El chauvinismo histórico que padecemos (no sólo en España, sino en todas partes) nos hace tener una visión egocéntrica de la Historia que nos convierte en unos perfectos ignorantes a la que nos alejamos 1000 km de nuestro país. La Historia de España se estudia con exhaustividad —no en vano «España es una gran nación con 3.000 años de historia» (sí, a veces la ignorancia empieza en el km 0)—, pero la del resto del mundo, sólo en la medida en que nos afecta. Por eso sabemos cosas de la historia de Francia, Inglaterra, Italia o Alemania, pero lo ignoramos todo de los Balcanes o del Imperio Otomano (casi cinco siglos de historia despachados bajo el alias de «los turcos»). Y, paradojas del chauvinismo, aunque eso debiera significar que Latinoamérica tendría ser una extensión de nuestros libros de Historia, pues resulta que no, que sabemos mucho de las hazañas de Colón, Cortés o Pizarro, pero a la que los respectivos países se fueron independizando fueron cayendo en el más olímpico olvido («¿Cómo? ¿No queréis tener nada con nosotros? Pues que os den...»).
