lunes, 26 de enero de 2015

Mi tío Oswald, de Roald Dahl

El tío Oswald es un personaje que aparece en dos cuentos de la recopilación El gran cambiazo, de Roald Dahl. Es un donjuán millonario que recorre el mundo sin más propósito que el muy loable de follar todo lo que pueda, y no más de una vez (dos, si la ocasión lo merece) con cada mujer. Como es de imaginar, sus aventuras dan para llenar varios volúmenes, y eso es lo que ha hecho, escribiendo unos diarios con sus hazañas, que ahora obran en posesión de su sobrino. Es éste quien nos habla del personaje y quien extrae los mencionados relatos de dichas memorias. En el momento en que escribe, su tío ha desaparecido sin dejar rastro, y es uno de los relatos el que da la pista de su paradero.

El tono de esos cuentos es, como podéis imaginar, desenfadado, provocador y burlón, y si bien su pretensión es la de ser lectura «para adultos», el devenir de los tiempo los ha convertido casi en relatos infantiles —mis hijos juegan al Gran Theft Auto, conque...—, de manera que hay que ser un tanto indulgentes con su lectura y tratar de verlos como lo haría un inglés en los años 50. Aun así, resultan entretenidos.

En su día los mencionados relatos debieron de tener mucho éxito, porque esta novela pretende revelar nuevos extractos de los diarios del tío Oswald; en concreto, la historia de cómo amasó su fortuna, primero haciéndose con un buen cargamento de un poderoso afrodisíaco extraído de un escarabajo sudanés, y después empleándolo para crear un banco de semen de celebridades.

El tono, el estilo, la forma de narrar... todo es como en los dos relatos anteriores. Y como relato(s) habría(n) funcionado bien: uno o dos cuentos más en alguna colección de las varias que tiene este hombre. Pero no da para una novela. Se hace larga y un tanto repetitiva. En cuanto pillas la idea todo lo demás se vuelve redundante. Está claro que la novela trata de aprovechar para parodiar a un montón de personajes célebres, pero nos pillan muy lejanos como para que la parodia tenga mucha gracia, y por otra parte no pasan de ser caricaturas un tanto ingenuas. He leído por ahí quien ha sugerido que el argumento podría dar para una simpática y entretenida película porno. Puede ser, aunque dudo de que el propósito de las películas porno sea el de entretener (al menos con el argumento). Se me hace que, como Lars von Trier en su Nymphomanic, una película porno «con argumento» que dura cuatro horas, hay algo que no le han explicado bien sobre el porno.

En resumidas cuentas, una lectura pasable. No desagrada, pero decepciona. Está claro que el registro de Dahl es el cuento, no la novela.