viernes, 2 de diciembre de 2011

La hormiga que quiso ser astronauta, de Félix J. Palma

Esta es la primera novela del autor de El mapa del tiempo. Dicen de ella que es una novela de juventud, no sé si por el tema (trata, en efecto, y a grandes rasgos, del paso de la niñez a la "madurez") o porque es su primera obra de envergadura. Sea como fuere, es una novela en toda regla, y una novela curiosa. De su estilo no puedo añadir mucho más a lo que ya he comentado en otras entradas de este autor, si acaso que en esta es Palma elevado al cubo, tal vez porque al ser la primera quería deslumbrar usando todos los recursos de que era capaz. Así que la prosa es barroca, irónica y exagerada, más que en ninguna otra de sus novelas. Pero además el relato está muy bien trazado. De entrada la novela empieza con algo que parece la firma del autor (como la aparición de Hitchcock en sus películas): una ruptura de pareja y un suicidio que no llega a término. Sus tres novelas empiezan igual y no creo que sea casualidad. Incluso me parece recordar que algunos de sus cuentos también. Pero el tono es bastante humorístico, lo que choca con ese comienzo tan deprimente. El relato discurre a la par que el protagonista salta de una mujer a otra, protagonizando historias de amor un tanto peculiares. Y enseguida hacen su aparición elementos fantásticos (que a la postre no lo son, como en casi todas sus historias), otra de sus señas de identidad. En principio el libro parece un conjunto de relatos independientes más o menos hilvanados, pero a medida que la historia avanza se van acumulando los elementos que chirrían, al tiempo que el tono es cada vez menos cómico, más patético, y cerca del final una pieza, una escena con su última chica, encaja todas las demás y la imagen del puzzle se revela. En un giro inesperado todo lo que has leído adquiere una dimensión nueva y la novela queda elegantemente rematada.

Otra de los recursos de esta novela son las referencias literarias. Yo he reconocido a Proust (sin haberlo leído, aunque no tiene gran mérito), a Nabokov, a Kafka, a Cortázar, a García Márquez... y al prestigioso autor cuya historia tiene un cierto paralelismo con esta y que se revela al final de la novela. Eso sí, las referencias tienen su giro "especial"; por ejemplo, la escena de la magdalena de Proust aparece aquí en versión cutre. La novela concluye con un epílogo autorreferente.

Ah, ¿que dónde está la hormiga que quiere ser astronauta? Al final del libro, claro.