domingo, 6 de enero de 2013

The Black Swan, de Nicholas Nassim Taleb

El descubrimiento de cisnes negros en Australia debió de ser un suceso impactante para los ingleses a finales del siglo XVII. La observación de dicho evento invalidó milenios de observaciones anteriores que ratificaban que todos los cisnes eran blancos. El autor, Nicholas Nassim Taleb, nos introduce de esta forma los Cisnes Negros (con mayúsculas), que define como eventos que son poco predecibles, con un alto impacto y que, a la vez, suelen ser explicables una vez han pasado.

El impacto del cisne negro (el animal, en minúsculas) no tuvo consecuencias económicas, imagino. Pero pensemos ahora en la serie temporal de los precios del petróleo, y recordemos la crisis del petróleo. Dicha crisis fue un evento que cumple las tres propiedades del Cisne Negro: no fue predicha, tuvo un gran impacto y fue explicable a posteriori. Taleb nos relata una serie de eventos económicos y políticos que no fueron previstos en su momento, aunque luego parecieron "razonables" una vez conocidas sus causas. Podríamos pensar que dichos eventos son tremendamente raros, y que por tanto no se deben tener en cuenta en posteriores análisis. Pero el autor se pregunta: ¿son realmente tan raros? Para contestar a la pregunta nos habla en su libro de dos regiones: Mediocristán (o la región de las distribuciones más o menos normales) y Extremistán (o la región de las distribuciones de cola ancha), y nos pone ejemplos muy claros de probabilidades de que sucedan ciertos eventos en cada una de las regiones. Por ejemplo, mientras las alturas de personas estarían distribuídas como una gaussiana, la riqueza lo estaría como una ley de potencias, y la primera decae de forma mucho más abrupta que la segunda (esto nos lo cuenta en la última parte del libro, donde entra en la parte "técnica" de Barrio Sésamo). Esto hace que los eventos "raros" de Extremistán sean mucho más comunes de lo que pensamos.

Otra pregunta que se hace es ¿podríamos haber previsto dichos eventos? Eso depende de qué tipo de evento sea. Hay sucesos que son imprevisibles porque no podemos tener toda la información posible, pero hay otros que no podemos prever sobre todo porque no nos hemos molestado en buscar (o en usar) la información disponible. Ejemplos de los primeros son los avances teconológicos y científicos o el 11-s, y de los segundos... cualquier "excepción" de los modelos usados en finanzas cuantitativas. De hecho, el autor se despacha bien a gusto con todos los supuestos expertos en predicción y académicos que utilizan métodos cuantitativos basados en distribuciones de Mediocristán. Los llama phonies (timadores, falsos), ya que hacen análisis cuantitativos rigurosos pero sus resultados ya se ha visto en multitud de ocasiones que no son válidos. Y lo más sangrante es que da lo mismo que sus predicciones no funcionen, ya que siguen siendo consultados una y otra vez, cobrando una pasta, ocupando puestos académicos importantes o incluso dándoles el premio Nobel de Economía (tiene tela).

Reconocer que vivimos en Extremistán y no en Mediocristán no es nada fácil. Estar esperando siempre un evento raro (que no tiene por qué llegar) es agotador anímicamente. No sólo porque no sabes cuándo llegará, sino por la presión social que busca éxito a corto plazo y que espera de tí lo mismo. A este respecto, la sección "Peer cruelty" realmente me llegó al corazoncito. El autor no es científico, es un trader que va a contracorriente, pero por lo que cuenta (aunque no dice directamente) parece que tuvo hace poco un cáncer que él achaca a esta presión. 

Y es que todos tendemos a sobreestimar o subestimar probabilidades. Por ejemplo, los seres humanos tendemos a sobreestimar la probabilidad de que nos toque la lotería (si la gente se diese cuenta del valor de la probabilidad no jugaría tanto) y sin embargo a la vez pensamos que la probabilidad de que vuelva a pasar una tragedia (que ya ha pasado y por tanto no deberíamos suponer imposible) es despreciable.  Además, tendemos a estimar mal rangos de valores. Por ejemplo, el autor cuenta que en una charla en un congreso le pidió a la audiencia que le diera un rango que contuviera el número de libros en la biblioteca de Umberto Eco. No puso ninguna restricción sobre las características del rango, y sin embargo ninguno de los oyentes dio uno que contuviera la cifra exacta (del orden de treinta mil), y los que más se acercaron sólo llegaron a los miles de libros. Es un ejemplo algo tonto, pero pone de manifiesto que nuestro cerebro no está hecho para esperar eventos raros, sino sólo para lo cotidiano, y que ponerse a trabajar en contra de la naturaleza y esperar lo inesperado nos puede desgastar por dentro.

Hay muchos otros temas que se tratan en el libro y que son igualmente interesantes: la "antilibrería" de Umberto Eco, o cómo tendemos a buscar información que apoye nuestra tesis y no que la refute; la "epistemocracia", o cómo a veces deberíamos valorar más la ignorancia reconocida, la imposibilidad de predecir un resultado por falta de información, que una predicción errónea, por muy precisa que parezca; la "platonicidad" o "falacia narrativa", o cómo tendemos a buscar explicaciones demasiado sencillas a las cosas que ya han pasado para hacernos sentir más seguros, pero que muchas veces no son ciertas...  Y otros más que seguro que se me olvidan. 

Este libro lo he leído con la sensación de parar cada dos por tres para pensar en un párrafo o una frase que acababa de leer, y con la que estaba plenamente de acuerdo. Es un libro para reflexionar pero también para pasar un buen rato por el tono en el que está escrito y el estilo directo y sencillo que utiliza. La única pega que le veo es que es algo machacón para asegurarse de que el lector capta el mensaje. Supongo que será porque el libro parece el producto de la catarsis del autor tras años de ostracismo laboral, personal y académico. Y fue escrito en 2007, pocos años antes de la crisis financiera que se ha cargado la economía mundial. ¿Ironía? Bueno, ahora le llaman más como tertuliano en programas de economía.

Para mí, recomendadísimo. Y le agradezco mucho a Jose que me lo recomendase. Siento haber tardado tanto en reseñarlo.