jueves, 3 de diciembre de 2015

Proyecto XI, de Francesc Blanco

Thriller con aspiraciones de best-seller. Jon Vivaldi, un periodista que elabora un reportaje sobre fraudes paranormales, desaparece investigando uno de los casos. Anna, una amiga suya, decide buscarlo y acaba atrapada en un piso de un edificio que no existe y del que no puede salir, aunque sí puede comunicarse con el exterior. El piso pertenece a Bastian, un individuo capaz de conocer el futuro de la gente hablando con los personajes de los libros. A partir de estos elementos se monta una intriga en la que Anna debe encontrar a Jon usando pistas relacionadas con libros y en la que se mezclan el espacio y el tiempo, la ficción y la realidad y lo divino y lo humano.

Hay millones de libros como éste, y con ellos comparte muchos tics. Por ejemplo, sus personajes son flojos porque lo que importa en estos libros es la trama; la narración pierde credibilidad porque no es normal que los protagonistas asuman lo sobrenatural con tanta naturalidad, y el guión está plagado de trampas, como recurrir de pronto a poderes ocultos («Bastian hizo aparecer un vaso, porque tenía la capacidad de hacer aparecer objetos» —me lo estoy inventando—).

Entonces, ¿se puede decir algo bueno de esta novela? Bueno, pues sí. Se puede decir que está bien escrita (que no es poco en estos casos), que la intriga te mantiene enganchado, que en ocasiones tiene algún toque simpático y que las referencias literarias que sostienen el argumento tienen cierta gracia (¿no os resulta familiar que un tipo que puede entrar en los libros y hablar con sus personajes se llame Bastian?). Así que me la he leído del tirón.

Pero también tiene algún pero (más). Por ejemplo, acaba... Bueno, no acaba. Queda en un cliff-hanger sugiriendo que habrá (que tiene que haber) una segunda parte (y posiblemente más). No es que eso sea malo en sí, pero a mí me gusta que, aunque quede claro que habrá más partes, la novela quede bien rematada. Por ejemplo, Juego de tronos: se ve que habrá continuación, pero es una novela con un buen final, lógico y consistente con la trama. Hay que currárselo un poquito más.

Para resumir: un libro ameno para pasar el rato pero totalmente prescindible. Buena lectura playera (aunque no sea la época).