lunes, 7 de febrero de 2011

Evolución: la asombrosa historia de una teoría científica, de Edward J. Larson

Empezando con Cuvier, el padre de la Paleontología, el creacionista (en aquella época todos lo eran) que, sin embargo, fue fiel al empirismo hasta el punto de enmendar la plana al Génesis porque éste no cuadraba con lo que veía en el registro fósil, y acabando con Gould, otro paleontólogo, este, en cambio,  que puso en duda la versión neodarwinista que surgió de la denominada síntesis moderna, también porque (decía él) no explica lo que muestra el registro fósil, el autor hace un recorrido por la historia de y alrededor de la teoría evolutiva, contándonos su gestación, los debates que originó y el impacto que tuvo en la ciencia, en la sociedad y en nuestra forma de ver el mundo. El libro resulta fascinante, en parte porque la evolución ejerce aún una fascinación especial, pero en buena medida debido a que toca muchos aspectos distintos de la historia.

En primer lugar, se preocupa de poner al lector en situación en cada momento histórico, para que pueda entender los debates que surgían entre los personajes implicados. Por ejemplo, no es lo mismo rebatir el creacionismo ahora que hacerlo a comienzos del siglo XIX: por muy respetable que hoy nos parezca, la idea de la evolución de las especies en aquel momento se basaba en especulaciones tan sin fundamento como su rival. En el siglo XIX, defender la teoría de las sucesivas creaciones tenía perfecto sentido y era más compatible con las observaciones que las "teorías" evolutivas con las que rivalizaba. Por eso he descubierto que Cuvier fue un gran científico, pese a que se murió rebatiendo la evolución. El debate evolutivo fue en realidad la revolución científica que dio origen al naturalismo (lo que hoy clasificamos como Biología y Geología) y que tuvo como principal resultado la erradicación de la explicación sobrenatural en las ciencias naturales. Pero además se mezclan otros elementos: la evolución era la teoría favorita de la Ilustración porque resonaba con las ideas revolucionarias y militaba en las filas de los ateos; por este motivo también, los tradicionalistas (Cuvier entre ellos) la atacaban por principio. Pese a todo, el debate era científico, y unos y otros se devanaban los sesos pensando argumentos para echar por tierra las evidencias en apoyo de la teoría contraria, o buscando evidencias alternativas. En el caso de los antievolucionistas, irónicamente algunas de estas evidencias acabaron con el tiempo apoyando la teoría evolutiva.

Otro aspecto interesante es la repercusión del darwinismo fuera de la ciencia. El libro nos cuenta el movimiento eugenésico y el auge del darwinismo social, que en buena medida emplearon las ideas de la selección natural para justificar prejuicios raciales y de clase. De todos es sabido a lo que llevó la eugenesia, razón por la que hoy día la palabra tiene un fuerte tufo racista (aunque en buena medida todas las sociedades practican la eugenesia en mayor o menor grado). Y ese es el motivo por el que hablar de caracteres psicológicos heredables fue anatema durante buena parte del siglo XX. Y la razón de que se montara una gran tangana cuando el darwinismo irrumpió en las ciencias sociales en los años 70, de la mano de Wilson y Hamilton, como una consecuencia más de la teoría del gen egoísta. Otro debate que el libro cuenta muy bien.

El tercer aspecto que me ha gustado mucho del libro es el recorrido que hace por la genética, desde el experimento de Mendel hasta la síntesis moderna (el neodarwinismo). En el libro aparece como la pieza clave que salvó al darwinismo de ser una teoría evolutiva más y, al menos desde mi punto de vista, destaca muy bien el poder explicativo de la genética de poblaciones como la primera teoría capaz de dar cuenta de verdad del origen de las especies. Si es o no la última palabra está aún por verse, aunque mi opinión, a la luz de lo que está desvelando la genómica, es que no, o al menos que hay importantes eventos en la evolución cuyo mecanismo hay que buscarlo en otra parte. De esto (lamentablemente) el libro no habla, probablemente porque es investigación que se está haciendo ahora mismo.

En definitiva, empecé leyendo el libro porque Susanna me lo pasó para preparar un curso de dinámica evolutiva, con algunos pasajes marcados que podrían ser interesantes, y he acabado leyéndome, como si fuera una novela, los pasajes marcados y los no marcados. Y me lo he pasado en grande.