martes, 11 de marzo de 2014

Prisioneros en el paraíso, de Arto Paasilinna

Poned Arto Paasilinna en la web y encontraréis algo como esto:
«Nacido en Kittila (Finlandia) en 1942, ex guardabosque, ex periodista, ex poeta, es un autor de extraordinario éxito en Finlandia, donde cada una de sus novelas vende más de cien mil ejemplares, y muy apreciado también en sus numerosas traducciones por su humor original y su capacidad de contar de la manera más cómica las historias más desconcertantes. [...] Es un prolífico autor de novelas, ambientadas en la vida finlandesa, con un estilo sencillo, rápido y humorístico, ofreciendo en ocasiones una sátira de la vida moderna.»
Y una mierda. O la traducción es pésima, o la tradición literaria finlandesa es nula, o son seres marcianos para una mente mediterránea como la mía. Lo más suave que se puede decir de esta novela es que es naïf, pero vamos, lo que yo diría a cualquiera que me preguntara es que es una chorrada. Y de humor, ironía, sátira y demás, ni rastro. Bueno, si acaso la ironía de la que podría hacer gala un niño de seis años.

Una panda formada por enfermeras suecas y azafatas finlandesas, por un lado, y leñadores finlandeses por otro —más o menos a partes iguales, ya imagináis por qué—, más un periodista (el narrador) y el piloto y copiloto ingleses de un avión que vuela de Finlandia a Australia, sobreviven a la caída del avión al mar y van a parar a una isla desierta. El resto, os lo podéis imaginar. Tan simple como eso. Ah, y contado como si fuera una redacción para el colegio. ¿Estilo sencillo y rápido? ¡Nos ha jodido! Y lleno de puntos y aparte, como hacíamos las redacciones del colegio. ¿Humor? Depende de si aún te ríes con el chiste del fantasma de los ojos azules. Personajes chorras, personalidades planas, situaciones previsibles, nula tensión narrativa...

Me resisto a creer que esto es todo lo que da de sí la literatura finlandesa. Prefiero creer que es algún fenómeno de masas para mí incomprensible —pero con mucho sentido si vives la mitad del año de noche y muy bajo cero—, o que en lengua vernácula tenga unas sutilezas y matices que ha matado la traducción (lo dudo). Tiene que haber novelistas de calidad incluso en aquellas heladas tierras. Pero, por favor, ¿hay algún finlandés en la sala que pueda confirmar este punto?