miércoles, 16 de mayo de 2012

Infierno helado, de Lincoln Child


Aprovechando que estoy de medio sabático en Alemania y que tengo que ir a llevar y recoger a mi hijo a un cole que está bien lejos de casa he decidido leer novelas "ligeras" para echar el rato. Una de ellas es esta de Lincon Child. Esta es su contraportada:
Cuatrocientas millas al norte del Círculo Polar Ártico el paleontólogo Evan Marshall y un pequeño grupo de científicos investigan el deshielo de los polos. Una oportunidad única para estudiar los efectos del calentamiento global. Sin embargo, la expedición se ve afectada repentinamente debido a un sorprendente descubrimiento: en una exploración rutinaria, el grupo descubre un animal enorme atrapado en hielo sólido y en perfecto estado de conservación. Parece un tigre dientes de sable, pero su tamaño es monstruoso. Los medios de comunicación que patrocinan la investigación intervienen inmediatamente y montan todo un espectáculo pese a las advertencias de los pobladores nativos y las preocupaciones científicas de Marshall y su equipo. La «función» sigue adelante hasta que los científicos descubren algo espantoso: la bestia no es un espécimen normal, puede tratarse de una auténtica máquina de exterminio, y pueden estar equivocados al suponer que está muerto.
El libro es de lo que podemos denominar una ficción científica (que no ciencia ficción). Los científicos están investigando el hielo glacial y estan financiados por una cadena de televisión por cable que está especializada en documentales. El caso es que descubren un "gato" muy grande, y los de la cadena deciden descongelar el bicho en directo. Es gracioso la caracterización de los personajes: lo poco escrupulosos y ambiciosos que son los de la tele para conseguir su gran obra maestra (el director), lo gilipollas que son las estrellas (la presentadora), lo serios que son los soldados (del cuerpo de ingenieros de la armada americana) que custodian la base, y sobre todo lo geniales que son los científicos. La novela es entretenida pero poco más. Los autores se inventan una teoría sobre la congelación y la formación de un tipo de hielo que justifique que el bicho (una especie de megalodonte gigante) reviva y otra para justificar la existencia de ese depredador perfecto... Pero obviamente ambas son invenciones. La tensión se mantiene razonablemente bien y el final podía ser peor (como el de La Conspiración de Dan Brown). Si queréis lectura para el autobus, este libro no es una mala opción.