martes, 25 de octubre de 2011

Barcos sin honra, de Alex García Alaman


Hoy traigo a este blog ni más ni menos que otro: una magnífica, amena y muy recomendable bitácora (como la llama el autor) sobre historia; específicamente sobre desmitificaciones históricas, como el subtítulo reza. El título del blog –nos explica su autor– alude a la famosa frase «Más vale honra sin barcos, que barcos sin honra», atribuida al almirante Méndez Núñez, quien al parecer la profirió, pese a su mitificadora grandilocuencia, en «una expedición de castigo en el Pacífico, donde Méndez Núñez llegó hasta El Callao, vio, bombardeó y se volvió a España sin peligro de quedarse sin sus preciosos navíos.» La frase es un símbolo de la tergiversación que la historia sufre andando el tiempo, por muy diversas razones.

El blog lo trajo a colación Saúl hace algunos meses poniendo una entrada en Buzz acerca de las Guerras de Flandes. Cuando lo leí y vi el material que había concluí dos cosas: que merecía la pena leerlo, y que, dado su volumen, era mejor pasarlo al ereader para hacerlo más cómodamente (es lo malo de los blogs, que cuesta leerlos en la cama; aunque supongo que esto no será un problema para quien tenga un tablet). Y como ebook (convenientemente adaptado y revisado) lo encontraréis en la conocida carpeta de dropbox.

Leído de un tirón es una magnífica colección de ensayos –de alrededor de 400 páginas– acerca de distintos hechos y aspectos de la historia, con el denominador común de echar abajo muchos mitos, omisiones o simples infundios propagados a través de la historiografía oficial. Y todo con una fina ironía y un estilo desenfadado, muy alejado de los tochacos al uso en este tipo de narraciones. Os aseguro que en más de una ocasión he llegado a la carcajada leyendo algún pasaje. Pero pese a este estilo ligero, el contenido es más que recomendable: yo diría que es imprescindible leerlo. La razón es que he descubierto que incluso los que  somos aficionados a la historia tenemos grandes lagunas que los poderes interesados se han dedicado a manipular, cuando no directamente a borrar de los libros. Así, me he sorprendido descubriendo, por ejemplo, que la burguesía catalana hizo su dinero, no manufacturando trapos, como siempre nos han hecho creer, sino cazando negritos en África y vendiéndolos como esclavos en Cuba. Sí, sí, como en Raíces. De hecho, si Cuba se perdió fue porque el gobierno español pasó olímpicamente de darle entidad de provincia a la isla y carta de ciudadanía a sus  colonos, y ello por la simple razón de que, de hacerlo, tendría que haber abolido la esclavitud, ilegal en España en aquellos tiempos (toma ya hipocresía),  acabando con el lucrativo negocio de esta buena gente. Al final se acabó de cualquier modo, pero para entonces la burguesía catalana había puesto su fortuna a buen recaudo "blanqueándola" (perdón por el chiste) en otros negocios más respetables, como el textil. Eso sí, este lobby negrero continuó participando activamente en la política del país, para regocijo de sus conciudadanos, realizando trabajitos como el de echar abajo la I República aplastando el que ha llegado a nuestros días como movimiento cantonal, y que es el sambenito que estos angelitos y sus agradecidos sucesores han colgado a lo que realmente fueron los primeros brotes del movimiento obrero (que quedó pospuesto para una mejor ocasión, de la cual ya sí que todos hemos oído hablar).

Y esto no es más que un ejemplo: en sus páginas caen "misconcepciones" como la de la Reconquista (¿Reconquista una cosa que duró 800 años? ¿De verdad?); se le da con vara a los Austrias y a los Borbones («the Dumb Saga»); reciben todas las ideologías (en especial el nacionalismo, al que dedica dos capítulos de significativos títulos: «La génesis de la boina» y «Banderas de nuestros padres»), y se echan abajo algunos mitos famosos, como el de Esparta. No me resisto a traer aquí el comienzo del primer capítulo dedicado a esta ciudad(es un decir)-estado:
Supongo que todos ustedes habrán visto ya la película “300”, ese video clip de dos horas en el que toda la población masculina de los gimnasios del Peloponeso se enfrenta a un ejército de orcos con máscaras dirigidos por la reina del carnaval de Tenerife. Ya saben, el heroico sacrificio de los durísimos espartanos, símbolo de la libertad, de Occidente, de nuestra cultura, de las cañas y las tapas del domingo y en general de todo lo bueno que en el mundo ha sido, en resumen, los “nuestros”, a manos de los corruptos, viciosos, traidores, sometidos y algo equívocos asiáticos, que todo el mundo sabe que de allí viene todo lo malo, como pueda ser el comunismo, los bazares orientales y Osama Bin Laden.
Este es el tono. En resumen, me lo he pasado a los indios leyendo este blog, y lo único que me preocupa es que, por el ritmo al que actualmente publica entradas en él, seguramente a este hombre lo tiene absorbido su trabajo y para mi desgracia al blog le quedan dos telediarios. Una pena que su autor no se dedique a escribir libros, porque tendría en mí a un fan entregado.