jueves, 14 de febrero de 2013

Leite derramado, de Chico Buarque

Chico Buarque es un nombre reconocido de la música popular brasileña, pero como éste es un blog de libros, hoy no hablaremos de su faceta de músico, sino de la de escritor. Como dramaturgo lleva tiempo dando guerra, y literalmente: por una obra de teatro fue encarcelado durante la dictadura brasileña. Como novelista, su labor es más reciente, comenzando en los años 90. Leite derramado (leche derramada) es su cuarta y más reciente novela. Yo la leí por instigación-recomendación de Jose, que sentía curiosidad tras lo que había oído hablar de ella, pero sólo pudo encontrarla en portugués. Y como yo leo portugués, cayó en mis manos. Me gustó leerla en portugués, y no tengo ni idea de cómo habrá quedado la traducción al castellano, aunque estoy bastante convencido de que algo tiene que perder. Como veterano letrista de canciones, Chico Buarque es cuidadoso con la selección de palabras y exprime las herramientas que el idioma le da, y sospecho que el sabor carioca de la novela tiene que sufrir en la traducción.

La novela fue un éxito monumental en Brasil y ha encumbrado a Chico Buarque entre los más reconocidos escritores contemporáneos por allí. La excusa argumental es simple: un hombre viejo, de origen aristocrático pero muy venido a menos, da la brasa contando su vida y sus recuerdos a quienquiera que tenga (o crea tener) al lado: enfermeras, su hija... Esa vida y recuerdos se remontan a historias de su abuelo y aún antes, y llegan hasta su único descendiente vivo, bisnieto o tataranieto, que ya ni él ni yo sabemos. Por lo tanto, estamos ante una especie de saga familiar que abarca casi 200 años, empezando por los salones de los días dorados del Imperio del Brasil y acabando en las favelas hoy en día. La gracia narrativa está en que el protagonista es muy viejo, y se le va mucho la pinza: va contando las historias y anécdotas de forma muy no-lineal. Algunas cosas las repite cada pocas páginas, otras partes importantes de la historia no las cuenta nunca, y sólo pueden intuirse. Y, por descontado, el orden cronológico en sus relatos, aunque existente, es tenue. Esta estructura es lo que más engancha de la novela, porque hábilmente se van insinuando cosas que enganchan el interés del lector pero que no se desvelan inmediatamente (algunas nunca), lo que empuja a seguir leyendo para juntar las piezas del rompecabezas de la vida de este señor. Rompecabezas que tiene su pieza principal, como no, alrededor de la única mujer que el protagonista amó: su falta es un fantasma constante de principio a fin del libro.