Pese a mi recelo ante el premio Nobel de literatura (un premio sólo algo menos desatinado que el de la paz), ha sido esa la razón que me ha llevado a probar con Elfriede Jelinek, de la que no sabía absolutamente nada hasta ahora, y el azar el que ha puesto esta novela y no otra en mis manos.
La novela se ha llevado al cine, de manera que la historia a algunos os sonará. La protagonista es una pianista fracasada que se gana la vida dando clases de piano. Es una cuarentona que vive con su madre, una mujer perturbada que ejerce sobre su hija un dominio absoluto. La relación está desquiciada desde antes de nacer. Hija única, fruto de una improbabilísima noche de debilidad, se ve sometida desde niña a la autoridad materna, que decide sacrificar su infancia al estudio del piano con el fin de convertirla en una gran artista. Aleja de ella toda relación de amistad y, por su puesto, de amor. Incluso se deshace del padre internándolo en una residencia. La obliga años y años a dedicarse en cuerpo y alma a la música, y para colmo de males la chica fracasa en una prueba decisiva. Perdida infancia, vida sentimental y carrera, se ve abocada a llevar una vida amargada, dando clases de piano y viviendo con una madre que insiste maniáticamente en tenerla acaparada para sí. Su relación es, por supuesto, enferma, mezcla de amor y odio, y no parece tener salida. Pero la aparición de un alumno que se siente atraído por su profesora presagia una grieta en la fortaleza.
La novela se ha llevado al cine, de manera que la historia a algunos os sonará. La protagonista es una pianista fracasada que se gana la vida dando clases de piano. Es una cuarentona que vive con su madre, una mujer perturbada que ejerce sobre su hija un dominio absoluto. La relación está desquiciada desde antes de nacer. Hija única, fruto de una improbabilísima noche de debilidad, se ve sometida desde niña a la autoridad materna, que decide sacrificar su infancia al estudio del piano con el fin de convertirla en una gran artista. Aleja de ella toda relación de amistad y, por su puesto, de amor. Incluso se deshace del padre internándolo en una residencia. La obliga años y años a dedicarse en cuerpo y alma a la música, y para colmo de males la chica fracasa en una prueba decisiva. Perdida infancia, vida sentimental y carrera, se ve abocada a llevar una vida amargada, dando clases de piano y viviendo con una madre que insiste maniáticamente en tenerla acaparada para sí. Su relación es, por supuesto, enferma, mezcla de amor y odio, y no parece tener salida. Pero la aparición de un alumno que se siente atraído por su profesora presagia una grieta en la fortaleza.
