domingo, 11 de enero de 2015

El testigo, de Juan Villoro

JOSE: Bueno, ¿qué?
JOSE: ¿Qué, de qué...?
JOSE: Que si te ha gustado...
JOSE: Pues no sé...
JOSE: ¿No sabes si te ha gustado?
JOSE: Es que es complicado. No es una novela fácil.
JOSE: Quieres decir que es un truño.
JOSE: No. A ver si consigo explicarme. La novela es buena. Villoro tiene todos los recursos de un gran escritor, y la novela todos los ingredientes para ser una gran novela. Y muchas de las subhistorias que componen el relato son muy buenas. Enganchan. Pero he de confesar que he terminado la novela por un esfuerzo de voluntad.
JOSE: Pero ¿de qué va?
JOSE: A gran escala (pero eso sólo lo percibes al acabarla) es la historia de un retorno. Julio Valdivieso (curioso, J. V., como el autor...) se marcha de México a Europa huyendo de la familia, que no aprueba la relación que mantiene con su prima Nieves. En principio iban a huir juntos, pero ella no acude a la cita y Julio se marcha solo. Veinticuatro años después, casado y con dos hijas y profesor de una universidad francesa, regresa a México por un año sabático. Pero el México que se encuentra no tiene nada que ver con el que dejó: el PRI ha sido derrotado en las urnas por primera vez en setenta años; el narcotráfico lo controla todo; Nieves murió en accidente de coche, y el lugar que lo vio crecer, la hacienda Los Cominos, en el estado de San Luis Potosí (que es como decir el México profundo), no es más que una ruina de lo que fue habitada por supervivientes de otra época, entre ellos su tío, que tendrá un papel importante en la historia. El proyecto que lo trae a México es estudiar al poeta Ramón López Velarde, también vinculado a San Luis, pero enseguida se ve envuelto en otro proyecto que le propone un antiguo compañero del taller de escritura en que participaba antes de marcharse: reconstruir, para un culebrón televisivo, la historia de la Guerra Cristera, una especie de guerra contrarrevolucionaria alentada por un crisitianismo fanático. Y ambos proyectos lo llevan de vuelta a Los Cominos y a la truncada historia de amor con su prima Nieves.
JOSE: Pero dices que su prima ha muerto, o sea que el retorno no es posible...
JOSE: Ahí está la cosa: aun muerta, es su prima quien lo acaba vinculando de nuevo a su patria, pese a que deambula toda la novela totalmente desubicado.
JOSE: Ya veo...
JOSE: La relación con La Odisea no se le ha escapado a los críticos: el complicado viaje de retorno a la patria, Penélope como faro del regreso... Pero la analogía está cogida por los pelos: ni el protagonista se parece a Ulises, «rico en ardides» (más bien parece un «pringao»), ni Penélope lo está esperando, ni hay pretendientes que matar para recuperar la patria. Es un retorno, pero un retorno melancólico, sin épica alguna. Algunos lo han comparado al regreso de Juan Preciado a Comala, pero tampoco hay muertos que justifiquen la analogía (aparte de Nieves, claro).
JOSE: No me digas más, y como en La Odisea lo importante es el camino, ¿no?
JOSE: Sí, porque descubrimos con el protagonista el México de finales de los noventa, tan radicalmente distinto al México legendario de la Revolución.
JOSE: Joder, ¡pues suena francamente bien!
JOSE: Pues ahí está, que visto así suena bien, y como decía, muchas de las subhistorias (porque hay muchos cabos sueltos del pasado) son muy buenas, pero algo le falla a la novela (o a mi sintonía con ella, que todo puede ser). De algún modo he notado mucho la falta de un norte. No tenía ni idea de hacia adónde iba la novela, y las historias sueltas no son capaces de mantener el interés. Y es una novela larga. Claro que igual la he leído en un mal momento.
JOSE: ¿Pero no es ese el esquema de Bolaño, muchas historias sueltas que dibujan la historia de gran escala que, por otro lado, tampoco suele tener un norte claro?
JOSE: No exactamente. Es verdad que las novelas de Bolaño tampoco tienen un norte claro, pero están escritas para hacerte sentir que sí lo tienen. Además, las historias de Bolaño tienen mucho más gancho, suele haber muchas más y no dan tregua: se engancha una con la siguiente. No sabría decir cuál es la diferencia, pero Villoro no escribe como Bolaño. Y con esto no quiero decir que escriba peor; es otro estilo.
JOSE: Total, que no sabemos si esto es o no es una recomendación.
JOSE: Eso me temo. Ni siquiera yo tengo claro si me ha gustado. La terminé, como decía Susanna de 2666, «no sin un buen grado de satisfacción». Pero cuando la reconstruyo mentalmente, como estoy haciendo ahora, me parece mejor de lo que me pareció al acabarla. Esto me recuerda una vez que Jose (otro Jose) y Anxo volvieron echando pestes de ver Do the right thing, the Spike Lee: a medida que me contaban lo mala que les había parecido nos iba gustando más a los tres (tanto que no tardé en verla yo para confirmar que, efectivamente, era una gran película). En fin, no sé qué pensar. A veces me da la impresión de que Villoro ha escrito la novela más con los críticos en mente que con sus posibles lectores (e hizo bien, dado que consiguió el Herralde). También tengo la sensación de que si no eres mexicano te pierdes la mitad de las referencias.
JOSE: ¿Entonces, algo que añadir para terminar?
JOSE: Bueno, que ahí está...