquis, algo de humor negro... Características, todas ellas, que (yo creo) fueron el éxito de la película.

La novela es una fábula que ocurre en un futuro donde los peores augurios se han cumplido (casi no hay capa de ozono, la tierra se ha calentado de más, los políticos no paran de cometer desaguisados...) y el panorama que enfrenta la gente es deprimente. Tanto es así que la actitud pesimista se ha vuelto respetable y el suicidio está socialmente bien considerado. En este mundo una familia, un matrimonio con tres hijos, regenta una tienda en la que venden todo tipo de métodos de suicidio. La tienda es lo mejor de la novela, porque algunos de los métodos, que el autor va desgranando capítulo a capítulo, son delirantes. La familia, como toda la gente bien, es depresiva, pero hete aquí que el hijo pequeño, fruto de una prueba con un condón pinchado, ha salido un optimista empedernido, para desesperación de sus padres y martirio de sus hermanos. Este es el esquema argumental de la fabulita.

No sé qué decir de este libro. Durante los dos primeros capítulos me pareció muy ingenuo, un poco tontorrón. Luego me enganché (la tienda tiene su gracia) y, como es corta, me la leí del tirón. En mi opinión, es una historia que se disfrutaría más con treinta años menos (sí, soy bastante viejuno), pero puedo reconocerle sus méritos. Internet no duda en calificarla de hilarante humor negro; negro sí es, no cabe duda, ahora hilarante... Yo no me he desternillado, pero confieso que se lee con la comisura izquierda levantada.

En fin, aquí la dejo. Si estáis buscando algo que leer y os da flojera arrancaros con algún tocho, le podéis dar una leída. No os llevará más de uno o dos días (depende del tiempo que tengáis para leer). A lo mejor os hace gracia.

jueves, 28 de octubre de 2010

Maldito karma, de David Safie

Confieso que me da un poco de vergüenza hacer esta entrada. Sí, me lo he leído. Sí, ya sé lo que pone la contraportada: una presentadora de televisión famosa que se muere y se reencarna en hormiga, básicamente porque ha sido una hija de puta con todo el mundo y ha pasado ampliamente de su marido y su hija. "Divertidísimo", añade (o algo parecido). Debí desconfiar del "divertidísimo". Ya me leí otro libro "divertidísimo", Wilt, y no me hizo ni puta gracia. Es más, me pareció un soberbio coñazo. Y eso que el autor es inglés, nacionalidad del humor idem, de los Monty Python (eh... bueno, también de Benny Hill; aunque a mí me hacía gracia). Si he de confesar, el único libro con el que recuerdo haberme descojonado de verdad es con The God delusion, de Dawkins. Tengo que admitir que, para humor inglés con mala hostia, como Dawkins no hay otro. Pero es que además, el autor del libro del que estoy escribiendo es alemán. Y todos sabemos cómo es el sentido del humor alemán (¿conoce alguien una comedia alemana?). Lo más hilarante que han producido es la Crítica de la razón pura.
En fin, que a todas luces elegí mal. Pero es que estoy en un momento que me pareció que lo único que podía leer era alguna chorrada de este calibre. El libro está escrito como una comedia de Hollywood de sábado por la tarde (que es la versión americana de Cine de Barrio), y no me extrañaría que dentro de unos años la veamos algún sábado por la tarde en la tele. Apostaría a que ya ha comprado los derechos algún productor. Porque, lo creáis o no, este libro se vende como rosquillas en todos los idiomas...