viernes, 13 de noviembre de 2015

The Mathematics of Life, de Ian Stewart

Ian Stewart es un gran divulgador de ciencia, en general, y de matemáticas, en particular. No en vano tuvo muchos años una columna fija en Scientific American, heredada de Douglas Hofstadter, de la que yo era uno de sus seguidores. Ha sido muy prolífico en libros de divulgación (tiene varios muy famosos), pero en particular éste, publicado no hace mucho (en 2011), llamó mi atención por razones que resultarán obvias para cualquiera me conozca. No es el primer autor que se preocupa por el aspecto más matemático (en el sentido más profundo de la palabra) de la biología, pero sí es quizá el que más seriamente se ha enfrentado a la cuestión —al menos de los libros que yo he leído. Por cierto que, aunque lo he leído en inglés (y es, por tanto, la edición que voy a comentar), hay una traducción al castellano con el título de Las matemáticas de la vida, que imagino que no difiere mucho en contenido.

Dice el amigo Ian en el primer capítulo del libro que en la biología ha habido hasta ahora cinco grandes revoluciones, y que la sexta está gestándose en estos momentos. La primera fue la invención del microscopio, que reveló todo un universo desconocido de la biología y, muy especialmente, llevó a la teoría celular, la primera gran teoría unificadora de la disciplina. La segunda fue la taxonomía. No parece que clasificar sea una gran revolución, pero cuando la confusión es muy grande, clasificar puede llevar a ver la luz. Así ocurrió en la biología, donde la taxonomía reveló los patrones evolutivos mucho antes de que se formulara el concepto de evolución, y así ocurrió en la química, con la tabla periódica de Mendeleiev. La teoría evolutiva es la tercera gran revolución. «Nada tiene sentido en biología si no es a la luz de la evolución»; la teoría evolutiva es el paradigma que explica toda la biología —¡y aun lo que no es biología! La cuarta revolución fue la genética. De hecho, fue la pieza del puzzle que le faltó a Darwin: el mecanismo de la herencia. Y por último está el famoso descubrimiento de la estructura del ADN: el «secreto de la vida», como lo llamó Crick en el pub al que él y Watson fueron a celebrar su hallazgo de la doble hélice, y la llave para la era genómica que estamos viviendo.

La tesis de este libro es que la irrupción de la matemática en la biología es la sexta revolución, que lleva ya algún tiempo en marcha y aún no ha terminado. Pero se refiere a la Matemática con mayúscula, es decir, no el empleo de meras herramientas cuantitativas para ayudar a interpretar datos, sino la elaboración de genuinas teorías matemáticas de fenómenos biológicos.

Seis de los capítulos que siguen al introductorio exponen con detalle las cinco revoluciones que he mencionado más la genómica —que ahora mismo domina el 90% de la investigación en biología. Son una magnífica (breve) introducción a la biología (una de las mejores que he leído de manos de un no biólogo). Entre ellos, y para ir abriendo boca, Stewart intercala un fascinante capítulo sobre los números de Fibonacci y la floración de las plantas. Pero es a partir del capítulo 9 cuando despliega toda la artillería, y dedica capítulos a la filogenia, a la formación de las cápsidas de los virus, a las redes neuronales, la formación de patrones, la teoría de nudos, la teoría de juegos, la de redes, la ecología... Campos en varios de los cuales el propio autor tiene contribuciones relevantes. Mucho de lo que cuenta me era desconocido, pese a que de varios de los temas conozco bastante. Y todo está contado de una forma asequible. No hay muchas ecuaciones, pero alguna hay, y aunque ya sé que se pierden lectores en razón directa al número de ecuaciones, tratándose de matemáticas yo las agradezco.

Los últimos capítulos son curiosos. Ya he mencionado en otra entrada que Ian Stewart es coautor con Jack Cohen de un libro titulado What Does a Martian Look Like?, con sus reflexiones y especulaciones sobre exobiología. Mencioné que no iba a hacer una reseña de ese libro porque, aunque lo que dice es intersante, me acabó resultando aburrido de leerlo repetido una y otra vez, y acabé abandonándolo a mitad de lectura. Bueno, pues uno de esos capítulos finales a los que me refería es un perfecto resumen de ese libro, lo que que está muy bien porque te transmite la misma información en muchas menos páginas. Nada tiene que ver con la matemática, así que su presencia en este libro es, cuando menos, cuestionable. Sin embargo, es uno de los capítulos más interesantes.

Total, que me lo he pasado muy bien leyendo este libro. Divulgación de la buena.