martes, 7 de agosto de 2012

Doña Flor y sus dos maridos, de Jorge Amado

Corría el año 1987 y la tele (entonces era simplemente "la tele", con su canal normal y su UHF y ya) había incorporado recientemente a su programación un producto nuevo que estaba causando furor y que traería larga cola: el culebrón sudamericano. En un denodado ejemplo de eclecticismo, los directivos de Prado del Rey cruzaron la frontera lingüística y consideraron los culebrones brasileños —con doblaje perpetrado del portugués al castellano— tan válidos como los venezolanos para desatar el ansia lacrimógena del país. Y así, en el mencionado año de 1987, tras los éxitos de Cristal y Los ricos también lloran, la programación vespertina de la tele empezó a emitir los ciento y pico capítulos de Gabriela, clavo y canela. A los más talludos lectores de este blog tal vez les suene esta sintonía.

Mi afición a los culebrones es independiente del idioma y la nacionalidad: ninguna. Así que ignoré olímpicamente esta producción como ya había hecho con todas sus predecesoras. Lo que no quita que se me escapara alguna mirada hacia alguna escena concreta, mirada más que justificada porque su protagonista, Sonia Braga, estaba para mojar pan (poned "Sonia Braga" en Google images; ahora la mujer está mayor, pero aún se puede ver alguna foto de cuando se llevaban los peluches), y si conocéis el argumento de la historia, sabréis que tiene más de una escena subida de tono (si os habéis puesto palotes oyendo la sintonía de antes ya sabéis por qué es). Solo muchos, muchos años después cayó en mis manos el libro y una reseña que afirmaba que Jorge Amado es uno de los grandes escritores del país de la samba, y esa sorpresa y las borrosas imágenes que conservaba de ella me animaron a leerla. Y me encontré, para mi sorpresa, con un pedazo de novelista que le aguanta el pulso a los grandes del XIX, y con una historia, unos personajes y un universo que te atrapan desde la primera página.

La apatía que existe en este país hacia la producción latinoamericana (fuera de los grandes del "boom"), doble si, como en este caso, su lengua vernácula es el portugués, hacen que encontrar un libro de Jorge Amado editado en España sea misión imposible (ya no: al parecer Alianza se ha decidido al fin a editar toda su producción). Así que tardé mucho en hacerme (digitalmente) con esta segunda novela de Jorge Amado, en opinión de muchos una de las mejores. Y desde luego que lo es.

El marido de Florípedes (sí, sí, como lo oís) Gimarães —la Flor del título—, Vadinho por más señas, cae fulminado mientras anda por ahí disfrazado de bahiana en plena juerga de carnaval. Las comadres ven el suceso como una liberación para doña Flor, porque el individuo es mujeriego, jugador, tarambana... en fin, un perdulario que ha hecho pasar las de Caín a su mujer desde que se casó con ella, contra la voluntad de su madre (una arpía que buscaba casarla a toda costa con algún ricacho que las introdujera, sobre todo a ella, en la gran sociedad de Bahía), siete años atrás. Y sin embargo, pese a esta supuesta liberación, pese a que aún es joven y tiene toda la vida por delante y pese a que se gana la vida sobradamente con su famosa Escuela de Cocina: Sabor y Arte, doña Flor está desconsolada y cae durante casi un año en una profunda depresión.

A lo largo de la primera parte la novela nos cuenta la historia de Vadinho. Y en efecto, Vadinho es todo eso que las comadres dicen de él, pero también es una fuerza de la naturaleza, un individuo carismático y vital, capaz tanto de robarle el dinero a su mujer para gastarlo en la ruleta, como de buscarle durante una noche por toda la ciudad el mejor collar que pueda comprar con las ganancias de una buena racha. Vadinho tiene amigos por toda Bahía y sus aventuras y hazañas se relatan en todas las reuniones. Incluso un famoso poeta amigo suyo le escribe una elegía a su muerte. Y como todo lo demás, Vadinho vive el sexo con pasión, un sexo desinhibido, sin prejuicios, sin tapujos, sin las ñoñerías decimonónicas al uso. Y con él consigue que Flor se rinda loca de amor y se doblegue a todas sus putadas. Y a su manera, y pese a las muchas aventuras que constantemente tiene con otras mujeres ("nada más que xixica para pasar el rato, mi bien"), Vadinho está muy enamorado de ella.

Lo que saca a Flor de la depresión para sumirla en un calvario es el ansia de sexo. En la pacata sociedad en que vive, una mujer —menos una viuda— no puede aliviarse con algún hombre sin caer en el desprecio de la "buena sociedad", así que su única salida honesta es volverse a casar. Y su segundo marido, el Dr. Teodoro Madureira, un farmacéutico de éxito, es la antítesis de Vadinho: es honrado, fiel, adora a su mujer y no le da ningún disgusto. También es elegante, trabajador y un obseso del orden ("cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa"). Su mayor afición es tocar el fagot con un grupito de amigos melómanos. ¿Y en el sexo? Bien: los miércoles y los sábados; con un bis obligado los sábados y opcional los miércoles.

Y ya no puedo contar más sin desvelar detalles importantes del argumento. Lo que sí puedo decir es que el retrato de personajes que hace Jorge Amado en esta novela es magnífico. Es capaz de contarnos la vida de perdición de Vadinho y las perrerías que le hace a su mujer, y al mismo tiempo hacer que nos caiga simpático y que nos encariñemos de él. No hace falta que nos insista en que Vadinho se hace querer: ya se ve. En cambio nos describe todas las virtudes del Dr. Madureira, sin escatimar ni un ápice del amor que siente hacia Flor, y la única conclusión que sacamos es que la pobre se ha casado con un triste. El libro rezuma ironía y sentido del humor en cada página. Y el final es genial. Doña Flor y sus dos maridos es un novelón clásico, pero a ritmo de samba; un híbrido entre Perez Galdós y Gabriel García Márquez. Y sí, podríamos decir que es realismo mágico (aunque más de aquél que de éste); no en vano la historia sucede en Salvador de Bahía, la capital del estado de la macumba, el candomblé, el culto a Yemanyá y los ritos vudús. Si en algún lugar de la Tierra existe la magia, tiene que ser allí.

Tan solo una advertencia antes de terminar. Circula por ahí una película brasileña de los años 70 basada en la novela —también con Sonia Braga de protagonista. La vi al acabar de leer la novela. Ni se os ocurra verla.