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martes, 4 de abril de 2017

El sueño de Galileo, de Kim Stanley Robinson

Hace unos meses andaba embarcado en la preparación de una conferencia para niños de 14-17 años (bueno no sé si llamarlos niños, que ya sabemos como se enfadan) sobre las matemáticas como lenguaje para describir el Universo. La idea era comenzar con los griegos hasta llegar a Newton y, obviamente, por el camino nos toparíamos con Galileo Galilei, una figura clave en la historia de la Ciencia.  El considerado para muchos fundador de la ciencia moderna es seguramente más conocido por su condena en 1633 por el Tribunal de la Inquisición en Roma (por defender la Teoría Heliocéntrica de Copérnico) y su famosa frase al final del juicio después de retractarse «eppur si muove» («y sin embargo se mueve») —que casi con seguridad nunca dijo— que por sus contribuciones a la ciencia moderna.

miércoles, 13 de julio de 2016

Limónov, por Emmanuel Carrère

«Limónov no es un personaje de ficción. Existe y yo lo conozco», advierte Emmanuel Carrère. Esta novela biográfica o biografía novelada reconstruye la vida de un personaje real que parece surgido de la ficción. Un personaje desmesurado y estrafalario, con una peripecia vital casi inverosímil, que le permite al autor trazar un contundente retrato de la Rusia de los últimos cincuenta años y al mismo tiempo aventurarse en una indagación deslumbrante sobre las paradojas de la condición humana. Poeta y pendenciero en su juventud, Limónov frecuentó los círculos clandestinos de la disidencia en la Unión Soviética, se vio obligado a exiliarse y aterrizó en Nueva York, donde vivió como un vagabundo, fue mayordomo de un millonario y escribió novelas autobiográficas. Siguió haciéndolo cuando se marchó a París y allí alcanzó notoriedad pública con una escandalosa novela sobre sus andanzas neoyorquinas por el lado salvaje. De allí pasó a los Balcanes, donde apoyó hasta las últimas consecuencias la causa serbia, y regresó después a la Rusia poscomunista para fundar un partido nacional bolchevique que fue prohibido. Él acabó en la cárcel, acusado de tentativa de golpe de Estado, y allí escribió más libros, tuvo una experiencia mística y al salir se convirtió en opositor a Putin.

lunes, 30 de mayo de 2016

Breve historia de Francisco Pizarro, de Roberto Barletta Villarán

Encontrar libros que hablen de la conquista de México por Hernán Cortés es fácil. Hay biografías, monografías, novelas... Por simetría, uno pensaría que la conquista del otro gran imperio americano, el Imperio Inca, debería tener una cobertura bibliográfica similar. Sin embargo no es así. Cuesta encontrar una biografía decente de Pizarro. Hay una interesante colección de divulgación histórica que la editorial Nowtilus lleva algunos años editando llamada «Breve historia». Todos sus títulos son Breve historia de [lo que sea], y están escritos por diversos autores. No son tratados profundos, sino que aspiran a divulgar de forma amena pasajes relevantes de la historia y sus protagonistas. En esta colección encontré lo que más se acercaba a lo que buscaba.

domingo, 13 de septiembre de 2015

El sistema periódico, de Primo Levi

Creo que fue el título lo primero que me llamó la atención de este libro, aunque la decisión de leerlo estuvo más motivada por la buena crítica que tiene, por los comentarios sobre su originalidad y porque Primo Levi es uno de los grandes autores italianos —y yo tengo cierta debilidad por gli autori. Tenía cierta prevención: Primo Levi estuvo en Auschwitz, y con el Holocausto me pasa como con la Guerra Civil: que ya me resulta cansino. El horror de la experiencia y la compasión por las víctimas nadie las cuestiona (nadie que puede llamarse humano), pero tanta película, tanto documental, tanta novela sobre el tema... a mí me han llegado a saturar. Ya sólo leo sobre esos temas muy dosificadamente y si preveo algún enfoque original. Y este libro parecía entrar en esa categoría.

domingo, 31 de mayo de 2015

El contable hindú, de David Leavitt

Esta novela es la historia, novelada, del genial matemático indio Srinivasa Ramanujan. La historia de Ramanujan es muy peculiar. Miembro de una casta alta en la India, era sin embargo tremendamente pobre. Tuvo una educación escolar mínima en particular en gran parte debida a que no era capaz de prestar atención a los rollos que le contaban en la escuela ya que su mente surcaba los mares de los números y sus propiedades desde su más tierna edad y eso, en una educación reglada y conservadora de su época (finales del siglo XIX y principios del XX) era inconcebible. Fue así como terminó de contable en el puerto de Madrás. Como era una mente incansable, pilló uno de los libros de texto de matemáticas más populares de la época A synopsis of elementary results in pure mathematics: containing propositions, formulæ, and methods of analysis, with abridged demonstrations, de G.S. Carr,  y se puso a estudiar por su cuenta las matemáticas ajeno a lo que se cocía en las grandes universidades europeas (en aquellos tiempos todavía los USA no pintaban mucho en ciencia). No debía de estar tan al margen del mundo pues escribió, que se sepa, al menos a tres grandes matemáticos de la época enviándoles sus hallazgos y pidiéndoles ayuda para poder dedicarse a las Matemáticas.

miércoles, 5 de enero de 2011

El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa

Quiero empezar esta entrada aclarando que me cuento entre los que opinan que este hombre merecía el Nobel de literatura desde hacía, por lo menos, 30 años. Conversación en La Catedral es una novela que, como Cien años de soledad, justifica un Nobel. Pero en el caso de Vargas Llosa, además, su producción cuenta con varias novelas extraordinarias: La guerra del fin del mundo, La fiesta del Chivo, Lituma en los Andes, o incluso alguna de las "menores", como Pantaleón y las visitadoras, merecen estar en cualquier lista de las mejores novelas de la literatura en lengua castellana.

Ahora bien, dicho esto también diré que desde La fiesta del Chivo no he vuelto a leer nada de Vargas Llosa que me entusiasme. Leí El paraíso en la otra esquina (aburrida), Las travesuras de la niña mala (interesante, pero sin más) y ahora El sueño del celta, una gran decepción.

En breve: la novela es un coñazo. Da un poco de remordimiento decir esto cuando uno lee que el autor se ha documentado durante años , viajando y leyendo, para escribir esta biografía de Roger Casement (1864-1916), un irlandés que, siendo cónsul británico, primero en el Congo Belga y luego en la Amazonía, denunció los abusos, vejaciones  y atrocidades a que eran sometidos los indígenas en las explotaciones de caucho. Al parecer, sus informes tuvieron una enorme repercusión en la opinión pública europea y consiguieron frenar los abusos. Pero me da la impresión de que lo que atrajo el interés de Vargas Llosa hacia este personaje es el giro radical que imprimió a su vida convirtiéndose en un militante extremista por la independencia irlandesa, una militancia que le llevó a sacrificar todo el prestigio y los honores ganados al servicio de la corona británica y a acabar juzgado por traición y ejecutado en la horca tras una revuelta irlandesa contra la ocupación británica.

Así contado el argumento puede sonar interesante, pero es la manera de narrar la historia lo que la vuelve un coñazo. En la novela se alternan los capítulos que cuentan la vida de Casement con los que narran su estancia en la cárcel en espera de la ejecución. Estos últimos, por cierto, los únicos interesantes porque son los únicos que elaboran las facetas más humanas de la personalidad del protagonista. Los demás son un mero relato biográfico, carente por completo de personajes (más allá del protagonista), pero también de momentos memorables. Incluso las atrocidades que se narran se describen con distancia, de manera que cuesta empatizar con las víctimas, como cuando en el telediario te cuentan los muertos en alguna catástrofe. Por otro lado, hay que admitirlo, el personaje resulta un redomado imbécil. Es admirable lo que hizo, desde luego, pero tiene la personalidad de un cretino. Al parecer fueron las atrocidades que presenció en el Congo las que lo convencieron de que había un paralelismo entre la ocupación belga del Congo y la británica de Irlanda (!). De hecho, a lo largo de los capítulos de la cárcel vamos descubriendo la elaboración del "mito irlandés", en la que él colaboró activamente; una manifestación de histeria colectiva teñida de romanticismo  hipertrofiado. En fin.

Total que el aburrimiento te va ganando poco a poco y te da el mazazo final cuando en la última parte de la novela el autor vuelve a contar la "experiencia irlandesa", de la que ya conoces todo lo relevante por lo que has ido descubriendo en la cárcel. Esa parte se hace tan cuesta arriba que incluso comprendes a los británicos cuando lo ahorcan.

Insisto, no quiero pecar de excesivamente duro con alguien cuya forma de trabajar me parece admirable y cuyo currículum lo acredita como uno de los mayores escritores en lengua castellana. Pero ciertamente no recomiendo esta novela a nadie.