Algunas grandes películas pasan desapercibidas porque el marketing las enfoca muy mal. Pasó con La princesa prometida. La primera vez que intentamos verla rehusamos entrar por la mala pinta que tenía (fijaos en el cartel y en la descripción del argumento). Cuando finalmente la vimos salimos boquiabiertos (“¡Hemos estado a punto de perdérnosla!”). Mucha gente no fue a verla y resultó un fracaso de taquilla. Ahora es una película de culto. Hay muchos más ejemplos: Blade Runner, El club de la lucha, La noche del cazador... En muchos casos, además (en todos los que he citado), la película venía avalada por un éxito editorial, lo que hace aún más incomprensible el fracaso (o hace recaer más culpa sobre el departamento de promoción).
