viernes, 13 de febrero de 2015

Materia extraña, de Juan José Gómez Cárdenas

No sé muy bien como llegó esta novela a mi e-reader, si me la recomendaron, si me llamó la atención y la busqué yo mismo, si me le regalaron... El caso es que estaba en el kindle. Cuando terminé la última (una historia de la mafia recomendada en este blog) decidí pillar algo ligero pues Cosa Nostra es un libro realmente duro y que te deja (al menos a mí) con una sensación de impotencia (especialmente cuando descubres cómo se parece la sociedad en que vives a la que retratan allí). Como me gusta la ciencia ficción (ya sé que lo he dicho mil veces en este blog, pero es lo que hay) y, en general, los libros de ciencia ficción bastante digeribles (¿os he dicho que me gusta la ciencia ficción?) pillé uno al azar de mi colección del kindle y salió este.

El grueso de la historia transcurre en Ginebra y está esencialmente ligada al CERN (ese superlaboratorio de partículas europeo que recientemente salió a la palestra mediática por el descubrimiento del bosón de Higgs) donde se va a llevar a cabo un experimento para verificar la existencia del plasma de quarks. La historia comienza de cuando a Irene De Ávila, una joven y prometedora física teórica, le proponen una plaza de investigadora en el CERN. La idea es que adapte su reciente teoría sobre estrellas de neutrones a lo que ocurre durante la colisión de núcleos pesados en el acelerador del CERN (en LHC). Paralelamente, un oficial americano, Héctor Espinosa (el realidad un cubano de Miami y físico nuclear), ha construido un detector de neutrinos (esa partícula de masa casi cero y prácticamente indetectable) que es capaz de medir la cantidad de combustible nuclear en las centrales nucleares. Cada una de estas dos historias empiezan por separado pero terminan unidas en una única historia. La argamasa que las une es una, donde el protagonista es Igor, un ruso (o mejor, soviético) salido de Chernóbil al que la radiación ha convertido en un superhombre que se dedica al tráfico de drogas en Ginebra y cuyo cuartel general es un cuchitril de copas muy popular en Ginebra. No puedo contar más sobre la historia sin revelar cosas importantes, pero sí puedo decir que hay de todo. Hay política universitaria a cargo de Helena Le Guin (directora del CERN) y demás personajes del CERN donde retratan muchas de las miserias de la vida académica, las envidias, trapicheos, etc. También tenemos espionaje, pues hay sospechas de que Irán (sí, sí, la República Islámica, ese país de Oriente Medio que esta desesperado por tener unas bombas nucleares) está engañando a la ONU y tiene más uranio en su reactor del que declaran. Así que allá va Héctor a intentar descubrir cuánto material extra tienen los iraníes. Y, cómo no, alta política internacional (aunque esta es quizá la parte más floja de la trama).

El libro está escrito con un ritmo trepidante. Te van contando las historias paralelas y como se empiezan a entremezclar. Además, termina con unos apéndices del autor comentando cuánto hay de cierto en la novela en relación a las especulaciones físicas, etc. No es una gran novela, pero es entretenida, más aún si tienes alguna relación con el mundillo académico. Se explota mucho el momento: a punto de entrar el LHC del CERN a funcionar y el miedo a que el experimento sea capaz de destruir el mundo (por eso el título Materia Extraña). Eso probablemente la hará envejecer mal. Bueno eso y que los personajes y su historia están muy ligadas al momento de escribir la novela (en 2008). A cambio los apéndices están más que bien. Así que, amigo lector, si quieres leerla no la dejes para dentro de muchos años, no vaya a ser que toda la especulación científica en la que se basa, y que de alguna forma la hace más interesante, se convierta en una tontería (si es que no lo es ya, cosa que no sé, pues la física de partículas no es mi campo), pues como entretenimiento sin muchas más pretenciones es más que digna.