sábado, 14 de mayo de 2011

Juego de Tronos, de George R. R. Martin

Han sido años de ir a la Fnac y pasar al lado de este libro ignorándolo olímpicamente, y no porque no hubiera oído hablar de él, sino quizá por lo contrario, porque es libro de culto entre friquis seguidores de El Señor de los Anillos, obra que, aunque a mí me gustó en su día, creo que hay que leer con no más de veintipocos años o si no se te ha pasado el arroz (de hecho, en una segunda lectura antes de que estrenaran la trilogía en el cine, comprobé que muchas cosas del libro ahora me chirriaban o simplemente me aburrían). Y esta opinión es extensible a todo el género de fantasía.

Pero ocurre con la fantasía, como con la ciencia ficción u otros géneros novelísiticos, que hay novelas buenas y novelas malas (más de las últimas que de las primeras, pero vamos, eso ocurre con las novelas en general). En el fondo, el género no es más que un marco conceptual para presentar un conflicto, casi siempre humano, que es el que sostiene la novela. Uno acepta las premisas y adelante. De hecho, situar la acción y los personajes en un entorno fantástico o imaginario permite cierto juego que el realismo prohíbe. Así que puede ser hasta bueno. Esta que traigo aquí, es una excelente novela.

Lo que en realidad me decidió a leerla fueron ciertos comentarios en Buzz pero, sobre todo, ver el trailer de la reciente serie de HBO basada en ella (y que va por su quinto episodio, según creo). Decidí que la serie tenía una pinta del carajo, pero que si iba a verla prefería leer el libro antes, porque texto e imagen no son la misma cosa. Y no me arrepiento. De hecho, he disfrutado como un enano con ella. Es un novelón en toda regla: presenta una historia larga y compleja, con intrigas, pactos, traiciones, amores, odios, ambiciones, honor... En fin, como diría Borges, nada que no esté ya en La Odisea, pero digamos que ergódico en ella. Lo mejor, a mi juicio, los personajes y el ritmo. Este último es crucial. Los personajes son complejos y, sobre todo, creíbles; muy creíbles. Hay buenos y malos (como en toda aventura épica), pero ni simpatizas con todos los buenos, ni odias a todos los malos. Entre los buenos hay personajes que te acaban pareciendo idiotas (y a veces el serlo les sale caro), y entre los malos hay algunos con los que te identificas enseguida (acordaos de Darth Vader). Algunos son muy malos o muy buenos, pero tienen sus condicionantes y sus motivaciones. Y si alguno te parece pasado de psicópata, recordando al Calígula de Yo, Claudio no puedes menos que aceptar que el poder absoluto propicia su existencia. La comparación con Yo, Claudio no es ociosa: yo veo muchos elementos comunes con ella.

Pero lo mejor es el ritmo. Desde el principio te das cuenta de que estás leyendo una obra planificada con un cuidado exquisito; tiene un sentido de la narración que te atrapa; cada escena está trabajada con el detalle que necesita, y no hay acelerones a medida que la historia progresa, uno de los grandes defectos de algunas de estas novelas (que dan la impresión de que el autor tiene prisa por terminarlas). La narración es curiosa: es en tercera persona, pero no tiene un narrador omnisciente, sino que en cada capítulo el punto de vista cambia de personaje. El cambio no conlleva repeticiones en la hitoria, al contrario, la historia progresa de forma casi lineal, pero lo que tiene de especial este salto de punto de vista es que no hay una narración global, algunos hechos, incluso hechos importantes, los vemos sólo desde el punto de vista del personaje que toque en ese momento. No cabe duda de que se trata de una técnica interesante.

La historia no termina con la novela, pero en contra de lo que yo me estaba temiendo, la novela tiene una conclusión parcial, así que está bien rematada. Deja los suficientes elementos preparados para que te apetezca leerte la continuación, pero no resulta un coitus interruptus. Hay una pausa argumental al terminar la novela. Lo malo a lo que me refería antes es que no se trata de una continuación, ni siquiera de una trilogía sino que, por lo que yo sé, la obra entera es una pentalogía (y el tercer tomo en realidad son dos). Como cada libro tiene unas ochocientas páginas, estamos hablando de alrededor de cinco mil páginas de historia. Da vértigo solo pensarlo (mi mayor proeza hasta ahora es Guerra y Paz, y me llevó unas vacaciones de verano).

En resumen: la recomiendo vivamente. Y si no te apetece leerla (o no tienes el tiempo para hacerlo, que podría ser), al menos échale un vistazo a la serie porque promete.