Así como los buenos ciclistas dan la última pedalada detrás de la línea de meta, así planto yo éste, mi último post del año, el mismo día de Nochevieja. Y lo que traigo es un texto poco usual, en primer lugar porque es una obra de teatro, género que escasea en este blog; en segundo lugar, porque es de Eduardo Mendoza, un gran novelista que, sin embargo, no se ha prodigado en otros géneros (junto con otra anterior, Restauración, son sus únicas dos piezas teatrales); en tercer lugar porque no es una obra fácil de encontrar (hasta ahora), y en cuarto lugar, porque la lengua original de esta obra es el catalán, y no el castellano, la lengua habitual de la literatura mendoziana.
