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miércoles, 2 de julio de 2014

Una novelita lumpen, de Roberto Bolaño

Me pasó algo curioso cuando acabé 2666: no me apetecía leer nada. Todo me parecía, por comparación, insulso. Es tan inmensa esa novela (en todos los sentidos) y su interrupción final te deja tan en coitus interruptus, que en realidad lo único que me apetecía era seguir leyendo a Bolaño, y no lo hice por el miedo a saturarme. Así que hice lo que suelo hacer en esos casos: leer ensayos, relatos y novelas policiacas o de ciencia ficción para volver a coger ritmo. Y cuando lo recuperé me dije que ya era hora de retomar a Bolaño, y elegí, al azar, una de las novelas suyas que aún me quedan por leer. Le tocó el turno a Una novelita lumpen... y me equivoqué.

lunes, 14 de octubre de 2013

Monsieur Pain, de Roberto Bolaño

A Bolaño hay que entrarle por los grandes.

Este blog se ha declarado bolañista en varias ocasiones. Yo lo descubrí en Los detectives salvajes (tuve ese afortunado acierto) y le dediqué un apasionado elogio (a mi edad ya no es frecuente toparse con una obra maestra, y de esa calidad). Susanna hizo una inspiradísima reseña de 2666. Y el blog le ha dedicado algunas entradas más, en casi todas las cuales Bolaño sale a hombros por la puerta grande.

Esta vez no va a ser una de ellas.

lunes, 6 de mayo de 2013

La pista de hielo, de Roberto Bolaño

Cada vez es más frecuente que los grandes novelistas tonteen con la novela de crímenes. Pese a ser un género “menor” (ya el ser un género resulta menor en la literatura), su gran éxito es una tentación para cualquiera. Claro que cuando se atreven lo hacen a su manera, y es frecuente que escriban grandes novelas, en las que los personajes y sus conflictos son el verdadero argumento, y la trama criminal resulta, a lo sumo, un marco pintoresco (tal es el caso, por ejemplo, de Blanco nocturno o de Me llamo rojo, ambas comentadas en este blog). La pista de hielo es la versión de Bolaño de este experimento.

martes, 26 de febrero de 2013

2666, de Roberto Bolaño

Inabarcable. He acabado de leer esta novela, o debería decir novela de novelas que no sé bien si debo repensar como historias en paralelo, secuenciales o, mejor, unas dentro de otras, y esa es la primera palabra que se me ocurre para describir mi sensación. Concluyo, no sin un buen grado de satisfacción, la lectura de la última frase —apuntaré aquí que el libro tiene 1119 páginas—, y me doy cuenta de que querría volver a empezar. Porque, debo reconocerlo, me he perdido. No es que no haya entendido, es que el camino ha sido tan largo y complejo, tan arbóreo, tan prolijo en detalles inesperados, que no recuerdo. Bolaño me ha trajinado por el tiempo, los paisajes y las sensaciones de los personajes, dentro y fuera de multitud de vidas, me ha concedido el arrebato animal para empujarme después a la reflexión que despoja a la pasión de su encanto, y al final me ha quedado el eco de una borrachera de individuos, la depresión de la realidad sin endulzar, el vértigo de un momento en una vida que puede a la vez ser niñez, adultez (que no madurez) y senectud. Y, si quisiera entender algo, comprendo que debería volver a empezar. Porque, además de todo lo anterior, 2666 acaba unos pocos días antes de su comienzo.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño

Tormenta de mierda, como se habría llamado esta novela de no haber mediado un editor, es una novela corta, hipnótica y opresiva. Un cura chileno del Opus Dei decide contar su vida, a modo de contrición, postrado en una cama al borde de la muerte. Ya ordenado sacerdote, la obsesión de su vida es la literatura, lo que le lleva a hacerse crítico literario y poeta. Todo el foco de la novela gira en torno a esta obsesión, porque su baza es la expiación a través de la estética. Al contarnos su vida nos cuenta la historia reciente de Chile, y en su narración observamos cómo el protagonista cruza por ella mirando siempre hacia otro lado, hacia el lado de la literatura. De joven entabla amistad con otro crítico literario, un latifundista amigo de Neruda llamado Farewell. En su fundo se topa por primera vez con la realidad: los campesinos del fundo, unos seres espectrales que lo veneran por lo que es, y por primera vez vuelve la espalda a la realidad y se refugia en el mundo artificial que se ha creado en torno a la literatura. No será la única. Asiste al ascenso de Allende y el golpe de Pinochet refugiado en los clásicos griegos; acepta un contrato para dar clases de marxismo a la Junta, unas clases que, el propio Pinochet le explica, tienen como objetivo conocer al enemigo; y durante la represión asiste con asiduidad a unas reuniones literarias en casa de una tal María Canales. Y allí la realidad le explota en la cara. En su lecho de muerte la culpa lo ahoga, lo que lo lleva, medio justificación medio expiación, a relatarnos estos hechos.

La narración es increíble. Bolaño es un mago de la prosa. La novela está contada desde ese punto de vista desencuadrado que evita que esta sea una novela más sobre la dictadura chilena: la elección del personaje, las historias que nos cuenta, la forma de contarlas, la obsesión literaria... todo hace que sea el paisaje de fondo y no la historia principal el verdadero tema de la novela. Es esa forma de narrar por complementariedad que ya empleaba en Los detectives salvajes, como en esos dibujos de fondo y forma donde lo que vemos es una copa y lo que en realidad hay dibujado son dos caras. El texto está lleno de símbolos y de metáforas; hasta los hechos más intrascendentes nos están diciendo algo. Y el ritmo... el ritmo es espectacular. Alterna las frases breves con frases gigantes que duran páginas enteras y que arrastran la narración en una tensión creciente que termina resultando agobiante.

No se le puede pedir más a un relato de ciento cincuenta páginas.

jueves, 23 de febrero de 2012

El Tercer Reich, de Roberto Bolaño

El Tercer Reich es una novela inédita de Roberto Bolaño escrita en 1989 y publicada en 2010, siete años después de su muerte. Esta obra levantó sospechas, naturalmente, ante la posibilidad de que sus herederos hubieran rescatado cuatro notas o unos relatos inacabados y armado con eso esta novela. Por lo que he leído no ha sido así. Sin embargo, a mí no me ha gustado tanto como otras obras de Bolaño, como El gaucho insufrible, o Llamadas telefónicas. No he leído Los detectives salvajes, que también fue reseñada en este blog. Me quedan ganas de seguir leyendo a este autor, y en algún momento tendré que atreverme con 2666, que me mira desde la estantería... Por otra parte, debo decir que compré El Tercer Reich en Valencia el viernes pasado (sí, otra vez en papel) y lo acabé el domingo por la tarde. Así que algo tendrá.

Udo e Ingeborg forman una joven pareja de alemanes que pasan sus vacaciones en la Costa Brava. En sus primeros días de estancia traban amistad con otra pareja de alemanes (hasta aquí parecería un relato estándar, ya sabemos que dios los cría...) y también conocen a algunos personajes curiosos del pueblo. Pero, siendo Bolaño, ninguno de los perfiles que aparecen es trivial: cada cual tiene su lado oscuro, su parte triste, su aceptación de una vida anodina en la frontera de la desgracia, su rechazo a llamar amigos a esos individuos que circunstancialmente han aterrizado en sus vacaciones. La historia está revestida en ocasiones de una aparente inocencia que flirtea con la maldad, todo se mueve en un gris oscuro que a medida que el relato avanza atrapa a los personajes. Como decía la Reina Roja: "hay que correr para permanecer en el mismo sitio". Los protagonistas de esta novela no se mueven, y poco a poco se hunden.

El buen tiempo, el sol, el baile y la playa tienen su contrapunto en la pasión de Udo: los juegos de guerra. De ahí viene el nombre de la novela. El Tercer Reich es un juego que articula las relaciones entre los personajes y ofrece un mejor escenario que el tiempo de vacaciones, que a uno se le antojaría que es un decorado de cartón piedra, mientras que la realidad se dirime en el tablero de juego, a base de estrategia y metáfora.

Creo que este es un libro que ofrece múltiples lecturas. El Quemado, el Cordero y el Lobo no son solo los nombres de los personajes. La descripción de batallas pasadas con la enumeración de sus generales no es un ejercicio de memoria o un alarde de sapiencia histórica. La tensión entre Udo y Frau Else, un icono de sus vacaciones de infancia, no representa la añoranza de un pasado pueril y feliz. Nada es lo que parece, pero es potestad de cada lector rebuscar entre sus imágenes para reescribir, en palabras propias, lo que esta novela sugiere.

lunes, 17 de octubre de 2011

El gaucho insufrible, de Roberto Bolaño

Al parecer, el grueso de la producción de Roberto Bolaño son relatos. Bolaño escribió mucho durante su vida; escribía compulsivamente, llenaba cuadernos y cuadernos, y escribía de todo: diarios, reflexiones, cuentos, poemas... Una parte de ese material que escribía incansablemente acabó integrado de una forma u otra en sus obras. Por eso su forma favorita es el relato: hasta sus novelas están construidas sobre relatos. El gaucho insufrible es una de las múltiples colecciones de relatos de Bolaño que se han publicado. Y en mi opinión, una colección bastante desigual. Las narraciones que componen este libro están escritas en muy diversas claves, desde el cuento intimista, casi poético, hasta la reflexión pura y dura; desde el cuento borgianos a la feroz crítica literaria. No todos me han gustado: los hay que me han dejado frío, o que me sobrepasan o que me parecen demasiado obvios. Pero también hay algunos que me parecen brillantes. En particular destacaría dos, que a mi modo de ver son los más auténticos porque en ellos habla Bolaño por su propia boca: el que se titula Literatura + enfermedad = enfermedad, en el que nos cuenta su vivencia de la enfermedad hepática que lo llevó a la tumba mientras esperaba un trasplante, y el que se titula Los mitos de Cthulhu, donde da cera a la "literatura" española actual con una ironía y una mala hostia magistralmente administradas.

De todos modos, lo más impresionante de Bolaño es cómo escribe. Lo lees y su prosa parece sencilla, sin excesivos artificios, casi natural; pero cuando lo piensas bien y la relees con cuidado te percatas de que nada hay en ella dejado al azar. Como en el último Borges. No es trivial escribir así, lo fácil es caer en el preciosismo, el adjetivo rebuscado, el retruécano, el barroquismo (como me ocurre a mí cuando me dejo llevar, vaya). Para llegar a escribir así hay que trabajar duro. Y no todos lo consiguen. Eso sí, el resultado lo merece.

viernes, 19 de agosto de 2011

Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño

Acabo de leer una obra maestra.

Llevaba tiempo rondando a Bolaño, pero no me acababa de atrever con él. Había cosas a su alrededor que me echaban para atrás. Por un lado, la forma tan explosiva en que irrumpió en el mercado, una vez muerto (lo cual huele mal, con perdón); por otro, su obra más famosa, 2666, es una obra inacabada (lo que recuerda a lo que pasó con Eyes wide shut), y finalmente, en un vistazo diagonal no parecía un autor fácil. Y en efecto, no lo es. Pero eso es porque es uno de los grandes, de los que aún hoy son capaces de inventar nuevas formas de escribir novelas. Ahí es nada.

Decidí empezar por Los detectives salvajes porque  es, al parecer, su primer gran éxito y es una novela acabada (a priori me dan miedo las obras inacabas; creo que sólo las puedes apreciar si ya tienes cierta familiaridad con el autor). Además, me la había recomendado Yuri, que suele ser fiable en lo tocante a lecturas. Confieso que no reconocí lo que tenía entre manos hasta bien metido en la novela, y de hecho estuve a punto de dejarla al acabar la primera parte, sorprendido de estar leyendo lo que parecía una pieza más del sobado género "putas, yonquis y maricones" que ha consagrado nuestro amado cine. Pero inexplicablemente seguí y me alegro de haberlo hecho.

Contar de qué va la novela no es fácil. En principio es la historia de un pequeño grupo de poetas radicales (en sus poemas y en su actitud hacia el establishment; en una ocasión planean raptar a Octavio Paz sólo por joder) de mediados de los 70 que siguen una tendencia que denominan realismo visceral (o real visceralismo, término en que se acaba transformando a lo largo de la novela). El grupo dura muy poco y apenas queda memoria de él, y la novela sigue los avatares de sus integrantes (en el fondo una panda de "colgaos" que se buscan la vida, con mayor, menor o nulo éxito) hasta 1996. Pero la novela es mucho más compleja, y este resumen apenas dice nada de ella.

Para empezar, en buena medida se trata de una autobiografía. Los dos protagonistas, los creadores del grupo de realvisceralistas, son dos personajes que parecen vivir por y para la poesía, y subsistir a base de trapichear: Ulises Lima y Arturo Belano. La analogía de Belano con Bolaño y el hecho de que, como éste, aquél es también un chileno afincado en el DF, ya sugieren el carácter autobiográfico. Además, indagando luego he leído que Ulises Lima era Mario Santiago, el mejor amigo de Bolaño en el DF, y que otros personajes de la novela tienen una contrapartida real. Algunos incluso (el caso de Monsiváis o de Octavio Paz) aparecen con su propio nombre. Y en efecto, la novela es, en gran medida, una autobiografía, con todas las salvedades que conlleva el hecho de que, en última instancia, es una obra de ficción (quiero decir que muy probablemente hay hechos alterados, inventados o atribuidos a otra gente, y que a las claras el final de la novela es ficción, por ejemplo). Parece que incluso el realismo visceral existió realmente, como una rama desgajada del surrealismo denominada infrarrelismo, en cuyas filas militó Bolaño. Buena parte del contenido de la novela gira en torno a la poesía, los poetas (en especial los mexicanos), el arte y la literatura. Los personajes alaban y critican autores y tendencias, en tonos agresivos, sarcásticos, elogiosos, cómicos... y me da que mucha de la crítica y la alabanza reflejan las opiniones de Bolaño. Memorable el capítulo en que un personaje clasifica a los poetas en maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Yo no conozco ni la cuarta parte de los autores que menciona, pero a aquéllos que conozco el calificativo les va (me refiero a su estilo, con quién follaban es cosa de ellos). Incluyo una cita para que os hagáis una idea:
"Dentro del inmenso océano de la poesía distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas."
Yo no soy capaz de hacer una crítica de la obra de Bolaño que mejore la que ya hizo Jorge Volpi en Mentiras contagiosas (obra que ya comenté en este blog), así que me limitaré a hablar del aspecto que para mí hace de esta novela una obra maestra (y en el que Volpi no entra): su construcción formal. Vayamos a ello. Hay dos formas básicas de escribir una novela: en tercera persona, adoptando el punto de vista clásico del realismo del lector omnisciente o el del protagonista, o en primera persona, que a menudo es la voz del protagonista, pero a veces cuenta la historia un personaje secundario. Incluso hay casos más originales (como Juego de tronos) en que el relato está en tercera persona, pero se adopta el punto de vista de diversos personajes, lo que da un interesante juego de perspectivas. Pero esta novela inventa una técnica que va mucho más allá: aquí la historia la cuentan multitud de personajes, algunos secundarios y otros absolutamente casuales, pero es que además la cuentan sin contarla; es decir, lo que cuentan es su propia historia, sólo que esta historia involucra a los protagonistas (a veces no más que circunstancialmente) y así sabemos de ellos sin que en realidad nadie nos esté contando nada. Las historias particulares tienen interés en sí mismas, nos hablan del DF, de México, del mundo, de las glorias y las miserias humanas, del arte, de la poesía, nos cuentan cosas divertidas, nos hablan con nostalgia, con dolor, con miedo, con vergüenza, relatan amores, traiciones... Cada personaje que interviene, aunque no aparezca más que esa vez, habla con voz propia. Y a medida que nos hablan de ellos vamos reconstruyendo la historia de nuestros protagonistas. Como si de un sistema complejo se tratara, nuestra historia, el hilo conductor de la novela, emerge de un montón historias individuales que en apariencia nada (o muy poco) tienen que ver con ella. La novela es el coro, no las voces individuales, aunque cada voz cante su propia melodía. El resultado es espectacular. El más difícil todavía es la división de la novela en tres partes: la central es el 80% de la novela y donde transcurre este relato coral. La primera y la tercera son como dos paréntesis que acotan el relato, ambos fragmentos extraídos del diario de uno de los personajes más prescindibles de la historia, un chaval de 17 años, estudiante de derecho, que se une a este grupo de pirados y descubre con ellos la poesía, el sexo, la aventura y la muerte, y del que todo el mundo parece haberse olvidado por completo. El primero de esos fragmentos de diario sitúa la novela en contexto; el último es su colofón. Curiosamente ambos fragmentos ocurren entre 1975 y 1976, mientras que, como he dicho, el relato sigue la vida de los realvisceralistas a lo largo de 20 años. Estos juegos temporales son otro de los elementos fundamentales de esta novela, pero de eso habla Volpi mejor que yo.

Una novela imprescindible.