jueves, 20 de enero de 2011

Corazón tan blanco, de Javier Marías

Esta entrada es fruto del blog. Nunca había leído nada de Javier Marías, confieso que por prejuicio. Lo tenía asociado a la banda de escritores que aparecieron bajo el paraguas de PRYSA y que para mí forman un todo ideológico junto con El País Semanal y los individuos que se pasean los domingos con él bajo el brazo, en chándal y zapatos; a ser posible paseando un perro. Pero hace ya algunos meses Mario puso en el blog una reseña favorable de Mañana en la batalla piensa en mí, y llamó mi atención sobre Javier Marías. Indagué un poco, y el libro que voy a reseñar aparecía como su obra maestra, así que me decidí a empezar por él.

Y en efecto, me parece, si no una obra maestra, una gran novela. En realidad, la novela es una tesis; un largo argumento en defensa de la idea de que en muchas ocasiones es preferible no saber. Hay dos elementos claves en la novela que de algún modo la definen: por un lado, la frase que le dice al protagonista su padre cuando acaba de casarse: "si alguna vez tienes secretos, o si ya los tienes, no se los cuentes a tu mujer"; por otro lado, la escena de Macbeth en la que éste le dice a su mujer que acaba de asesinar al rey. Parece que esta escena inspiró la novela entera tras un visionado de la película de Orson Welles. Y como una metarreferencia al tema principal, la novela arranca con una escena brutal, una de esas escenas que no olvidas, que no puedes para de leer hasta acabarla, y que después te obliga a leer la novela entera para poder entenderla. Una vez leída, no puedes no leer el resto. A veces es mejor no saber, porque si sabes, entonces ya no puedes ignorarlo. Ese es el tema.

La novela está escrita en primera persona y es una divagación que arranca de la escena que acabo de mencionar. El protagonista encadena digresión tras digresión, encajándolas unas en otras a varios niveles, a veces retrocediendo, a veces intercambiando los niveles de manera que lo que era digresión pasa a ser el tema principal y el tema principal se vuelve digresión. En cada una de ellas aparece una historia que tiene interés en sí misma, al margen de lo que llevó al protagonista a mencionarla. Las historias giran en torno a la tesis y además comparten más elementos. De algún modo parecen como aspectos distintos de un mismo conflicto, un conflicto que tiene que ver con las relaciones de pareja y con el matrimonio. Las historias se abandonan y retoman varias veces a lo largo de la novela. Frases, párrafos, escenas... se repiten una y otra vez adquiriendo distintos matices. Todo va encajándose alrededor del enigma con que empieza la novela y que se desvela al final, donde todas las historias confluyen como si cada una hubiera sido introducida para ilustrar algún elemento del enigma.

El estilo, la forma en que está narrada, me gusta mucho. Como no he leído nada más de él, no sé si es el estilo Marías o si es peculiar de esta novela. En todo caso es la forma perfecta de contar luna historia como esta. Es lento y barroco, reiterativo a veces y enmarañado. No es, desde luego, una novela fácil, pero en mi opinión, el esfuerzo merece la pena.

Al parecer, no todo lo que me queda por leer es una variación de algo que ya he leído. Mola.