jueves, 29 de octubre de 2015

Cuentos breves y extraordinarios, de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares

Ando últimamente un tanto obsesionado con los relatos breves. He leído unas cuantas recopilaciones de ellos y, buscando, buscando, acabé encontrando esta de... ¡nada menos que Borges y Bioy Casares! Soy fan extremo de Borges (como ya he mencionado alguna vez). Quiero decir que me dan ganas de darle una patada en la boca a quien se atreve a proferir cosas como «Borges está sobrevalorado» o alguna otra gilipollez por el estilo. Pero dicho esto, y como lo cortés no quita lo valiente, admito que Borges era muy proclive a la pedantería, rasgo de su carácter que se exacervaba cuando se juntaba con su coleguita Bioy Casares (de quien no tengo demasiado buena opinión: me da la sensación de que Borges manifestaba una profunda admiración por escritores mediocres; quizá otra manifestación más de su pedantería...).

Esta recopilación es un soberbio ejercicio de pedantería, como dejan bien claro los autores desde el prólogo (la cursiva es mía):
Uno de los muchos agrados que puede suministrar la literatura es el agrado de lo narrativo. Este libro quiere proponer al lector algunos ejemplos del género, ya referentes a sucesos imaginarios, ya a sucesos históricos. Hemos interrogado, para ello, textos de diversas naciones y de diversas épocas, sin omitir las antiguas y generosas fuentes orientales. La anécdota, la parábola y el relato hallan aquí hospitalidad, a condición de ser breves.

Lo esencial de lo narrativo está, nos atrevemos a pensar, en estas piezas; lo demás es episodio ilustrativo, análisis psicológico, feliz o inoportuno adorno verbal.

Esperamos, lector, que estas páginas te diviertan como nos divirtieron a nosotros.
¡Toma castaña! «Lo demás es episodio ilustrativo, análisis psicológico, feliz o inoportuno adorno verbal». Para apreciar el calibre de la hipérbole hay que saber que la recopilación contiene relatos como este:
El enmascarado subía la escalera. Sus pasos retumbaban en la noche: Tic, tac, tic, tac.
AGUIRRE ACEVEDO, Fantasmagorías (1927).
En fin, no todo es así, claro. En la recopilación hay varios relatos interesantes (algo más extensos), si bien entre muchos que dejan indiferente y algunos otros friquismos como el anterior. Muchos ni siquiera son relatos: son simples fragmentos de textos elevados a la categoría de tales por un Borges y un Bioy muy venidos arriba.

El relato breve es un género paradójicamente difícil de leer. No puedes leerte una recopilación de ellos (ni esta ni ninguna otra) sin sufrir un empacho. Las características básicas del relato breve son su densidad de contenido y las elipsis. Quizá por eso haya que leerlos como la poesía: uno de cada vez, con la esperanza de que te pillen con el humor adecuado para sacarles el jugo. Son apropiados para gente de buena memoria, que puede sacarlos a colación en el momento oportuno. O sea que yo soy el peor lector imaginable de estos relatos. Tal vez por eso no he sabido ver, como los autores, la magnífica narración que se esconde tras la mayoría de ellos y he echado de menos algo de ese «feliz o inoportuno adorno verbal».

Pese a todo (la reseña se me ha ido un poco de negativa), es una lectura interesante. Y voy a seguir insistiendo con los relatos breves...