viernes, 19 de agosto de 2011

Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño

Acabo de leer una obra maestra.

Llevaba tiempo rondando a Bolaño, pero no me acababa de atrever con él. Había cosas a su alrededor que me echaban para atrás. Por un lado, la forma tan explosiva en que irrumpió en el mercado, una vez muerto (lo cual huele mal, con perdón); por otro, su obra más famosa, 2666, es una obra inacabada (lo que recuerda a lo que pasó con Eyes wide shut), y finalmente, en un vistazo diagonal no parecía un autor fácil. Y en efecto, no lo es. Pero eso es porque es uno de los grandes, de los que aún hoy son capaces de inventar nuevas formas de escribir novelas. Ahí es nada.

Decidí empezar por Los detectives salvajes porque  es, al parecer, su primer gran éxito y es una novela acabada (a priori me dan miedo las obras inacabas; creo que sólo las puedes apreciar si ya tienes cierta familiaridad con el autor). Además, me la había recomendado Yuri, que suele ser fiable en lo tocante a lecturas. Confieso que no reconocí lo que tenía entre manos hasta bien metido en la novela, y de hecho estuve a punto de dejarla al acabar la primera parte, sorprendido de estar leyendo lo que parecía una pieza más del sobado género "putas, yonquis y maricones" que ha consagrado nuestro amado cine. Pero inexplicablemente seguí y me alegro de haberlo hecho.

Contar de qué va la novela no es fácil. En principio es la historia de un pequeño grupo de poetas radicales (en sus poemas y en su actitud hacia el establishment; en una ocasión planean raptar a Octavio Paz sólo por joder) de mediados de los 70 que siguen una tendencia que denominan realismo visceral (o real visceralismo, término en que se acaba transformando a lo largo de la novela). El grupo dura muy poco y apenas queda memoria de él, y la novela sigue los avatares de sus integrantes (en el fondo una panda de "colgaos" que se buscan la vida, con mayor, menor o nulo éxito) hasta 1996. Pero la novela es mucho más compleja, y este resumen apenas dice nada de ella.

Para empezar, en buena medida se trata de una autobiografía. Los dos protagonistas, los creadores del grupo de realvisceralistas, son dos personajes que parecen vivir por y para la poesía, y subsistir a base de trapichear: Ulises Lima y Arturo Belano. La analogía de Belano con Bolaño y el hecho de que, como éste, aquél es también un chileno afincado en el DF, ya sugieren el carácter autobiográfico. Además, indagando luego he leído que Ulises Lima era Mario Santiago, el mejor amigo de Bolaño en el DF, y que otros personajes de la novela tienen una contrapartida real. Algunos incluso (el caso de Monsiváis o de Octavio Paz) aparecen con su propio nombre. Y en efecto, la novela es, en gran medida, una autobiografía, con todas las salvedades que conlleva el hecho de que, en última instancia, es una obra de ficción (quiero decir que muy probablemente hay hechos alterados, inventados o atribuidos a otra gente, y que a las claras el final de la novela es ficción, por ejemplo). Parece que incluso el realismo visceral existió realmente, como una rama desgajada del surrealismo denominada infrarrelismo, en cuyas filas militó Bolaño. Buena parte del contenido de la novela gira en torno a la poesía, los poetas (en especial los mexicanos), el arte y la literatura. Los personajes alaban y critican autores y tendencias, en tonos agresivos, sarcásticos, elogiosos, cómicos... y me da que mucha de la crítica y la alabanza reflejan las opiniones de Bolaño. Memorable el capítulo en que un personaje clasifica a los poetas en maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Yo no conozco ni la cuarta parte de los autores que menciona, pero a aquéllos que conozco el calificativo les va (me refiero a su estilo, con quién follaban es cosa de ellos). Incluyo una cita para que os hagáis una idea:
"Dentro del inmenso océano de la poesía distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos. Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas."
Yo no soy capaz de hacer una crítica de la obra de Bolaño que mejore la que ya hizo Jorge Volpi en Mentiras contagiosas (obra que ya comenté en este blog), así que me limitaré a hablar del aspecto que para mí hace de esta novela una obra maestra (y en el que Volpi no entra): su construcción formal. Vayamos a ello. Hay dos formas básicas de escribir una novela: en tercera persona, adoptando el punto de vista clásico del realismo del lector omnisciente o el del protagonista, o en primera persona, que a menudo es la voz del protagonista, pero a veces cuenta la historia un personaje secundario. Incluso hay casos más originales (como Juego de tronos) en que el relato está en tercera persona, pero se adopta el punto de vista de diversos personajes, lo que da un interesante juego de perspectivas. Pero esta novela inventa una técnica que va mucho más allá: aquí la historia la cuentan multitud de personajes, algunos secundarios y otros absolutamente casuales, pero es que además la cuentan sin contarla; es decir, lo que cuentan es su propia historia, sólo que esta historia involucra a los protagonistas (a veces no más que circunstancialmente) y así sabemos de ellos sin que en realidad nadie nos esté contando nada. Las historias particulares tienen interés en sí mismas, nos hablan del DF, de México, del mundo, de las glorias y las miserias humanas, del arte, de la poesía, nos cuentan cosas divertidas, nos hablan con nostalgia, con dolor, con miedo, con vergüenza, relatan amores, traiciones... Cada personaje que interviene, aunque no aparezca más que esa vez, habla con voz propia. Y a medida que nos hablan de ellos vamos reconstruyendo la historia de nuestros protagonistas. Como si de un sistema complejo se tratara, nuestra historia, el hilo conductor de la novela, emerge de un montón historias individuales que en apariencia nada (o muy poco) tienen que ver con ella. La novela es el coro, no las voces individuales, aunque cada voz cante su propia melodía. El resultado es espectacular. El más difícil todavía es la división de la novela en tres partes: la central es el 80% de la novela y donde transcurre este relato coral. La primera y la tercera son como dos paréntesis que acotan el relato, ambos fragmentos extraídos del diario de uno de los personajes más prescindibles de la historia, un chaval de 17 años, estudiante de derecho, que se une a este grupo de pirados y descubre con ellos la poesía, el sexo, la aventura y la muerte, y del que todo el mundo parece haberse olvidado por completo. El primero de esos fragmentos de diario sitúa la novela en contexto; el último es su colofón. Curiosamente ambos fragmentos ocurren entre 1975 y 1976, mientras que, como he dicho, el relato sigue la vida de los realvisceralistas a lo largo de 20 años. Estos juegos temporales son otro de los elementos fundamentales de esta novela, pero de eso habla Volpi mejor que yo.

Una novela imprescindible.