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viernes, 20 de diciembre de 2013

Mi vida querida, de Alice Munro


La mayoría de las veces que anuncian el premio Nobel de literatura me quedo a cuadros. Probablemente es que me tengo a mí mismo como mejor lector de lo que soy, una imperdonable falta de humildad. En un porcentaje altísimo de ocasiones me ocurre que anuncian el Nobel de literatura y no me suena ni remotamente el autor premiado.  Este año me pasó exactamente esto con la premiada Alice Munro.

El siguiente paso es leerme algo del autor premiado, o al menos intentarlo. La mayoría de las veces lo que leo no me gusta. Incluso si es un autor que me gusta mucho, como Vargas Llosa, se encargan de sacar un libro malo pero que probablemente venda mucho al haber sido premiado (véase la entrada de este blog sobre El sueño del celta). A pesar de mi anterior experiencia, decidí leerme el último libro de la escritora canadiense, Mi vida querida.

domingo, 13 de octubre de 2013

La pianista, de Elfriede Jelinek

Pese a mi recelo ante el premio Nobel de literatura (un premio sólo algo menos desatinado que el de la paz), ha sido esa la razón que me ha llevado a probar con Elfriede Jelinek, de la que no sabía absolutamente nada hasta ahora, y el azar el que ha puesto esta novela y no otra en mis manos.

La novela se ha llevado al cine, de manera que la historia a algunos os sonará. La protagonista es una pianista fracasada que se gana la vida dando clases de piano. Es una cuarentona que vive con su madre, una mujer perturbada que ejerce sobre su hija un dominio absoluto. La relación está desquiciada desde antes de nacer. Hija única, fruto de una improbabilísima noche de debilidad, se ve sometida desde niña a la autoridad materna, que decide sacrificar su infancia al estudio del piano con el fin de convertirla en una gran artista. Aleja de ella toda relación de amistad y, por su puesto, de amor. Incluso se deshace del padre internándolo en una residencia. La obliga años y años a dedicarse en cuerpo y alma a la música, y para colmo de males la chica fracasa en una prueba decisiva. Perdida infancia, vida sentimental y carrera, se ve abocada a llevar una vida amargada, dando clases de piano y viviendo con una madre que insiste maniáticamente en tenerla acaparada para sí. Su relación es, por supuesto, enferma, mezcla de amor y odio, y no parece tener salida. Pero la aparición de un alumno que se siente atraído por su profesora presagia una grieta en la fortaleza.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Thinking, fast and slow, de Daniel Kahneman

Este libro, de reciente publicación (2011), recoge los hallazgos de toda una vida del psicólogo de la conducta Daniel Kahneman. Kahneman recibió el Nobel de Economía en 2002 por sus trabajos conjuntos con Amos Tversky (fallecido en 1996) que condujeron a la teoría de la expectativa, formulada en 1979. Por sorprendente que parezca, la teoría de la expectativa es simplemente una formalización del hecho (que yo creo que a todos nos resulta natural) de que las ganancias o las pérdidas no tienen sentido en valor absoluto sino que dependen del punto de referencia. En otras palabras, no nos resulta igual de interesante ganar 1000 € cuando sólo se tienen otros 1000 € que cuando se tiene un millón de €. Parece obvio, pero los economistas en 1979 (y muchos hasta hoy) estaban anclados en la teoría de la utilidad, es decir, que tomamos decisiones estratégicas para maximizar nuestras ganancias, independientemente de nuestra condición inicial. Kahneman y Tversky mostraron que este comportamiento era así mediante numerosos experimentos hasta acumular evidencia abrumadora en favor de su teoría. El que el libro me lo recomendase mi anfitrión en Cambridge del pasado verano, el prestigioso economista Sanjeev Goyal, es una prueba más de la aceptación que finalmente han conseguido estas ideas entre los economistas "mainstream".

martes, 16 de octubre de 2012

La Vida y la Muerte me están desgastando, de Mo Yan

En vista de que acaban de darle el Nobel a Mo Yan y que José me pidió hace tiempo una reseña de este libro para La Cuesta, me animo a hacerla hoy.

Compré el libro sólo por el título (no tenía ni idea de quién era Mo Yan). Me encantó la mezcla de algo grave, como es el ciclo de la vida y la muerte, y el "me están desgastando", que suena a tipo que vuelve de la oficina.

La academia sueca describe a Mo Yan como un autor, "who with hallucinatory realism merges folk tales, history and the contemporary". No sé cómo serán las otras novelas, pero ésta se ajusta perfectamente a esta descripción.

domingo, 8 de abril de 2012

Me llamo rojo, de Orhan Pamuk

"Ahora estoy muerto, soy un cadáver en el fondo de un pozo. Hace mucho que exhalé mi último suspiro y que mi corazón se detuvo pero, exceptuando el miserable de mi asesino, nadie sabe lo que me ha ocurrido".
Así comienza esta novela, una de las más conocidas del escritor turco Orhan Pamuk, premio Nobel de literatura en 2006. Como el párrafo sugiere, en un nivel superficial la novela trata de la resolución de un crimen, pero como del mismo párrafo se desprende, no es simplemente una novela de género: en efecto, los muertos hablan, describen su muerte, nos dicen qué sienten desde el otro lado.

Se trata de una obra compleja que contiene diversos niveles que se entremezclan. Además de una novela de crímenes es también una historia de amor; pero sobre todo es un relato sobre la tradición pictórica de ilustrar libros. Ese es el verdadero tema de la novela. Pongo en antecedentes. Estamos entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Sobre una antigua tradición persa, los turcos han desarrollado un arte pictórico cuyo objetivo es ilustrar relatos. Pero esto les crea un profundo conflicto porque el Corán prohíbe la representación de figuras humanas y de animales, a las que considera ídolos. Por eso han construido una monumental paja mental acerca del arte del dibujo, que se apoya fuertemente en imitar la tradición, en la huida del estilo personal, y en entender la imagen como un intento de captar la visión de Alá. No conciben la pintura más que como un complemento de la historia que ilustra; intentan ajustarse a modelos canónicos introducidos hace siglos; nunca firman los dibujos, y sus pinturas carecen de perspectiva, de sombras, de coherencia visual, porque pretenden emular la imagen tal como la ve Alá, no el hombre. Algunos ejemplos ilustrarán mejor de qué hablo.

La imagen de la derecha es un antiguo óleo persa que representa a una mujer tocando un instrumento. En ella ya se pueden ver los elementos que caracterizan este estilo pictórico: la falta de perspectiva (la imagen es plana, aunque sorprende un poco el relieve que muestra la falda), la iconografía impersonal (el dibujo no parece representar a nadie en concreto, sino más bien la idea de una mujer joven y guapa), el detallismo, el gusto por los colores, la sensualidad... Conocemos la escuela a la que pertenece la pintura pero no a su autor.
Los turcos hicieron suyo este estilo pero lo aplicaron a la ilustración de textos que narran historias. A la izquierda aparece la página de un libro en el que se narra la historia de amor (que en la novela aparece citada incontables veces) de Hüsrev y Sirin, concretamente la escena en que aquél descubre a ésta bañándose desnuda en el río (una historia que debía de ponerlos muy cachondos). La imagen tiene los mismos elementos estilísticos, si acaso más acentuados. Además, una característica importante de estas imágenes es que no las podían concebir si no era para ilustrar una historia. Debido a sus prejuicios islámicos, pintar por pintar les horrorizaba.

La última imagen representa la caza de un rinoceronte. Es una ilustración típica de un libro en el que se narran las hazañas de algún sultán, bajá, u otro hombre importante. A los mismos elementos estilísticos se le añade el amontonamiento típico de estas escenas de caza o de guerra. Como no hay perspectiva en las imágenes, las figuras aparecen amontonadas, superpuestas, y el resultado final es un follón de color, no exento de atractivo.

No cabe duda de que esta tradición pictórica ha dado imágenes muy hermosas. Las tres que pongo aquí son una muestra de ello. No solo eso: debido a su carácter narrativo (exceptuando quizá la imagen persa), se prestan a ser contempladas largo rato tratando de dilucidar la historia que ilustran. El reto de estos artistas consiste en ser capaces de transmitir hasta los elementos abstractos del relato sin dotar apenas a sus figuras de expresividad, tan solo usando el color o la composición. Ya digo que las prohibiciones del Islám se prestan a estas pajas mentales.

La novela se centra en un momento crítico de esta tradición. Este arte sobrevive a duras penas frente al fanatismo religioso de algunos imanes. Sus artistas son considerados pecadores por una buena parte de la sociedad. Para colmo, no reciben más reconocimiento que el que procede de la voluntad voluble de su mecenas (el sultán, bajá o gran señor que les hace los encargos): no pueden firmar sus obras, no pueden expresar un estilo propio, no pueden comerciar con su arte (aunque clandestinamente la mayoría lo hacen, en especial vendiendo imágenes pornográficas). Y en esta situación los turcos descubren el arte occidental. Y lo hacen en un momento en que la escuela veneciana ha descubierto la perspectiva y la luz. Y quedan, a la vez, fascinados y horrorizados por lo que ven. Descubren que se puede pintar exactamente lo que uno ve y no solamente imitando la visión de Alá; pero al mismo tiempo, ver representadas a las personas tal como son les parece un horrible ejercicio de idolatría. Les cortocircuita la mente el que los francos (como ellos llaman a los occidentales) encarguen retratos a los artistas y los cuelguen en sus casas y palacios. Pero el arte es poderoso, y el nuevo estilo les atrae. El conflicto se introduce en el relato a través de un personaje, el Tío, un exembajador en Venecia que quedó fascinado por la pintura de los infieles y que a su vuelta convence al Sultán para crear un libro que narre la grandeza del Imperio Otomano ilustrado al estilo de los francos, con idea de regalárselo al Dux de Venecia y que éste quede intimidado por el poder del Islám. Por supuesto, el libro ha de hacerse clandestinamente porque incurre en un gravísimo pecado y su existencia puede desatar la ira de los imanes.

El punto en que la historia comienza es el asesinato de uno de los ilustradores a manos de otro para evitar que el cargo de conciencia que siente lo lleve a denunciar la existencia del libro. Negro, un sobrino de ese Tío que acaba de volver de un exilio de doce años al que se autocondenó cuando el Tío se negó a que se casara con su hermosa hija, de la que estaba, y aún está, enamorado, es el encargado de resolver el crimen. A su vuelta encuentra a su amada viuda de facto, porque hace dos años que su marido no regresa de la guerra. Además vive de nuevo en casa de su padre porque su cuñado la acosa. El regreso de Negro reabre la historia de amor, que se entrelaza fuertemente con la resolución del crimen. Para descubrir al asesino debe profundizar en el arte de la ilustración, y toda la novela es eso: un viaje al corazón de ese arte, a sus entresijos, sus conflictos, sus pasiones y sus miserias.

En el aspecto formal, la novela está narrada a muchas voces: cada capítulo está contado desde el punto de vista de un personaje, normalmente alguien que aparece en la trama del capítulo anterior y que toma el relevo de la narración. Los narradores van desde los protagonistas a los muertos, pasando por las propias imágenes (que toman voz a través de un cuentista de un café) y hasta el mismísimo asesino, quien nos habla a lo largo de la novela sin darnos pistas suficientes como para averiguar su identidad. A la vez las escenas que se narran tratan de imitar el mismo arte que describen. Las historias entrelazadas se parecen a las ilustraciones, los personajes parecen arquetipos, la perspectiva es plana, ingenua, y el detalle y el color son la base de la narración. Es una novela compleja y ambiciosa, de un espíritu muy oriental. Por eso hasta más o menos la mitad la leí fascinado. Pero luego el relato se empantana. Cae en el exceso de lirismo, en la descripción detallada de imágenes ad nauseam y se vuelve, simple y llanamente, aburrida. El relato no progresa, los personajes (como en las ilustraciones) no adquieren relieve y, admitámoslo, describir imágenes no es igual que verlas. Por eso, aunque hojear un catálogo pueda ser entretenido, asistir a su descripción pormenorizada resulta insufrible. Y es que el libro acaba siendo eso: un extenso catálogo de imágenes. Para colmo, la resolución de la novela es pobre. Aunque parece que el examen de tanta ilustración es clave para identificar al asesino, al final resulta que no, y uno se queda con la sensación de "¿y para qué me has contado todo eso?"

En definitiva, una novela difícil de clasificar. Con un comienzo brillante y un planteamiento narrativo genial, pero en última instancia larga y aburrida. Ello no obstante, la novela ha recibido numerosos premios y su autor es un Nobel (aunque en literatura eso puede ser más un motivo de prevención que un aliciente), así que podría ser mi falta de sensibilidad la que me ha impedido disfrutar de la lectura de sus casi setecientas páginas. Vosotros mismos.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El discurso del Nobel de Feynman

Estoy pre-navideño como véis y necesito urgentemente un parón (estoy al borde del colapso por exceso de trabajo). Así que hasta que acaben estas semanas infernales, me desahogaré poniendo libros :-)

Hoy os dejo el del discurso del Nobel de Feynman.

No es exactamente un libro, sino más bien un cuento. Un relato personal de cómo fue probando ideas disparatadas en su mente a lo largo de los años hasta que el puzzle fue tomando forma en su mente.

Con Feynman siempre tengo la misma sensación. Recuerdo con mucho cariño todo lo que he leído de él y siempre pienso que el recuerdo probablemente sea superior al "original" pero, cada vez que lo releo, me vuelvo a entusiasmar con el "personaje".

Probablemente el Feynman de sus "autobiografías" y el de este discurso sea parte de la ficción que de si mismo hizo el propio Feynman, pero que me cae bien ese personaje :-)

Bueno, al grano, el discurso se lee en un viaje en autobús pero me resultó muy inspirador.

Enjoy!

Este sí está en dropbox en formato epub.