miércoles, 2 de noviembre de 2011

Nada, de Janne Teller

No hay nada peor que crear grandes expectativas. Nada. Compré este libro sin información previa, sin saber una palabra de la autora, seducida por las magníficas críticas de la contraportada y la solapa: "A la altura de un premio Nobel"; "Uno de los libros más literarios y filosóficamente interesantes de los últimos años"; "Impresionante. Janne Teller consigue manterner el suspense hasta la última página... Gran arte". En fin. El primer comentario me hacía esperar a García Márquez, a Saramago, a Yeats quizá... Con el segundo deseaba tener que replantearme algunas cuestiones, volver a dudar. El tercero me tentaba con un final inesperado. Pero, al final, nada de nada. En lugar de un texto de los grandes, dadaísmo. El crítico que anunciaba filosofía debería leer un poquito más. Y, para mi desilusión, el final estaba escrito en las primeras páginas (al menos en mi ejemplar). En la parte positiva: se lee en unas pocas horas.

Pierre Anthon dejó la escuela el día que descubrió que no merecía la pena hacer nada puesto que nada tenía sentido.
Los demás nos quedamos.

Así se anuncia la historia de Teller. El resto se desarrolla a partir de las acciones que los compañeros de clase de Pierre Anthon (subido a partir de la página diez a un ciruelo) inician para combatir el alud de realidad e indiferencia que se les ha venido encima. El empeño en devolver al renegado Pierre Anthon a las convenciones del mundo desemboca en un juego cuyo objetivo es encontrar significado a la vida y su circunstancia. Cada uno de los chicos debe entregar un objeto que para él o ella sea importante, que signifique algo. La trampa: no es uno mismo quien decide, sino otro de los compañeros, por turnos. El resultado de una regla así sólo puede ser uno, y en inglés lo llaman escalation. La provocación de la historia (y la reflexión que debería suscitar en nosotros, imagino) aparece cuando se cruzan esas líneas "sagradas" que tienen que ver con las religiones y con los cuerpos.

No puedo recomendaros este libro en las siguientes circunstancias: (i) habéis visto Hellraiser; (ii) habéis leído a Palahniuk; (iii) tenéis más de dieciocho años. Aún así, esta vez temo no haber comprendido el mensaje. No puede ser, me digo, que una veintena de comentarios extremadamente positivos (incluyendo la traducción a trece lenguas de un libro que es lectura recomendada en los colegios) describan una novela que me ha dejado tan indiferente. A pesar de mi no recomendación, desearía que alguno de vosotros se animase a leerlo. Quizá me podría aclarar dónde me he perdido...