La contraportada de este raro ejemplar editado por la antigua editorial Bruguera prometía «[u]n gran clásico de la ciencia ficción que explora las posibilidades de comunicación erótica entre seres de distinta naturaleza. Escrito en 1962, cuando la autora contaba sesenta y tres años, este libro narra las aventuras de una astronauta que, en su recorrido por distintos planetas, establece contacto —e incluso relaciones sexuales— con seres no humanos.» Admito que el morbo no fue ajeno a mi decisión de leerlo, pero aclaro que no hay nada (o muy poco) en él de lo que la contraportada promete. Por el contrario, me he encontrado con una curiosa novela, una especie de versión femenina de los Diarios de las estrellas de Lem, escrita por una no menos interesante autora.
