Hará unos cinco años me hice socio de
la FNAC recién abierta en Sevilla. En aquellos tiempos (hoy día no
lo sé) te daban como oferta de bienvenida un 3x4 en libros, discos y
pelis. Yo me puse las botas y llegué a la caja con 16 cds, 16 dvds y
16 libros. Me dijo la chica que me cobró que era la primera vez que se usaba así el pack de bienvenida (el máximo era de 16 cosas,
por eso no me llevé más). De más está decir que aproveché esa
oferta para comprar unos pocos de libros que quería desde hacía
años (clásicos indiscutibles como Crimen y Castigo, Farenheit 451,
etc). Pero 16 libros son muchos, así que de mi larga lista fallaron
unos pocos que hube de completar como pude. Justo fue en ese momento
que cayó en mis manos (por suerte, he de decir) este libro que reseño
en esta entrada del blog (en esa época me dio por comprar libros de
divulgación, algunos resultaron buenos, como este, y otros una gran
bazofia). Lo tenía en tareas pendientes desde hace año, pues mi mujer, Niurka, lo leyó y le encantó (de hecho se lo contaba a nuestro hijo pequeño que por entonces tendría unos 4 años).