Mostrando entradas con la etiqueta Julian Barnes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Julian Barnes. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de septiembre de 2016

El ruido del tiempo, de Julian Barnes

En cuanto acabé de leer esta novela le envié un email a Renato: «Tío, léete El ruido del tiempo». Así, en imperativo inapelable. Hoy me ha escrito el email que yo esperaba desde entonces: «Jose me he leído la novela. ¡Es muy buena!» Ya lo creo que lo es, pero además yo sabía que le iba a sonar muy bien a alguien que reconociera en primera persona experiencias como las que describe.

Voy a empezar diciendo lo que la novela no es: una biografía de Shostakovich. Julian Barnes nunca ha escrito una biografía (El loro de Flaubert tampoco lo es). No va con su estilo. Barnes escribe novelas para contar una idea. Y nunca de forma directa: la pillas o no, tú mismo. Aclaro esto porque circulan críticas de esta novela en afamados periódicos que yerran completamente el tiro: le afean las inexactitudes biográficas y expresan escepticismo hacia la interpretación de la vida del músico en la que se basa esta novela. Shostakovich, dicen, fue un colaboracionista con el régimen, en modo alguno merecedor de compasión —compasión que sí merecen los mártires que se enfrentaron a él.

domingo, 18 de enero de 2015

El sentido de un final, de Julian Barnes

Ya he contado en varias ocasiones lo mucho que me gusta este escritor. Esta es su última novela (y espero que sólo en un sentido). Llevaba años detrás del Booker, el premio más prestigioso de habla inglesa, y por fin lo ha conseguido con esta ella.

Y se lo ha ganado.

De un tiempo a esta parte sus novelas parecen orbitar en torno a la complejidad de las relaciones humanas, en especial las relaciones de pareja. Esta novela también va de eso. Y en un sentido, como ocurría con Hablando del asunto o Amor, etcétera, trata de un triángulo, sólo que esta vez no es un triángulo al uso.

sábado, 30 de agosto de 2014

El perfeccionista en la cocina, de Julian Barnes

Julian Barnes llegó tarde a la cocina. Como cuenta en el prólogo, es de una generación en la que la cocina era un dominio exclusivo de las mujeres y los hombres no tenían ni idea de lo que allí (literalmente) se cocía. Para cuando se interesó ya era tarde para ser lo que el llama un cocinero intuitivo, así que su destreza depende fundamentalmente de los libros de cocina. Que sea, además, un perfeccionista es un rasgo de carácter (una inseguridad más bien), y ambas cosas juntas son terreno abonado para la anécdota.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Amor, etcétera, de Julian Barnes

Diez años después, Barnes retoma la historia de los tres protagonistas de Hablando del asunto. Como me gustó aquélla, me picó la curiosidad ésta. Mismo esquema, una vuelta de tuerca más sobre el triángulo, con el añadido del tiempo transcurrido y un pasado común. Imagino que, de haber leído las dos novelas en el momento en que se publicaron, la complicidad entre autor y lector habría sido mayor (una parte del efecto que busca Barnes). Uno podría esperar diez años a leer esta segunda parte, pero francamente...

sábado, 26 de octubre de 2013

Hablando del asunto, de Julian Barnes

Creo haber dicho ya que una vez oí a Borges decir que todos los argumentos estaban en la Odisea. Bueno, yo no recuerdo ningún triángulo en la Odisea. Tal vez será porque la dejé a medias (me aburrió tanto recitativo), aunque, ¿quién no conoce el argumento de cabo a rabo? Y no hay triángulos, ¿verdad? A lo mejor no dijo la Odisea; a lo mejor dijo Homero. ¡Ah! ¡Ahí ya sí! ¡Menelao, Helena y Paris! La Ilíada. Sí, seguro que dijo Homero... ¡Pues va a ser que tampoco! La Ilíada (ese monumento a la épica, que sí he leído entero y que merecería una reseña en este blog, pero una de las buenas) NO trata del famoso triángulo, sino del cabreo de Aquiles con Agamenón por un quítame allá una esclava (¿esto se podría considerar un triángulo?) Y a propósito de triángulos: ¿os habéis percatado que de los dos posibles, el XYX y el YXY (se entiende, ¿no?), sólo es este último el que inunda la literatura universal? Habría mucho que decir de la naturaleza humana partiendo solamente de esta observación.

sábado, 7 de septiembre de 2013

El loro de Flaubert, de Julian Barnes

Leí este libro por primera vez hace muchos años. Recuerdo (recordaba) nítidamente dos cosas de él: que me encantó, y que cuando terminé no sabía decir de qué iba el libro, más allá de que hablaba de Flaubert. Bueno, de Flaubert... y de todo en realidad. Porque eso era lo genial del libro. Bajo la máscara de un ensayo sobre la figura del famoso novelista francés se escondía algo que era y no era eso.

Este verano, buscando algo interesante que leer, volvió a pasar por mis manos y me dije que era momento de releerlo y de hacerse una idea más concreta de lo que trata el libro, porque cada vez que lo mencionaba en una conversación o se lo recomendaba a alguien, lo único que podía decir era «es muy bueno, léetelo», pero no sabía explicar por qué.