lunes, 11 de mayo de 2015

Hic sunt dracones: Cuentos imposibles, de Tim Pratt

Algunos recordaréis la serie que se emitió en España a mediados de los 90 bajo el título Más allá del límite (Rumbo a lo desconocido en Latinoamérica). Se trataba de un remake de la serie The Outer Limits, que triunfó en los 60 en los Estados Unidos y de la que en los 90 hicieron siete nuevas temporadas. Eran historias de ciencia ficción, pero de una ciencia ficción «al límite de la realidad». Seguían siempre un esquema más o menos similar: en nuestro mundo se producía algún fenómeno que transgredía la realidad, y la historia se construía a partir del modo en que los personajes lidiaban con esa anomalía. Los episodios normalmente terminaba sin que se explicara la anomalía; las historias no tenían personajes profundos, y los finales solían ser sorprendentes, inquietantes o impactantes. Eran entretenimiento en lata, un chicle mental, la versión modernade los cuentos de la abuela... Y estaban bien.

Tim Pratt podría haber sido uno de los guionistas de esa serie. Cualquiera de sus cuentos haría, por contenido, desarrollo y extensión, un episodio canónico. No me cabe duda de que, si algun día la resucitan, tirarán de sus relatos. Así que Hic sunt dracones (acertadamente subtitulado Cuentos imposibles) responde al mismo esquema de entretenimiento que cualquier episodio de la serie.

Para los que no lo sepáis (como yo hasta hace poco), «Hic sunt dracones» es una inscripción que aparece en la costa sudeste asiática de un mapamundi del siglo XVI, y la frase ha quedado para denotar la terra incognita, los lugares inexplorados y llenos de peligros inimaginables. Como veis, un título que viene a sugerir lo mismo que The Outer Limits.

¿Quiere decir todo esto que el libro está bien? Bueno... yo solía ver la serie. Ya he dicho que era un «chicle mental», pero un chicle con sabor agradable. Ninguno de los relatos (como ninguno de los episodios) es memorable, pero prácticamente todos son curiosos, desbordan imaginación. Y se leen del tirón. Así que resulta una lectura cómoda y descansada. Pero también intrascendente.

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