martes, 31 de diciembre de 2013

Gloria, de Eduardo Mendoza

Así como los buenos ciclistas dan la última pedalada detrás de la línea de meta, así planto yo éste, mi último post del año, el mismo día de Nochevieja. Y lo que traigo es un texto poco usual, en primer lugar porque es una obra de teatro, género que escasea en este blog; en segundo lugar, porque es de Eduardo Mendoza, un gran novelista que, sin embargo, no se ha prodigado en otros géneros (junto con otra anterior, Restauración, son sus únicas dos piezas teatrales); en tercer lugar porque no es una obra fácil de encontrar (hasta ahora), y en cuarto lugar, porque la lengua original de esta obra es el catalán, y no el castellano, la lengua habitual de la literatura mendoziana.

Se trata, como el subtítulo indica, de una comedia en un solo acto. Un vodevil canónico, porque plantea una situación de enredos y equívocos entre los pocos personajes de la obra. Está escrita en tono humorístico, y aunque en superficie es ligera, no está exenta de sátira y crítica social. ¿Mola? Pues vaya... Soy de los que creen que el teatro no se escribe para que se lea. He visto muchas obras francamente malas, que sin embargo han resultado un éxito debido a la interpretación de los actores. En el teatro escrito falta una información que deben aportar, a partes iguales, director de escena y actores a través de sus acciones, gestos, entonaciones y demás recursos escénicos. Nada de eso aparece en el texto, de manera que al leerlo tienes que convertirte a la vez en buen director y buen(os) actor(es) para que la cosa resulte convincente. No estoy seguro de ser nada de las dos cosas, así que no estoy seguro de haberle sacado a la pieza todo el partido que podría dar, y por ello me ha parecido floja. Para empezar, no es muy original, parece más bien un ejercicio de puesta en escena de un esquema bastante clásico. Se reconocen personajes, situaciones, escenas incluso, de una infinidad de otras obras y películas. Tampoco los diálogos son brillantes. Mendoza tiene un registro humorístico mucho más afinado del que hace gala en una buena parte de sus novelas, y en comparación esta obra resulta sosa. Pese a ser una comedia no me ha arrancado ni una sonrisa (Riña de gatos, por el contrario, consiguió hacerme reír carcajadas). Pero creo que unos buenos actores podrían convertir este texto en una obra bastante decente.

Podéis juzgar por vosotros mismos. No se tarda más de una hora en leerla. En cualquier caso, no me extraña que sea una obra poco conocida de Mendoza.