Aunque es muy famoso, yo no supe de este manuscrito hasta no hace mucho, cuando lo mencionó Bartolo Luque en una charla. Se trata de un curiosísimo —y me quedo corto— códice medieval (en realidad, de principios del XV, pero tiene todo el «estilo» de los códices medievales). En apariencia el manuscrito Voynich (que se llama así por el librero que lo sacó a la luz de la biblioteca jesuítica donde estaba oculto) es como otros muchos: pergamino encuadernado, escrito a mano, con hermosas ilustraciones de plantas, estrellas, animales y diversas escenas más o menos peculiares. Pero lo que resulta extraño es la lengua en la que está escrito: una lengua incomprensible en caracteres extraños que, a fecha de hoy, ha resistido todo intento de descifrado.
