domingo, 10 de abril de 2011

Elogio de la madrastra y Los cuadernos de don Rigoberto, de Mario Vargas Llosa

 

Esta vez traigo, no uno, sino dos libros simultáneamente a este blog. La razón la explicaré más adelante. Empezaré diciendo que leí Elogio de la madrastra hace mucho tiempo. Yo soy asiduo seguidor de Vargas Llosa; me gustan mucho bastantes de sus novelas, e incluso alguna, como ya he comentado en este blog, me parece una obra maestra de la literatura universal. Pero este libro me decepcionó bastante. Es una novela corta o un relato largo, como se quiera ver. El libro apareció en la colección La sonrisa vertical (cuyo título explica su temática), y cuando lo acabé de leer me dio la impresión de un libro escrito por encargo de la editorial por razones de marketing, para promocionar la colección o para darle un tinte de distinción literaria. Y como encargo, me pareció una obra para salir del paso. Por supuesto tiene cierto nivel, este hombre sabe escribir, y aun siendo corta tiene personajes convincentes y una trama. Pero a mí me parecio dos cosas: excesivamente corta para el argumento que propone (que yo creo que podría haberse elaborado más, creando una tensión progresiva hasta el desenlace), y excesivamente barroca, que es el peligro en que incurren los escritores de Literatura (con mayúscula) cuando trabajan el género erótico. Total, como digo, decepcionante. Más adelante vi publicada Los cuadernos de don Rigoberto, y como sabía que este personaje procedía de la novela de la que estoy hablando (cosa que confirma la contraportada) me dije "más de lo mismo" y no hice ni intento de leerlo.

Pero hace algún tiempo Yuri me dijo que, coincidiendo conmigo en la valoración de Elogio de la madrastra, Los cuadernos de don Rigoberto le había gustado. Así que me decidí a darle una oportunidad y hace poco la leí. Esta novela es otra cosa. Aparentemente es la continuación de Elogio de la madrastra; en realidad, es una reescritura de la misma. Es el mismo género y un giro más sobre el mismo argumento. Es también barroca, pero de otra manera distinta, más interesante y más justificada tal vez. Pero lo que a mi juicio es en realidad, es una "disculpa" por Elogio de la madrastra. Es, yo creo, lo que esa novela debió ser y no fue, probablemente porque mediaron razones comerciales. De algún modo, o bien por las críticas que recibiera (que ignoro si las hubo buenas o malas; no suelo leer críticas), o bien por pundonor, se le debió quedar la espina clavada de lo que podría haber hecho. Nada más acabar de leer Los cuadernos de don Rigoberto, releí Elogio de la madrastra y mi perspectiva cambió por completo. A la luz de la segunda, la primera tiene mucho más sentido. Por eso las traigo las dos juntas: porque hay que leerlas seguidas, como una única obra, como primera y segunda parte de la misma novela. Entonces es como ambas se justifican entre sí (porque incluso la segunda no se entiende bien si no has leído la primera: hay constantes referencias a ella que son demasiado ambiguas para apreciarlas bien si no la has leído). Y leídas así sale un pedazo de obra. Metida en el género, pero literaria; con personajes complejos; con una trama interesante que mezcla realidad y ficción de una forma que cuesta distinguir y que sólo al final queda completamente separada; con alteraciones temporales que hacen que parte de lo que estás leyendo adquiera pleno sentido, de nuevo, sólo al final. Tras leer la primera el desenlace de la segunda se hace previsible, pero eso no le quita en absoluto interés; al contario, es como una revisión del pimer argumento en una clave distinta.

Creo que a estas alturas resulta innecesario decir que leí la segunda novela de un tirón, totalmente enganchado, o que es la primera vez que me ocurre que leer una novela me motiva a releer otra que no me había gustado. Así que creo que no hace falta que diga que la(s) recomiendo.