domingo, 1 de mayo de 2011

El túnel, de Ernesto Sábato

Hace cosa de un año me leí este libro recomendado por una amiga y me gustó mucho, aunque le vi algunas grietas a sus personajes. Hoy, tras enterarme de la muerte del autor, he decidido hacerle un pequeño homenaje releyendo la novela y comentándola en este blog. Para mi sorpresa y desasosiego, la obra me ha parecido mucho más creíble en esta segunda lectura que en la anterior.

Antes de comentar la novela daré cierta información sobre la vida de su autor, que me ha parecido interesante. Estudió ciencias en la Universidad de La Plata en Argentina, donde se doctoró en Física en 1938. Le concedieron una beca para investigar radiaciones atómicas en el Laboratorio Curie en París —donde se encontró "vacío de sentido"— y en 1939 fue transferido al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). En 1940, sin vocación, regresó como profesor a la Universidad de La Plata, y en 1943 decidió abandonar la ciencia definitivamente para dedicarse a la literatura y la pintura. Tuvo dos hijos. Murió cuando le faltaban menos de dos meses para cumplir cien años. 

El túnel, su primera novela, relata la historia del asesinato de María Iribarne contada por el propio asesino, Juan Pablo Castel (y no estoy destripando nada que no se sepa desde la primera línea del libro). Sábato atrapa al lector introduciéndonos en la mente de un sociópata con el que es fácil simpatizar; una especie de House; un personaje analítico, irónico, solitario y tremendamente insoportable de conocer en la realidad pero que en la distancia de la novela se convierte en un personaje con el que establecemos una cierta empatía. Claro que, teniendo en cuenta que conocemos de antemano el final de la obra, es fácil presuponer que conforme la historia avanza y nos vamos adentrando en la mente del protagonista vamos a ir descubriendo su personalidad atormentada, retorcida y oscura.

El ritmo de la novela se ajusta bastante bien a esta personalidad, salvo algún bachecillo que parece haber sido escrito en otro momento de la obra y que se puede disculpar. De esta forma, la novela empieza de una forma muy detallista y minuciosa y se va acelerando conforme el protagonista va entrando en una espiral cuyo fin es la consumación del crimen.

Por la manera en que está contada la novela, el único personaje claramente definido es el protagonista y el resto de los personajes se distorsionan a través de sus ojos. Aparecen difusos, ambiguos, entre otras cosas para hacer dudar al lector de la veracidad de las percepciones del propio narrador, y se van definiendo levemente conforme se acerca el desenlace. 

Además, es muy cortita. Una tarde máximo. Recomendada.