miércoles, 14 de agosto de 2013

La fórmula preferida del profesor, de Yoko Ogawa

Este pequeño librito lo leí para desconectar de la “paliza” de fantasy que me di tras la lectura de la saga de Geral de Rivia. He aquí su contraportada:
Auténtico fenómeno social en Japón (un millón de ejemplares vendidos en dos meses, y otro millón en formato de bolsillo, película, cómic y CD) que ha desatado un inusitado interés por las matemáticas, esta novela de Yoko Ogawa la catapultó definitivamente a la fama internacional en 2004. En ella se nos cuenta delicadamente la historia de una madre soltera que entra a trabajar como asistenta en casa de un viejo y huraño profesor de matemáticas que perdió en un accidente de coche la memoria (mejor dicho, la autonomía de su memoria, que sólo le dura 80 minutos). Apasionado por los números, el profesor se irá encariñando con la asistenta y su hijo de 10 años, al que bautiza «Root» («Raíz cuadrada» en inglés) y con quien comparte la pasión por el béisbol, hasta que se fragua entre ellos una verdadera historia de amor, amistad y transmisión del saber, no sólo matemático… Una novela optimista que genera fe en el alma humana, contada con la belleza sencilla y verdadera de un «larguísimo» haiku.
Puede ser por supuesto deformación profesional (soy matemático), pero el libro me gustó mucho. La historia transcurre a lo largo de varios años en casa del susodicho profesor y no hay asesinatos, ni suspense, ni nada. Es el día a día de una asistenta doméstica que tiene que lidiar con un tipo muy peculiar. El libro está escrito como si fuese la asistente la autora de la historia. En el libro el personaje principal no es el profesor, ni la asistenta, ni siquiera el hijo de ésta. Son las Matemáticas, y más concretamente la Teoría de Números. Aunque su autora no es matemática, esta claro que le apasionan, o si no, al menos es capaz de vislumbrar que las matemáticas son algo más que “el sandwich de paté la piara que no entra ni frío ni caliente” que clamaba un anuncio televisivo de los 90. Premios aparte, la novela está escrita en una prosa simple (se supone que la sirvienta a duras penas ha terminado la escuela) y fácil de leer. Un libro magnífico para una tarde lluviosa (como decía el conocido editor y escritor Mario Muchnik).