viernes, 4 de enero de 2013

Vida de Pi, de Yann Martel

Algunas grandes películas pasan desapercibidas porque el marketing las enfoca muy mal. Pasó con La princesa prometida. La primera vez que intentamos verla rehusamos entrar por la mala pinta que tenía (fijaos en el cartel y en la descripción del argumento). Cuando finalmente la vimos salimos boquiabiertos (“¡Hemos estado a punto de perdérnosla!”). Mucha gente no fue a verla y resultó un fracaso de taquilla. Ahora es una película de culto. Hay muchos más ejemplos: Blade Runner, El club de la lucha, La noche del cazador... En muchos casos, además (en todos los que he citado), la película venía avalada por un éxito editorial, lo que hace aún más incomprensible el fracaso (o hace recaer más culpa sobre el departamento de promoción).

Quizá una justificación posible sea que en la mayoría de los ejemplos se trata de historias tan originales que se salen de los esquemas establecidos, y ninguna de las recetas habituales funciona con su potencial público. Ese es el caso de Vida de Pi, que prometía ser un truño de Disney de los muchos a los que nos tiene acostumbrados, pero de la que un día, charlando de cine en la comida, Javi Muñoz me dijo que había ido a verla y que le parecía muy buena. Él me descubrió, primero, que el director era Ang Lee (a quien, en general, considero un director solvente), y segundo, que la película se basaba en una novela que había sido un bestseller. Al cine no voy por cuestiones de principio (me parece un robo pagar 10 eurazos por ver una película rodeado, además, de devoradores de palomitas y sorbedores de cocacola), así que decidí probar suerte con la novela. Indagando un poco vi, en efecto, que no sólo era un éxito de ventas, sino que había recibido diversos premios en varios países.

La novela es magnífica. No es un bestseller sin más: es una gran novela y punto. Os resumo el argumento. Es la historia de Piscine Molitor Patel, “Pi”, el hijo del dueño del zoológico de Pondicherry, una ciudad de la costa sudeste de la India,  antigua colonia francesa. Cuando Pi es un adolescente sus padres deciden emigrar a Canadá a bordo de un barco japonés, donde además llevan varios de los animales del zoológico con destino a diversos zoos americanos. El barco naufraga en medio del Pacífico y Pi es el único superviviente humano. Pero con él se salvan también una cebra herida, un orangután, una hiena y un tigre de Bengala. Y todos comparten el mismo bote salvavidas.

La novela está dividida en tres partes: la infancia en Pondicherry, la odisea de supervivencia en el Pacífico en semejantes condiciones (sin duda la parte central del argumento), y por último la llegada a la costa mexicana. Indudablemente, la primera lectura es que se trata de un libro de aventuras. Pero el libro es mucho más que eso. La primera parte resulta tan interesante como el naufragio: los personajes que rodean a Pi, la vida en el zoológico, las reflexiones sobre la relación entre el hombre y la naturaleza (muy originales, por cierto), el día a día de un zoológico... La odisea de supervivencia, aparte de su interés per se, dadas las circunstancias, tiene también elementos de una road movie. Y por último, hasta en la parte que uno podría considerar de trámite, la arribada a México y el salvamento, hay un interesante giro de guión que obliga a hacer una relectura de la historia.

El estilo es sencillo; el ritmo sorprendentemente ágil, dado el tema; abundan las notas de humor, y a menudo la atmósfera del relato recuerda a los cuentos de las mil y una noches. Pese a la nacionalidad canadiense de su autor, la novela resulta “muy india”. Y pese a lo alambicado de la situación que describe, la historia de supervivencia es absolutamente creíble.

El que a pesar de El código Da Vinci o Los pilares de la Tierra novelas como ésta sean éxitos de público y reciban premios internacionales me hace tener aún esperanzas. Y, bueno, habrá que ver la película...