domingo, 24 de noviembre de 2013

Cuentos completos I: Aquí yace el wub, de Philip K. Dick

Me parece que «Cuentos completos» es un título a evitar en prácticamente cualquier autor, en especial si la selección ha sido hecha por algún editor que siente reverencia o debilidad por la obra de ese autor. Si exceptuamos los de Cortázar, publicados por Alianza, que él mismo clasificó atendiendo a una metaestructura temática de los relatos, los editores tienden a ser exhaustivos y los «Cuentos completos» tienen más vocación de completos que de ninguna otra cosa. Así que suele ocurrir en estos casos que, o bien te tragas truños espectaculares, o bien te pegas una tragantada que terminas empachado (y aquí incluyo también la colección de Cortázar). Tal vez no sean para leerlos de cabo a rabo, pero yo no sé hacerlo de otra manera, y además me falta el criterio para decidir cuáles leo y cuáles me salto. Yo preferiría selecciones de los relatos, o bien realizadas por el propio autor (en muchos casos, los propios libros de relatos que publicó en vida, que responden, al menos, a una determinada época creativa), o bien compiladas por alguien que tenga un cierto criterio que discrimine el grano de la paja (Borges y Bioy Casares tienen colecciones de relatos fantásticos muy buenas). Además, las selecciones dosifican la longitud del libro y evitan la posterior necesidad de purgantes.

Los Cuentos completos de Philip K. Dick responden al primer esquema, al de vocación exhaustiva, al malo. Son más de dos mil páginas (!) repartidas en cinco volúmenes que aspiran a recopilar todo lo que Dick publicó en forma de relato (en total unos ciento y pico), una buena parte en revistuchas especializadas (pulp), sobre todo entre los '50 y los '70. El volumen que me he leído, el primero, cubre el periodo 1951-1953 (más un relato inédito de 1947), y su contenido se resume muy bien en el comentario que alguien puso en su entrada en epublibre.org: «Este primer tomo recopilatorio reúne relatos que van de regulares a pésimos. Solo para fans de Dick.»

Philip K. Dick es como el Yoda de la Ciencia Ficción (con la salvedad de que está muerto, el pobre). Se le considera el autor de culto por excelencia en este género. Sus historias, tanto las que aparecen en sus novelas como las de los relatos cortos, han inspirado, no ya a otros autores, sino a una buena parte de la filmografía de la ciencia ficción de Hollywood. Películas como Blade Runner, Total recall, Minority report o Paycheck están basadas directamente en argumentos suyos (la última, por cierto, en un relato que aparece en este volumen: La paga). Otras, como Abre los ojos, El show de Truman, Matrix, Donnie Darko o Inception no lo están, pero claramente maman del universo «dicksiano». Y hay en proyecto llevar a la pantalla al menos tres o cuatro relatos/novelas más. Nada de esto habla de la calidad literaria de las narraciones de Dick, pero sí de su imaginación. En la mayoría de los casos, las películas superan con creces la calidad de los relatos (esto no es raro; no sé qué director —creo que John Ford— sostenía que de las peores novelas se podían hacer las mejores películas, yo creo que porque el director no se siente obligado a ser fiel al relato); pero como indican los títulos anteriores, la filmografía de la ciencia ficción quedaría seriamente perjudicada si uno viajara al pasado y matara a Philip K. Dick. Son sus ideas, antes que sus narraciones, las que sostienen los argumentos. La existencia de este autor está tan indisolublemente unida al género que su propia vida daría para un magnífico argumento de ciencia ficción (es muy interesante leer la biografía que de él hace la Wikipedia).

Pero dicho esto, y aclarando que he leído alguna novela de Dick (como Ubik) que me gustó mucho, este primer volumen de sus relatos se hace cuesta arriba. En general, la ciencia ficción de «la edad de oro» (los '50) ha envejecido muy mal. Estaba muy obsesionada por el relato apocalíptico (reflejando, es de suponer, la omnipresente amenaza nuclear de la Guerra Fría) y suele hacer planteamientos a escala de toda la humanidad (un colectivo que, hasta donde se me alcanza, nunca se ha manifestado como tal). Esto la hace cansina e ingenua, y despedir un poco de olor a naftalina. También es la época que cocinó todas las paradojas temporales, lo que para mí es su contribución más notable. La pena es que en el siglo XXI ya las tenemos incorporadas a la ROM porque han permeado el imaginario colectivo en forma de libros, películas, cómics, etc. La ciencia ficción de los '50 tiene el mérito de la originalidad, sin duda, pero a estas alturas es difícil que te sorprenda un relato con bucles temporales, y más aún que no te anticipes a la «sorpresa».

Pese a todo esto, algún relato hay en este primer volumen que me ha parecido, como mínimo, peculiar. De entre ellos (pocos, tampoco vayamos a entusiasmarnos) quizá destacaría Roog. Este cuento narra la recogida de basura de una casa en la que vive un perro, pero narrada desde la perspectiva del perro, lo que la convierte en un relato de ciencia ficción de terror. Philip K. Dick acabó sus días puede decirse que esquizofrénico; bueno, pues yo diría que un relato como éste sólo puede surgir de una mente que ya apunta. Quizá por eso es tan original.