Estoy leyendo a Ibargüengoitia al revés, y he llegado a ésta, su primera novela. Escrita en 1964, se trata de toda una declaración de principios. En aquellos años la narrativa mexicana estaba dominada por la «literatura de la Revolución», una novelística épica desarrollada por autores arropados por el régimen. El movimiento del crack, al que me he referido en este blog en varias ocasiones, fue una reacción en contra de esa forma estancada de la novela mexicana. Pero, como muestra esta novela, el fenómeno ya hastiaba en los 60. Porque (guardando las distancias) Los relámpagos de agosto son a la literatura de la Revolución lo que el Quijote a las novelas de caballería.
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sábado, 12 de diciembre de 2015
miércoles, 27 de agosto de 2014
Maten al león, de Jorge Ibargüengoitia
Publicado por
José Cuesta
No sólo he leído truños este verano. He aquí una novela que me ha gustado de un autor mexicano del que ya he hablado en el blog —a propósito de otra novela suya, Las muertas, que también me gustó, y mucho. Maten al león es una novela antigua, del 69, y pertenece a ese género tan propio de la literatura del boom: el de los tiranos (aunque en realidad lo inventó Valle Inclán). Pero esta novela tiene dos peculiaridades que la distinguen de cualquier otra «típica» del género. En primer lugar, es una comedia; negra, desde luego, porque el tirano es un malo maloso y un criminal, como todos los de su gremio, pero si Berlanga fue capaz de hacernos reír con El verdugo, era cuestión de tiempo que alguien le viera el lado cómico a una dictadura.
sábado, 14 de septiembre de 2013
La promesa de Kamil Modráček, de Jiří Kratochvil
Publicado por
José Cuesta
Brno, años 50, en plena era estalinista. Un famoso arquitecto, Kamil Modráček (no sé ni cómo poner la boca para pronunciar su nombre), está siendo interrogado por las actividades “subversivas” de su hermana —a saber, pintar cuadros al estilo Kandinsky. Kamil está bajo sospecha porque construyó un edificio famoso para un jerarca nazi durante la era Heydrich (es curioso, justo antes de este libro me leí HHhH); un edificio que tiene planta de cruz gamada, pero de tan impresionante factura que nadie se ha atrevido a demolerlo. Desde entonces se ha “portado bien”, construyendo por encargo y ajustándose al estilo socialista. Tanto, que está convencido de que los interrogatorios no tienen más propósito que el de incordiarle. Pero la historia se tuerce un día en que le comunican que su hermana ha sido arrestada por actividades anticomunistas y que tras los interrogatorios se ha suicidado en la celda. Para colmo, le entregan el ataúd sellado y le impiden ver el cadáver. La novela es a la vez la historia de la venganza de Kamil y la realización de su gran sueño arquitectónico.
jueves, 30 de agosto de 2012
La vida ante sí, de Émile Ajar
Publicado por
José Cuesta
La única actitud sensata ante la fatalidad es el humor negro, y en ese género esta novela es una obra maestra.
Dejadme que os hable primero del autor. Émile Ajar es, en realidad, el pseudónimo de Romain Gary, el único escritor que ha ganado dos veces el premio Gouncourt, que sólo puede concederse una vez: una en 1956 como Romain Gary, por Las raíces del cielo, y otra en 1975 como Émile Ajar, por esta novela. Gary inventó un personaje para dar cuerpo al autor de La vida ante sí, a la manera del Kaplan de Con la muerte en los talones, y consiguió intrigar a todo el público. Tuvo que hacer que su cuñado apareciese ante al prensa como Émile Ajar para darle una cara al enigmático autor. Romain Gary era ruso y nació en 1914 en Moscú, como Roman Kacew. Valentí Puig, el prologuista de esta edición, lo describe así:
Dejadme que os hable primero del autor. Émile Ajar es, en realidad, el pseudónimo de Romain Gary, el único escritor que ha ganado dos veces el premio Gouncourt, que sólo puede concederse una vez: una en 1956 como Romain Gary, por Las raíces del cielo, y otra en 1975 como Émile Ajar, por esta novela. Gary inventó un personaje para dar cuerpo al autor de La vida ante sí, a la manera del Kaplan de Con la muerte en los talones, y consiguió intrigar a todo el público. Tuvo que hacer que su cuñado apareciese ante al prensa como Émile Ajar para darle una cara al enigmático autor. Romain Gary era ruso y nació en 1914 en Moscú, como Roman Kacew. Valentí Puig, el prologuista de esta edición, lo describe así:
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