lunes, 10 de noviembre de 2014

El vano ayer, de Isaac Rosa

¿Cómo se puede escribir hoy una novela sobre el franquismo sin caer en tópicos trillados? ¿Cómo puede un autor, especialmente un autor joven, un «hijo de la Transición», indagar en una de las etapas más oscuras de nuestra historia reciente, una etapa de la que se ha escrito hasta la saciedad y en la que, sin embargo, no se ha profundizado lo suficiente, anegada, como está, de historias que recurren al patetismo, de narraciones nostálgicas, incluso de comedias épicas de lucha antifascista? ¿Cómo narrar las atrocidades del tardofranquismo sin que la novela quede arrumbada en la enorme pila de «novelas del franquismo»?

Ese es el problema al que se enfrentaba este autor, Isaac Rosa, un sevillano de 40 años (tenía 30 cuando apareció la novela) afincado en Madrid, columnista habitual de Eldiario.es, excolumnista de Público y colaborador de la Cadena Ser y la revista El jueves. Y lo resolvió de una manera brillante: haciendo una metanovela. Así que si leemos las primeras páginas de El vano ayer nos encontramos precisamente con la reflexión con que empiezo esta reseña: el autor se pregunta cómo escribir otra novela sobre el franquismo sin abundar en lo que ya se ha escrito, y nos empieza a hablar de las posibilidades, de cómo buscar entre la documentación una posible historia, de cómo documentarse, etc. Para cuando llegamos al final de tales disquisiciones, creyendo estar leyendo un ensayo sobre escritura, la introducción de un taller de narrativa, descubrimos con sorpresa que estamos ya enterados de los personajes y del planteamiento de la historia. A partir de ahí todo es virtuosismo metanarrativo. La historia avanza, pero no nos percatamos de ello más que si hacemos el esfuerzo consciente de percatarnos de ello, porque nuestra atención se dispersa entre discusión de técnicas narrativas, las distintas posibilidades que ofrece la (aparentemente hipotética) trama, documentos literales (a veces literariamente tergiversados) para la ambientación, buenas dosis de ensayo sobre el franquismo, la represión y la tortura, e incluso digresiones de literatura experimental. Y el efecto es brillante porque, pese a todo, cuando cierras la novela comprendes que has leído entre líneas una narración al uso, con planteamiento, nudo y desenlace, con personajes, historia de amor, intriga y final sorpresa. De quitarse el sombrero.

¿Os recuerda algo esto? Sí, me diréis algunos: HHhH. Y en efecto, si la has leído no puedes evitar encontrar un fuerte paralelismo entre sus respectivos planteamientos. Hago notar, sin embargo, un pequeño detalle: El vano ayer se publicó en 2004 y HHhH en 2009. Me sorprendería incluso que Laurent Binet no conociera esta novela cuando se decidió a escribir la suya, porque ganó el Rómulo Gallegos en su año. No me malinterpretéis, no estoy diciendo que HHhH haya plagiado la idea. Aunque resulta evidente que el planteamiento metanarrativo pierde originalidad sabiendo que no es la primera vez que se emplea, hay enormes diferencias entre estos dos pedazos de novelas. La metanarrativa es mucho más elaborada, sofisticada y sutil en El vano ayer que en HHhH. En esta última se “limita” a intercarlar aspectos personales del autor y de la manera en que afronta la escritura con la historia en sí. Pero la historia transcurre según los cánones, mientras que El vano ayer narra en un plano secundario, como en un nivel subconsciente, donde avanza pero como si no fuera con ella.

Ya sabéis que me fascinan los aspectos formales y por eso estoy poniendo en primer plano lo que a mí me parece literariamente más relevante de esta novela, lo que evita que sea «otra novela sobre el franquismo». Pero si uno lee reseñas sobre ella lo que más se destaca es su ataque despiadado al franquismo, su forma desnuda, descarnada e incómoda de presentarlo, en una época donde la revisión histórica es la norma. 2004 era un año particularmente apropiado para ello: llegaba a su final la segunda legislatura de Aznar, la de la mayoría absoluta, la de la guerra de Iraq. Recuperar la memoria histórica, y hacerlo sin paños calientes, no estaba de más.

La novela, como he dicho, fue galardonada con el que posiblemente sea el premio novelístico más prestigioso de la lengua castellana: el Rómulo Gallegos. ¿Por qué entonces no es más conocida? Yo no tenía ni idea de su existencia hasta descubrirla en la lista de premiados en la Wikipedia.

Justo ese año, el crítico venezolano Gustavo Guerrero puso en entredicho la imparcialidad del jurado en un editorial en El País titulado Requiem por un galardón, un jurado al parecer impuesto por el chavismo para acallar las críticas contra su régimen que habían protagonizado autores previos. El artículo es muy injusto contra esta novela porque, a pesar de que le reconoce su gran calidad y ser merecedora del premio, sugiere que en realidad el galardón lo podría haber recibido Rosa más por sus simpatías castristas que por su novela:
«El verano pasado, al igual que muchos otros críticos y editores, me tomé el tiempo de leer su novela y, sin llegar al extremo de decir que es una obra necesaria, nada me impide reconocer que me pareció brillante, y así se lo escribí a su traductor francés. Pero con la misma sinceridad también digo que, si es verdad que otro jurado bien habría podido darle el premio, éste de los cinco incondicionales no podía no dárselo, pues, desde un comienzo, había sido concebido, diseñado y preparado no para valorar sin prejuicios una novela, sino para asegurar el triunfo de una ideología y de aquellos que la apoyan. Me queda así la incomodísima sospecha de que otras de las finalistas y, en particular, la excelente novela de Juan Villoro, El testigo, no hayan hecho aquí sino papel de comparsas; me queda casi la íntima convicción de que, detrás de la decisión final, no se oculta ningún “intenso debate estético”.»
El propio autor respondió en su día (muy acertadamente en mi opinión) a tan injusta crítica. No soy simpatizante de Chávez, pero la novela sí es merecedora del galardón al margen de otras consideraciones. Pero la cuestión aquí es: ¿tuvo que ver el posicionamiento de El País en que la novela no trascendiese como sí lo han hecho otras que han recibido el mismo premio? ¿Por qué poca gente conoce El vano ayer y sin embargo HHhH, con un planteamiento formal parecido, es tan famosa? Pudiera ser que el antichavismo estuviera detrás de su ostracismo, pero «(a) lo mismo que le digo una cosa le digo la otra, y (b)»: francamente no lo creo. En mi opinión, las virtudes de esta novela son sus propios lastres. Primero, se trata de una novela sobre el franquismo, y hay cierta hartura sobre el tema. El problema que el autor quiere evitar desde el primer capítulo cae sobre la novela como una losa desde que se habla de ella como de una reflexión sobre el franquismo, omitiendo sus virtudes literarias. Segundo, y por el mismo motivo, la novela es “oscura”. Nadie espera pasarlo bien leyendo sobre el franquismo, y la novela tiene pasajes muy duros (recuerdo especialmente el documento sobre métodos de tortura de la DGS) y un final “triste” (no puede acabar bien una historia sobre el franquismo). Por contra, HHhH tiene héroes, acción y muere el malo. Aun situadas en el mismo plano metaliterario, HHhH es más hollywoodiense.

No aspiro a ello, pero sirva esta reseña como un intento de hacerle justicia a esta gran novela. De verdad que merece la pena leerse. Es realmente buena.